Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
2 de noviembre del 2026
A comienzos de los años ochenta, el usuario que se sentaba frente a una computadora debía aprender a comunicarse con ella mediante el teclado. WordPerfect hizo de esa necesidad una virtud. Una pequeña plantilla de cartón, colocada sobre las teclas de función, recordaba los comandos para guardar, imprimir o modificar un documento. No había que buscar cada opción entre ventanas e iconos: bastaba conocer la combinación adecuada. Para quienes aprendieron a trabajar así, el teclado dejó de ser un simple instrumento y se convirtió en el camino más directo entre una idea y la página escrita. (Trigo Aranda, 2004).
¿Cómo consiguió WordPerfect convertirse en uno de los procesadores de texto más importantes de su tiempo? La respuesta no está en una sola función. Su rapidez, el control que ofrecía sobre el formato y la atención telefónica a sus usuarios formaron parte de un mismo éxito. Sin embargo, la historia también nos muestra que un buen producto debe saber adaptarse a las nuevas costumbres. WordPerfect había aprendido a trabajar con DOS y con el teclado; cuando Windows cambió la pantalla de las oficinas, la empresa no llegó a tiempo al nuevo escenario. (Bergin, 2006).
Una idea nacida en Utah
La historia comenzó en 1977, cuando Alan Ashton, profesor de informática de la Universidad Brigham Young, empezó a trabajar con Bruce Bastian, estudiante de música. Ambos compartían una idea: crear un procesador de textos que permitiera escribir y dar formato a los documentos mediante comandos. En 1979, Automated Research los contrató para desarrollar un programa destinado a una computadora Data General en Orem, Utah. W. E. “Pete” Peterson, uno de los primeros empleados de la compañía, cuenta que Ashton y Bastian negociaron conservar los derechos comerciales del programa. Esa decisión fue fundamental: les permitió continuar el proyecto y construir una empresa alrededor de él. (Peterson, 1994).
La llegada del IBM PC amplió las posibilidades del programa. WordPerfect destacó por la velocidad con que procesaba los textos y por las herramientas que ponía en manos del usuario. Una de sus funciones más apreciadas era “revelar códigos”, que permitía mostrar las marcas de formato ocultas y corregirlas directamente. Si una sangría aparecía fuera de lugar o el documento incluía un espacio inesperado, era posible revisar el código y modificarlo. Este detalle puede parecer pequeño, pero para quienes preparaban documentos extensos significaba tener un control real sobre la página. El programa no obligaba a aceptar lo que ocurría en la pantalla: permitía buscar la causa y corregirla. (Trigo Aranda, 2004).
El vínculo con los usuarios también se construyó de una manera poco común para la época. WordPerfect ofrecía soporte telefónico gratuito y, según Peterson, en la primavera de 1990 tenía cerca de seiscientos operadores atendiendo consultas. Los equipos se distribuían por especialidades, entre ellas las funciones del programa, las impresoras y las redes. No era un servicio accesorio: la empresa había invertido en personas capaces de ayudar a sus clientes cuando surgían problemas. Pensemos en lo que significaba eso para quien recién empezaba a utilizar una computadora. La respuesta no estaba únicamente en un manual; al otro lado del teléfono había alguien dispuesto a explicar cómo seguir. (Peterson, 1994).
El cambio de la pantalla
En 1990, Microsoft lanzó Windows 3.0 y comenzó a cambiar la forma de trabajar en las oficinas. Los usuarios encontraron una pantalla organizada mediante ventanas e iconos y empezaron a utilizar el ratón con mayor frecuencia. WordPerfect tuvo la posibilidad de probar Windows, pero no contaba con suficientes programadores familiarizados con el nuevo sistema. La versión del programa para Windows apareció en noviembre de 1991, aproximadamente dieciocho meses después del lanzamiento de Windows 3.0. En tecnología, ese tiempo puede cambiar el destino de un producto: mientras WordPerfect se adaptaba, sus competidores aprendían a responder a las expectativas de los usuarios. (Bergin, 2006).
La dificultad no consistía solo en cambiar comandos por iconos. Windows comenzó a realizar tareas que antes cada programa debía resolver por separado, como la gestión de impresoras y otros aspectos de la interfaz. Así, varias ventajas que WordPerfect había desarrollado para DOS perdieron parte de su importancia. La compañía también había apostado por OS/2, y su procesador de textos para ese sistema recién apareció en 1993. La empresa sabía hacer bien su trabajo dentro del entorno que conocía; lo difícil fue cambiar de dirección con la rapidez que exigía el mercado. La historia de WordPerfect deja una lección clara: la experiencia acumulada es valiosa, pero no reemplaza la adaptación. (Bergin, 2006).
A esos cambios se sumó una nueva forma de comprar. Las oficinas empezaron a buscar paquetes que reunieran procesador de textos, hoja de cálculo y otras aplicaciones. Microsoft podía ofrecer varios programas en una suite y apoyarse, a la vez, en la expansión de Windows. WordPerfect intentó competir en este nuevo mercado, pero debió adaptar sus productos y reorganizar su estrategia mientras caían las ventas de sus versiones para DOS. No se trataba únicamente de que otro procesador escribiera mejor: el usuario podía elegir un conjunto de herramientas preparado para trabajar dentro de un mismo entorno. El mercado había cambiado y WordPerfect no consiguió mantener la ventaja que tuvo durante años. (Bergin, 2006).
La venta y el futuro del programa
En marzo de 1994, Novell anunció la compra de WordPerfect. El Los Angeles Times informó que el valor anunciado era de 1.400 millones de dólares en acciones y opciones. Novell también acordó adquirir Quattro Pro, la hoja de cálculo de Borland, con el propósito de reunir sus aplicaciones y competir en el mercado de las suites. Conviene precisar la cifra: los 1.400 millones correspondían al valor anunciado y no deben presentarse como el precio final de la operación al cerrarse. La compra reflejaba una nueva realidad en las oficinas: ya no bastaba con ofrecer un procesador de textos exitoso; también había que proporcionar herramientas capaces de trabajar juntas. (Groves, 1994).
La competencia con Microsoft tuvo, además, una controversia judicial. Novell alegó que Microsoft retiró el acceso a herramientas técnicas de Windows 95 que habrían ayudado a preparar sus aplicaciones. En el juicio de 2011, el jurado no llegó a un veredicto. Luego, el juez dictó sentencia a favor de Microsoft y el Décimo Circuito confirmó esa decisión en 2013. ¿Qué resolvió el tribunal? No declaró que Microsoft fuera la única responsable del declive de WordPerfect; concluyó que las pruebas no bastaban para acreditar la responsabilidad antimonopolio reclamada por Novell. Es importante distinguir entre la acusación de una empresa y lo que finalmente establece un fallo judicial. (Gorsuch, 2013).
En 1996, Novell vendió WordPerfect a Corel. Dos años después, Corel anunció el cierre de la división de investigación y desarrollo de Orem: 530 trabajadores perderían sus puestos y las operaciones se trasladarían a Ottawa. Para la ciudad donde había nacido la compañía, la noticia cerraba una etapa; para el programa, no significaba el final. WordPerfect continuó bajo otro propietario. Su historia demuestra que la tecnología no avanza únicamente por la calidad de una herramienta: también depende de la capacidad de una empresa para comprender hacia dónde se dirige el público. Aquella plantilla de cartón quedó como recuerdo de una época en que dominar las teclas era dominar la oficina. (Romboy, 1998).
Bibliografía
Bergin, Thomas J. (Tim). «The Proliferation and Consolidation of Word Processing Software: 1985–1995». IEEE Annals of the History of Computing, vol. 28, n.º 4, 2006, pp. 48–63. https://doi.org/10.1109/MAHC.2006.77
Gorsuch, Neil. Novell, Inc. v. Microsoft Corporation. United States Court of Appeals for the Tenth Circuit, n.º 12-4143, 23 de septiembre de 2013. https://www.ca10.uscourts.gov/sites/ca10/files/opinions/01019129947.pdf
Groves, Martha. «Novell to Buy WordPerfect for $1.4 Billion». Los Angeles Times, 22 de marzo de 1994. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-1994-03-22-fi-37113-story.html
Peterson, W. E. «Pete». Almost Perfect: How a Bunch of Regular Guys Built WordPerfect Corporation. Prima Publishing, 1994. https://wepeterson.com/almostperfect/
Romboy, Dennis. «Corel Closing Orem Offices». Deseret News, 25 de junio de 1998. https://www.deseret.com/1998/6/25/19387830/corel-closing-orem-offices/
Trigo Aranda, Vicente. «El nacimiento de la informática personal». Manual formativo de ACTA, n.º 32, 2004, pp. 59–69. https://www.acta.es/medios/articulos/comunicacion_e_informacion/032057.pdf







