Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
5 de narzo del 2026
La Guerra del Pacífico dejó cicatrices territoriales, económicas y morales en el Perú, pero también instaló episodios menos estudiados que hablan del temple civil en medio del desastre. En enero de 1881, cuando Chorrillos ardía tras la Batalla de San Juan, un grupo de bomberos voluntarios de origen italiano intentó sofocar incendios mientras la ciudad era consumida por el fuego y la violencia. Sus nombres han quedado inscritos en la memoria institucional como símbolo de sacrificio, aunque las circunstancias exactas de su muerte continúan siendo objeto de debate historiográfico (Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú [CGBVP], 2011).
No se trata únicamente de un episodio trágico, sino de una ventana hacia un fenómeno mayor: la integración de la colonia italiana en la vida republicana del Perú y su participación activa en instituciones civiles. Los llamados “trece garibaldinos” no eran combatientes regulares, sino ciudadanos voluntarios que asumían la defensa contra incendios en una ciudad vulnerable. Su muerte en el contexto de la destrucción de Chorrillos obliga a reflexionar sobre el papel de las comunidades inmigrantes en tiempos de guerra y sobre la compleja relación entre memoria colectiva y documentación histórica (Robert Paris, 1982).
La colonia italiana y la construcción de instituciones civiles
La inmigración italiana al Perú se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XIX, favorecida por el auge económico vinculado al guano y al comercio marítimo. Aunque numéricamente menor en comparación con Argentina o Brasil, la colonia italiana en el Perú adquirió relevancia urbana, especialmente en Lima y el Callao, donde se integró al comercio, la banca y los servicios. Hacia comienzos del siglo XX, más de diez mil italianos residían en el país, consolidando redes sociales y económicas que influirían en la vida republicana (Robert Paris, 1982).
A diferencia de migraciones agrícolas masivas, los italianos en el Perú desarrollaron una identidad urbana y asociativa. Fundaron sociedades de beneficencia, mutuales y compañías de bomberos voluntarios, reproduciendo modelos de organización cívica europeos adaptados al contexto limeño. Entre estas instituciones destacaron la Compañía “Roma” en Lima (1866), la “Italia” en el Callao (1868) y la “Garibaldi” en Chorrillos (1872), expresión concreta de una voluntad de servicio público y pertenencia a la ciudad adoptiva (Robert Paris, 1982).
El modelo de bomberos voluntarios respondía a una lógica republicana de participación directa en la protección de la comunidad. En un Estado aún en formación, con recursos limitados para enfrentar incendios urbanos frecuentes, estas compañías asumieron un rol esencial. Su existencia no fue ornamental, sino práctica: defendían viviendas, almacenes y barrios enteros, convirtiéndose en referentes de disciplina y solidaridad cívica (Jorge Basadre, 1968).
La fundación de la Bomba Garibaldi en Chorrillos en 1872 debe entenderse dentro de esa tradición asociativa. Chorrillos, balneario aristocrático y zona de residencias elegantes, era también espacio de comercio y actividad social intensa. La presencia de una compañía italiana en esa localidad reflejaba tanto la integración económica de la colonia como su deseo de proyectar liderazgo moral y servicio público en la sociedad peruana (Robert Paris, 1982).
Enero de 1881: la batalla y el incendio de Chorrillos
La Batalla de San Juan y Chorrillos, librada el 13 de enero de 1881, fue uno de los enfrentamientos decisivos de la Campaña de Lima durante la Guerra del Pacífico. Las fuerzas chilenas lograron superar las líneas defensivas peruanas, y el combate derivó en la ocupación y posterior destrucción de la localidad de Chorrillos. Las crónicas describen incendios generalizados que redujeron gran parte del balneario a ruinas humeantes (Jorge Basadre, 1968).
El historiador William Sater señala que la batalla estuvo seguida por episodios de saqueo e incendios que agravaron la devastación inicial del combate. En ese escenario de colapso urbano, la distinción entre frente militar y espacio civil se diluyó peligrosamente. Viviendas particulares, edificios públicos y comercios fueron consumidos por las llamas, generando un caos en el que los servicios de emergencia quedaron prácticamente sin protección institucional (William Sater, 2007).
Según la memoria institucional del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, miembros de la Compañía Garibaldi intentaron sofocar los incendios durante y después de la batalla. Trece de ellos habrían muerto en cumplimiento de su deber, episodio que la institución recuerda como uno de los momentos más dolorosos de su historia. La inscripción conmemorativa y los homenajes posteriores consolidaron el relato del sacrificio civil frente a la violencia bélica (CGBVP, 2011).
Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente historiográfica, la documentación militar neutral sobre el modo exacto de su muerte es limitada. Algunas versiones hablan de fusilamiento deliberado; otras sugieren que murieron en el fuego cruzado o en medio del desorden generalizado. La ausencia de partes militares detallados o informes consulares independientes obliga a una lectura prudente que distinga entre memoria conmemorativa y evidencia archivística comprobable (Jorge Basadre, 1968).
Los trece garibaldinos: nombres, memoria y símbolo
La memoria institucional recoge los nombres de Enrico Nerini, Lorenzo Astrana, Angelo Cippolini, Paolo Marzano, Angelo Descalzi, Giobatta Leonardi, Egidio Valentini, Giovanni Ognio, Giovanni Pali, Filippo Bargna, Luca Chiappe, Giuseppe Orengo y Paolo Risso. La enumeración de estos nombres no es un simple registro; constituye un acto de restitución simbólica que transforma cifras en biografías truncadas por la guerra (CGBVP, 2011).
En la tradición bomberil peruana, estos hombres son recordados como mártires del deber civil. La narrativa institucional enfatiza su condición de voluntarios que no portaban armas ofensivas, sino instrumentos para combatir incendios. Esa imagen fortalece una ética del servicio que el Cuerpo de Bomberos transmite a las generaciones posteriores, vinculando pasado y presente en una cadena de memoria y compromiso (CGBVP, 2011).
En paralelo, portales de opinión y artículos periodísticos han empleado términos como “masacre” o “fusilamiento” para describir el episodio. Estas interpretaciones reflejan el dolor histórico asociado a la ocupación de Lima y a la destrucción de Chorrillos, pero utilizan un lenguaje más enfático que el estrictamente académico. Desde la historiografía, corresponde reconocer la carga emotiva de estas versiones sin convertirlas automáticamente en prueba jurídica concluyente (Carmen McEvoy, 2011).
La tensión entre memoria y archivo no disminuye la importancia del hecho; por el contrario, lo complejiza. La historia de los trece garibaldinos se mueve entre el testimonio institucional, la tradición oral y la investigación académica. Esa intersección obliga a un ejercicio de equilibrio: honrar la memoria sin renunciar al rigor crítico, reconocer el dolor sin simplificar la complejidad del contexto bélico (Carmen McEvoy, 2011).
Civismo, guerra y pertenencia
El episodio de los bomberos italianos revela un aspecto profundo de la integración inmigrante en el Perú republicano. Estos hombres, nacidos en Italia o descendientes de italianos, no actuaban como extranjeros circunstanciales, sino como ciudadanos comprometidos con la defensa de su ciudad adoptiva. Su presencia en las llamas de Chorrillos simboliza una forma concreta de pertenencia construida a través del servicio (Robert Paris, 1982).
La guerra tiende a reducir la narrativa a ejércitos enfrentados, pero la historia urbana muestra que las ciudades están hechas también de panaderos, comerciantes y bomberos. Cuando el orden estatal colapsa, son las redes civiles las que intentan sostener la vida cotidiana. En enero de 1881, en medio del fuego y la pólvora, esa red incluyó a una compañía italiana que intentó salvar lo que quedaba de Chorrillos (William Sater, 2007).
Desde una perspectiva contemporánea, el recuerdo de los trece garibaldinos invita a reflexionar sobre la fragilidad del espacio civil en contextos de guerra. La destrucción de Chorrillos no fue solo un episodio militar, sino un trauma urbano que afectó viviendas, familias y estructuras comunitarias. En ese escenario, la figura del bombero voluntario adquiere una dimensión moral que trasciende la nacionalidad (Jorge Basadre, 1968).
Así, más allá de las discusiones sobre la naturaleza exacta de su muerte, el legado de los bomberos italianos de Chorrillos permanece como símbolo de servicio y de integración. Su historia conecta inmigración, civismo y guerra en un mismo hilo narrativo, recordando que la identidad republicana también se forjó en actos silenciosos de entrega, en hombres que eligieron enfrentar el fuego cuando la ciudad parecía condenada a las cenizas (Robert Paris, 1982).
Bibliografía
Basadre, Jorge. (1968). Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria.
Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú. (2011). Los 13 garibaldinos. Lima: CGBVP.
McEvoy, Carmen. (2011). Guerreros civilizadores: política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales.
Paris, Robert. (1982). Los italianos en el Perú. Apuntes, 10(18), 7–32. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es
Sater, William. (2007). Andean Tragedy: Fighting the War of the Pacific, 1879–1884. Lincoln: University of Nebraska Press.







