Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

15 de junio del 2026

La historia republicana del Perú registra momentos que alteraron profundamente la organización económica, política y social del país. Entre ellos ocupa un lugar central la promulgación de la Reforma Agraria de 1969, impulsada por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada bajo el liderazgo del general Juan Velasco Alvarado. Aquel proceso no solo modificó la estructura de propiedad de la tierra, sino que también transformó el lenguaje político nacional. En ese contexto surgió una frase destinada a permanecer en la memoria colectiva: “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza”. Estas palabras, pronunciadas durante la presentación oficial de la reforma, sintetizaron la visión de un gobierno que buscaba presentarse como representante de los sectores históricamente marginados de la vida nacional y como impulsor de una transformación que, según sus promotores, debía corregir siglos de desigualdad rural. (Klarén, 2004).

La potencia simbólica de aquella expresión radicó en su capacidad para condensar una realidad compleja en una fórmula sencilla y contundente. En pocas palabras se resumían las tensiones entre terratenientes y campesinos, las demandas de redistribución de la tierra y la promesa de un nuevo orden social. Para millones de peruanos, especialmente en las zonas andinas, la frase fue interpretada como el anuncio de una reivindicación largamente esperada. Para otros sectores representó una amenaza contra la propiedad privada y contra el modelo económico vigente. La intensidad de esas reacciones demuestra que no se trató de un simple recurso retórico, sino de una declaración política que expresaba el núcleo ideológico de una de las reformas más radicales de la historia peruana. (Cotler, 2005).

El Perú rural antes de la Reforma Agraria

A mediados del siglo XX, la estructura agraria peruana se encontraba marcada por una profunda concentración de la propiedad. En amplias regiones de la costa y la sierra, enormes haciendas controlaban grandes extensiones de tierras productivas mientras miles de familias campesinas dependían de relaciones laborales caracterizadas por la desigualdad económica y social. Aunque existían diferencias entre regiones, el predominio del latifundio era considerado por numerosos especialistas como uno de los principales obstáculos para la modernización del país y para la integración efectiva de la población rural al desarrollo nacional. (Thorp & Bertram, 2013).

Las condiciones de vida en muchas comunidades campesinas reflejaban las limitaciones estructurales de aquel sistema. El acceso a la educación era reducido, la infraestructura pública resultaba insuficiente y las oportunidades de movilidad social eran escasas. La presencia del Estado en numerosas zonas rurales era débil, lo que permitía que las relaciones de poder estuvieran dominadas por los grandes propietarios. En consecuencia, la pobreza rural no era percibida únicamente como un problema económico, sino también como una expresión de exclusión política y cultural. (Contreras & Cueto, 2018).

Durante las décadas previas a 1968 comenzaron a intensificarse las demandas de cambio. Diversas organizaciones campesinas reclamaban mejores condiciones laborales y acceso a la tierra. Al mismo tiempo, intelectuales, académicos y sectores reformistas advertían que el mantenimiento de la estructura hacendaria podía convertirse en una fuente permanente de conflictos sociales. La cuestión agraria pasó así a ocupar un lugar central dentro de los debates sobre el futuro del país. (Klarén, 2004).

Cuando las Fuerzas Armadas tomaron el poder en octubre de 1968, encontraron un escenario caracterizado por expectativas de transformación y por una creciente percepción de que las instituciones tradicionales habían sido incapaces de resolver los problemas históricos del campo peruano. En ese contexto, la reforma agraria fue concebida como una medida indispensable para construir un nuevo proyecto nacional. (Masterson, 2009).

El significado político de una frase histórica

La célebre declaración de Velasco Alvarado fue pronunciada el 24 de junio de 1969, fecha elegida por coincidir con el Día del Campesino. La ocasión tenía un carácter profundamente simbólico. El gobierno buscaba comunicar que la reforma no era una política sectorial más, sino el inicio de una nueva relación entre el Estado y la población rural. La frase estaba diseñada para ser recordada y para expresar con claridad quiénes serían los beneficiarios de las transformaciones anunciadas. (Manrique, 2015).

Desde una perspectiva discursiva, el mensaje poseía una estructura sencilla pero eficaz. La referencia al “campesino” colocaba en el centro de la escena a un actor históricamente invisibilizado dentro del discurso oficial peruano. Por otro lado, la figura del “patrón” sintetizaba el poder económico asociado al sistema hacendario. Al afirmar que dicho patrón ya no se beneficiaría de la pobreza ajena, el gobierno transmitía la idea de que las relaciones tradicionales de dominación estaban llegando a su fin. (Cotler, 2005).

La difusión de esta consigna fue inmediata. Los medios estatales, los afiches propagandísticos y las campañas educativas reprodujeron el mensaje en todo el territorio nacional. La frase comenzó a aparecer en escuelas, oficinas públicas y eventos oficiales, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del régimen velasquista. Su impacto fue tan amplio que trascendió las fronteras de la coyuntura política y pasó a formar parte de la memoria histórica peruana. (Manrique, 2015).

Pocas expresiones políticas han alcanzado un nivel similar de permanencia. Incluso décadas después de la desaparición del gobierno militar, la frase continúa siendo citada tanto por quienes defienden las reformas de Velasco como por quienes cuestionan sus resultados. Su vigencia demuestra que logró capturar una dimensión esencial de los conflictos sociales que marcaron la historia peruana del siglo XX. (Contreras & Cueto, 2018).

La transformación del sistema agrario

La Ley de Reforma Agraria constituyó una de las medidas más ambiciosas emprendidas por el Estado peruano durante toda su historia republicana. Su propósito era modificar radicalmente la distribución de la propiedad rural mediante la expropiación de grandes haciendas y la transferencia de tierras a nuevas formas de organización productiva. El gobierno sostenía que la concentración de la tierra había impedido el desarrollo equilibrado del país y que era necesario democratizar el acceso a este recurso fundamental. (Thorp & Bertram, 2013).

Miles de propiedades fueron afectadas por la reforma. En numerosas regiones, las antiguas haciendas fueron reemplazadas por cooperativas agrarias y sociedades agrícolas de interés social. Para muchos campesinos, este proceso representó el fin de estructuras de subordinación que habían perdurado durante generaciones. La redistribución de la tierra fue percibida por amplios sectores rurales como un acto de justicia histórica que modificaba relaciones de poder profundamente arraigadas. (Klarén, 2004).

Sin embargo, la implementación de la reforma enfrentó dificultades significativas. Las nuevas organizaciones productivas debieron operar en un contexto complejo, marcado por limitaciones financieras, insuficiente asistencia técnica y problemas administrativos. Algunas cooperativas lograron resultados importantes, mientras que otras experimentaron dificultades para mantener niveles adecuados de productividad. Estas diferencias alimentaron un debate que continúa vigente entre especialistas e historiadores. (Masterson, 2009).

A pesar de esas limitaciones, existe consenso en que la reforma alteró de manera irreversible la estructura social del campo peruano. El antiguo poder de la aristocracia terrateniente quedó severamente debilitado y surgieron nuevas formas de participación política y organización rural que influirían en las décadas posteriores. El impacto social de la medida trascendió ampliamente sus resultados económicos inmediatos. (Contreras & Cueto, 2018).

El legado de la frase y de la reforma

La frase “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza” sobrevivió al propio gobierno que la popularizó. Cuando el régimen militar concluyó en 1980 y el país retornó a la democracia, el debate sobre la Reforma Agraria continuó ocupando un lugar central dentro de la historiografía peruana. Para algunos investigadores, la medida representó una corrección necesaria frente a siglos de exclusión social. Para otros, sus efectos económicos resultaron insuficientes o incluso contraproducentes. (Cotler, 2005).

Más allá de esas discrepancias, resulta difícil negar la importancia histórica del proceso. La reforma modificó las relaciones de poder en el ámbito rural, debilitó estructuras tradicionales de dominación y obligó al país a replantear su comprensión de la cuestión campesina. Asimismo, contribuyó a visibilizar a poblaciones que durante largo tiempo habían permanecido marginadas de los principales espacios de decisión nacional. (Manrique, 2015).

La fuerza simbólica de la frase radica precisamente en que expresa una aspiración universal: la búsqueda de dignidad para quienes han vivido en condiciones de desigualdad. Su permanencia en el imaginario colectivo demuestra que los conflictos vinculados a la distribución de la riqueza, la justicia social y la inclusión continúan siendo temas centrales dentro de la sociedad peruana. (Klarén, 2004).

Por ello, más de cinco décadas después de su pronunciación, aquellas palabras siguen siendo objeto de análisis, controversia y reflexión. Constituyen una puerta de entrada para comprender uno de los episodios más trascendentes del Perú contemporáneo y para examinar las tensiones históricas entre poder económico, reforma social y construcción de ciudadanía que aún forman parte del debate nacional. (Contreras & Cueto, 2018).

Bibliografía

Contreras, C., & Cueto, M. (2018). Historia del Perú contemporáneo (6.ª ed.). Instituto de Estudios Peruanos.

Cotler, J. (2005). Clases, Estado y nación en el Perú (3.ª ed.). Instituto de Estudios Peruanos.

Klarén, P. F. (2004). Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Manrique, N. (2015). Historia de la República. Fondo Editorial de la Universidad Ricardo Palma.

Masterson, D. M. (2009). Fuerza Armada y sociedad en el Perú moderno: un estudio sobre relaciones civiles y militares, 1930-2000. Instituto de Estudios Peruanos.

Thorp, R., & Bertram, G. (2013). Perú 1890-1977: crecimiento y políticas en una economía abierta. Universidad del Pacífico.