Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

22 de octubre del 2026

El gato no llegó a Egipto como una divinidad. Llegó detrás de los ratones que merodeaban los depósitos de grano. En las aldeas del Nilo, su presencia ayudaba a proteger las cosechas; para el felino, aquellos lugares ofrecían alimento. Lo que comenzó como un encuentro práctico terminó formando parte de la vida de las casas y, siglos después, de los templos. ¿En qué momento aquel cazador silencioso pasó a ser compañero de los dioses? (Málek, 1993).

La respuesta está en una historia larga, que se puede seguir a través de restos arqueológicos, pinturas y ceremonias. Primero hubo acercamiento; luego, convivencia. Más adelante, el gato se incorporó a las representaciones religiosas y quedó asociado con Bastet. No todos los gatos fueron considerados dioses: el animal doméstico y la imagen sagrada estaban relacionados, pero cumplían funciones diferentes en la cultura egipcia. (Ottoni y otros, 2017).

El gato se acerca a las aldeas

La agricultura cambió la vida junto al Nilo. Los habitantes almacenaban cereales y los roedores encontraban allí alimento. Los gatos monteses de la región siguieron a sus presas hasta las aldeas; los agricultores, por su parte, descubrieron que la presencia de esos felinos ayudaba a proteger sus reservas. La convivencia pudo comenzar sin que nadie la buscara: el gato encontraba comida y las personas obtenían un beneficio. (Málek, 1993).

Un hallazgo en Hieracómpolis permite acercarse a los primeros capítulos de esta relación. En un cementerio predinástico del Alto Egipto se encontraron seis gatos enterrados juntos: un macho, una hembra y cuatro crías. Los restos fueron fechados entre aproximadamente 3800 y 3600 antes de nuestra era. La disposición del grupo sugiere que aquellos animales pudieron estar bajo control humano, aunque no demuestra por sí sola que ya fueran gatos domésticos. (Van Neer, Linseele, Friedman y De Cupere, 2014).

La diferencia es importante. Un animal podía ser capturado o mantenido en cautiverio sin que su especie estuviera domesticada. La domesticación se consolidó a lo largo del tiempo y, según la investigación arqueológica, el gato doméstico ya estaba presente en Egipto, a más tardar, durante el Reino Medio. La convivencia con las personas había dejado de ser un encuentro ocasional. (Linseele, Van Neer y Hendrickx, 2007).

De la casa a la imagen de Bastet

Durante el Reino Nuevo, hacia el segundo milenio antes de nuestra era, los gatos aparecen con mayor frecuencia en escenas de la vida familiar. Se los representa cerca de sus dueños, en espacios domésticos y en escenas vinculadas con la caza. El animal que había llegado por los ratones ya compartía la casa y era parte de la vida cotidiana. (Málek, 1993).

La religión egipcia también encontró en los felinos una imagen para expresar distintas fuerzas. Algunas divinidades mantuvieron la figura de la leona; Bastet, en cambio, fue representada cada vez más como una mujer con cabeza de gato o como una gata. Su centro de culto más conocido estuvo en Bubastis, en el delta del Nilo. (Málek, 1993).

Esta transformación no borró la fuerza de las antiguas diosas leoninas. En la imagen de Bastet convivían la protección y la cercanía del gato doméstico con una tradición religiosa que atribuía poder a los felinos. La diosa ofrecía una forma de entender cómo el animal conocido en los hogares podía adquirir un significado espiritual. (Málek, 1993).

Bastet fue relacionada con la protección y la fertilidad, asuntos que tenían un lugar directo en la vida de las familias. El gato no se convirtió automáticamente en una divinidad, pero su figura quedó asociada con la diosa. Así, una presencia cotidiana pasó a formar parte del lenguaje religioso egipcio. (Málek, 1993).

Bubastis, las ceremonias y las momias

En el siglo V antes de nuestra era, Heródoto describió las celebraciones que se realizaban en Bubastis en honor de Bastet. Contó que los peregrinos llegaban por el río para participar en las ceremonias. También señaló que, cuando un gato moría en una casa, sus habitantes se afeitaban las cejas como señal de duelo. Su testimonio permite ver que el culto ya ocupaba un lugar importante en la sociedad egipcia. (Heródoto, 1920).

En el Periodo Tardío, la relación religiosa con los gatos tomó otra forma: miles de animales fueron momificados y enterrados en cementerios vinculados con los santuarios. Algunas momias se ofrecían como señal de devoción a Bastet. El gato estaba ahora presente en las ceremonias, en los entierros y en los objetos que los fieles llevaban a los templos. (Málek, 1993).

La expansión de estas prácticas no significa que los egipcios confundieran a cada gato con la diosa. El animal podía servir como ofrenda y, al mismo tiempo, representar una relación con Bastet. El culto reunió creencias, ceremonias y una figura que los egipcios conocían desde la vida diaria. (Málek, 1993).

El recorrido puede seguirse a través de los siglos: el felino que cazaba ratones cerca de los graneros se convirtió en compañero de las casas; luego apareció en las escenas familiares y, más tarde, fue asociado con Bastet y con sus santuarios. El gato llegó a los dioses sin dejar de ser aquel animal atento que había encontrado alimento junto al Nilo. (Ottoni y otros, 2017).

Bibliografía

Heródoto. (1920). The histories (Alfred Denis Godley, trad., libro II). Harvard University Press. https://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0126%3Abook%3D2

Málek, Jaromír. (1993). The cat in ancient Egypt. British Museum Press para los fideicomisarios del British Museum. https://obnb.uk/p8083657-the-cat-in-ancient-egypt

Ottoni, Claudio; Van Neer, Wim; De Cupere, Bea; Daligault, Julien; Guimaraes, Silvia; Peters, Joris; Spassov, Nikolai; Prendergast, Mary E.; Boivin, Nicole; Morales-Muñiz, Arturo; Bălăşescu, Adrian; Becker, Cornelia; Benecke, Norbert; Boroneant, Adina; Buitenhuis, Hijlke; Chahoud, Jwana; Crowther, Alison; Llorente, Laura; Manaseryan, Nina; Monchot, Hervé; Onar, Vedat; Osypińska, Marta; Putelat, Olivier; Quintana Morales, Eréndira M.; Studer, Jacqueline; Wierer, Ursula; Decorte, Ronny; Grange, Thierry; y Geigl, Eva-Maria. (2017). The palaeogenetics of cat dispersal in the ancient world. Nature Ecology & Evolution, 1, artículo 0139. https://doi.org/10.1038/s41559-017-0139

Linseele, Veerle; Van Neer, Wim; y Hendrickx, Stan. (2007). Evidence for early cat taming in Egypt. Journal of Archaeological Science, 34(12), 2081–2090. https://doi.org/10.1016/j.jas.2007.02.019

Van Neer, Wim; Linseele, Veerle; Friedman, Renée; y De Cupere, Bea. (2014). More evidence for cat taming at the Predynastic elite cemetery of Hierakonpolis (Upper Egypt). Journal of Archaeological Science, 45, 103–111. https://doi.org/10.1016/j.jas.2014.02.014