Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

20 de agosto del 2026

Publicada en 1851, Moby-Dick; or, The Whale es mucho más que la historia de un barco que sale a cazar ballenas. Herman Melville tomó el mundo marítimo del siglo XIX y lo convirtió en una reflexión sobre la obsesión, el poder, el destino y esa necesidad tan humana de encontrar respuestas incluso donde quizá no existan. A bordo del Pequod, el viaje comienza como una expedición comercial, pero pronto queda sometido a la voluntad de su capitán. Desde entonces, el océano deja de ser solamente el escenario de una aventura: se convierte en el territorio donde la obsesión de un hombre puede decidir la suerte de todos. (Melville, 2018).

Una de las razones por las que la novela conserva tanta fuerza está en la manera en que fue construida. Melville no se limita a contar una persecución. Habla de ballenas, religión, trabajo, culturas diferentes y de la necesidad de comprender aquello que permanece fuera de nuestro alcance. Por momentos estamos ante una aventura; en otros, ante una tragedia, un ensayo o una meditación filosófica. Ismael quiere entender cuanto observa y, mientras más lo intenta, más descubre que la realidad difícilmente cabe dentro de una explicación sencilla. Esa incertidumbre, lejos de debilitar la historia, es una de sus mayores fortalezas. (Bryant, 1998).

Ahab: una herida convertida en destino

Ahab perdió una pierna en un enfrentamiento anterior con Moby Dick. Podría haber asumido aquella herida como una consecuencia terrible del oficio ballenero, pero decide darle otro significado. Convierte al animal en responsable de su sufrimiento y empieza a verlo como la representación de una fuerza enemiga. Ya no desea simplemente encontrar una ballena: necesita destruir aquello sobre lo que ha colocado su odio. Al hacerlo, termina permitiendo que Moby Dick gobierne su existencia incluso antes de volver a encontrarla. (Melville, 2018).

Pero Ahab no vive su obsesión en soledad. Es el capitán del Pequod y tiene autoridad sobre hombres que dependen de sus decisiones para regresar con vida. Cuando clava un doblón de oro en el mástil y promete entregarlo al primero que vea a la ballena blanca, consigue algo decisivo: transforma una venganza personal en un objetivo compartido. Su poder no descansa solamente en el rango. También utiliza la recompensa, la palabra y una enorme capacidad para contagiar su propia intensidad. Los marineros terminan navegando detrás de una causa que nunca fue realmente suya. (Bouchard, 2025).

Ismael mira el mundo de otra manera. Tiene curiosidad, busca respuestas y observa con atención, pero también sabe dudar. Estudia las ballenas, intenta clasificarlas y reflexiona sobre las distintas maneras en que los seres humanos las han representado. Nunca queda completamente encerrado en una sola explicación. Ahab hace exactamente lo contrario: necesita que Moby Dick tenga un significado único y que ese significado confirme lo que él ya decidió creer. Allí aparece una de las ideas más fuertes de la novela: buscar respuestas no es lo mismo que exigir que la realidad confirme nuestras certezas. (Bryant, 1998).

Melville permite además que veamos las grietas de Ahab. El capitán recuerda a su familia, siente el peso de los años y por momentos parece comprender cuánto ha sacrificado. Sin embargo, no consigue detenerse. Su obsesión ya no es simplemente una meta; se ha convertido en parte de quien es. Renunciar a la persecución significaría aceptar que ha entregado demasiado tiempo de su vida a una idea que podría estar equivocada. Esa es quizá su verdadera tragedia: alcanza a mirar el peligro y, aun así, continúa avanzando hacia él. (Melville, 2018).

El Pequod: hombres diferentes bajo un mismo destino

La tripulación reúne hombres de distintos orígenes, culturas y creencias. Queequeg, Tashtego y Daggoo resultan especialmente importantes porque Melville los coloca en un espacio donde la supervivencia depende del trabajo conjunto. En una sociedad estadounidense marcada por fuertes divisiones raciales, aquellos personajes que los prejuicios de la época podían considerar inferiores aparecen como piezas indispensables de la vida marítima. El barco no elimina las desigualdades del mundo exterior, pero obliga a mirarlas desde otro lugar. (Bonin, 2020).

La amistad entre Ismael y Queequeg lleva esa cuestión a un terreno más íntimo. Cuando se conocen, Ismael siente miedo y desconfianza ante el arponero polinesio. Poco después descubre a un hombre generoso, valiente y profundamente leal. La experiencia cambia su mirada. Melville muestra así algo que conserva plena vigencia: muchos prejuicios parecen sólidos mientras el otro permanece distante, pero comienzan a quebrarse cuando la convivencia sustituye a las ideas preconcebidas. (Bonin, 2020).

Esa amistad alcanza una de las imágenes más memorables de la novela con el ataúd de Queequeg. Convencido de que va a morir, manda construirlo; después se recupera y el objeto permanece en el barco hasta ser adaptado como salvavidas. Cuando el Pequod finalmente se hunde, Ismael sobrevive gracias precisamente a ese ataúd. Lo que fue preparado para recibir la muerte termina sosteniendo una vida. Melville convierte así un objeto sencillo en una imagen poderosa sobre la fragilidad de nuestras certezas y sobre la posibilidad de que las cosas terminen significando algo muy distinto de aquello que imaginamos. (Melville, 2018).

También hay una pregunta incómoda detrás de la tripulación: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de quienes obedecen? Ahab conduce el barco, pero necesita hombres que lo sigan. Algunos perciben el peligro y otros dudan, aunque casi todos continúan. La destrucción del Pequod deja entonces de ser únicamente la tragedia de un capitán obsesionado. También es la historia de una comunidad incapaz de detener una decisión que sabe peligrosa. El poder de Ahab resulta terrible precisamente porque encuentra obediencia. (Bouchard, 2025).

Moby Dick y la ilusión de dominarlo todo

La caza de ballenas aparece como una actividad organizada con precisión. Los hombres dominan técnicas, conocen rutas, utilizan herramientas especializadas y forman parte de una industria capaz de convertir animales gigantescos en mercancías. Todo transmite una sensación de poder. Sin embargo, el océano recuerda constantemente que ese dominio es limitado. Una tormenta, un error o la fuerza de una ballena pueden destruir en minutos aquello que los hombres tardaron años en aprender y construir. (Krien, 2021).

Moby Dick representa mejor que nada ese límite. Para Ahab es el enemigo; para otros marineros, una criatura excepcionalmente peligrosa; para Ismael, un misterio que nunca termina de resolverse. Ninguna de esas miradas consigue poseerla por completo. El error de Ahab no consiste en intentar comprender a la ballena, sino en convencerse de que ya la ha comprendido y de que solamente su interpretación puede ser verdadera. Cuando eso ocurre, deja de mirar lo que tiene delante y empieza a perseguir aquello que existe dentro de su propia mente. (Bouchard, 2025).

El mar lleva la misma idea a una escala todavía mayor. Los hombres pueden navegarlo, estudiarlo, explotar sus recursos y establecer rutas sobre sus aguas, pero no pueden eliminar su incertidumbre. Melville muestra un mundo donde la capacidad técnica puede producir una peligrosa sensación de superioridad. El problema comienza cuando esa capacidad se confunde con un dominio absoluto sobre la naturaleza. El océano permanece allí para recordar que el conocimiento humano puede ser enorme y, al mismo tiempo, insuficiente. (Krien, 2021).

El final del Pequod completa ese recorrido. Ahab muere persiguiendo aquello que convirtió en el centro de su existencia y casi toda la tripulación desaparece con él. Ismael queda vivo para contar lo ocurrido. No sobrevive porque posea todas las respuestas, sino porque nunca necesitó tenerlas todas. Ahab, en cambio, fue incapaz de convivir con aquello que escapaba a su explicación. Más de un siglo y medio después de su publicación, allí permanece buena parte de la fuerza de Moby-Dick: en recordarnos que una obsesión puede comenzar como una búsqueda de respuestas y terminar convirtiéndose en una cárcel de la que ya no sabemos salir. (Melville, 2018).

Bibliografía

Bonin, Fletcher. (2020). The harpooners’ dichotomous nature in Melville’s Moby-Dick, or, The Whale. Literary Imagination, 22(3), 238–257. https://doi.org/10.1093/litimag/imaa030

Bouchard, Larry Dean. (2025). Interpretations observed, in Moby-Dick’s “The Doubloon”: Understanding proximities of meaning and power. Literature and Theology, 39(3), 203–218. https://doi.org/10.1093/litthe/fraf018

Bryant, John. (1998). Moby-Dick as revolution. En Robert Steven Levine (Ed.), The Cambridge Companion to Herman Melville (pp. 65–90). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CCOL0521554772.004

Krien, Brady. (2021). Melville’s novel mechanisms: Charting Anthropocene systems in Moby-Dick. ISLE: Interdisciplinary Studies in Literature and Environment, 28(4), 1459–1480. https://doi.org/10.1093/isle/isaa133

Melville, Herman. (2018). Moby-Dick: An authoritative text, contexts, criticism (Hershel Parker, Ed.; 3.ª ed.). W. W. Norton & Company. (Obra original publicada en 1851).