Artículo de opinión
José Carlos Botto Cayo
25 de abril del 2026
Hay una rosa blanca
que escondo en lo más profundo,
cuidándola con pensamientos,
alimentándola con emociones.
Cada mañana la riego con esperanza
para hacerla sentir importante
en su pequeñez.
Es así como mi rosa crece,
protegida de las inseguridades del mundo,
escondida en un rincón mental
donde todavía puedo mirarla.
A veces tiembla con el viento ajeno,
como si presintiera la intemperie,
y entonces la cubro con silencio
para que no aprenda el miedo.
No sabe de heridas ni de ruido,
ni de voces que marchitan lo sincero;
solo conoce la paciencia
de quien la cuida sin nombrarla.
Y mientras el mundo se endurece afuera,
yo sostengo su leve existencia,
porque en esa rosa pequeña
también se aprende a crecer.







