P. UNAMUNO Madrid

La Fundación Juan March expone la obra del movimiento británico ‘Art & Crafts’

Nada sienta peor a la obra de arte que una sobredosis de buenas intenciones políticas, que acostumbran a convertirla en discurso con exceso de subrayados o en sermón insufrible. Para que la cosa funcione se precisa a un personaje como William Morris (1834-1896), socialista cabal y creador de inagotable inventiva que supo dejar el mensaje fuera de la obra en sí misma para convertirlo en motor del proceso creativo. Ese impulso fue, en su caso, buscar un arte justo, además de bello y útil.

Morris y los artistas de su órbita son objeto de una exposición de la Fundación Juan March (FJM) abierta hasta el 21 de enero de 2018. Esta primera muestra organizada en España sobre el movimiento Arts & Crafts (artes y oficios, en castellano), dominante en la artesanía y el diseño británicos desde 1880 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, viajará al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en Barcelona, donde se podrá visitar entre el 22 de febrero y el 21 de mayo.

Casi 300 obras se han reunido en la sede madrileña de la Juan March, gracias a los préstamos de más de 50 instituciones y coleccionistas, fundamentalmente británicos, y a los fondos del MNAC y del Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid. Además de los de Morris, se exhiben trabajos de C. R. Ashbee, M. H. Baillie Scott, Sidney Barnsley y Walter Crane, entre otros, junto con los de otros artistas influidos por los Arts & Crafts fuera de Gran Bretaña y los de sus precursores, desde los prerrafaelitas hasta John Ruskin y demás nombres asociados al resurgimiento del Gótico.

La obra de Ruskin, el teórico del arte y la arquitectura más relevante de su tiempo, fue clave en el despertar de los múltiples talentos de Morris, que fue diseñador, tejedor, bordador, tintorero, poeta, empresario, ilustrador, tipógrafo, novelista, conferenciante a su pesar, prestidigitador, ecologista, agitador social y, por supuesto, artesano, figura a la que asociaba con el arte digno y anónimo de la Edad Media.

En su punto de mira de hombre renacentista se situaron los pilares de la época victoriana, esto es, un exceso de sensibilidad romántica, un estilo decorativo recargado y de dudoso gusto, el embate de una industrialización sin frenos y las desigualdades sociales que ésta trajo consigo. A todo ello se opuso con pasión Morris, que quiso cambiar el mundo en que vivió hasta el final. «El arte es la humanidad hecha oficio; el resto es esclavitud», decía este creador total que seguramente reconocería los mismos males de su tiempo en las fábricas y los cielos pestilentes de unas cuantas ciudades asiáticas de hoy.

La exposición, titulada William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña, concentra un ingente material que incluye mobiliario, textiles, papeles pintados, joyas, vidrio, cerámica, metalistería, libros, pinturas, estampas, fotografías y cualquier objeto que se ajustara a otro de los conocidos lemas de Morris: «Nada que no sea útil o que no pueda ser considerado bello». El artista y su mujer, Jane Burden, se aplicaron el cuento al rodearse en su Red House (Casa roja) londinense de los muebles, telas y azulejos más vistosos que pudieron encontrar o crear, ellos mismos o sus correligionarios.

Entre las piezas expuestas conviene destacar los paneles bordados por Margaret Macdonald, la gran vidriera de Frank Lloyd Wright con la que se despide la muestra, el armario de Ernest Gimson con imágenes de la vida rural en los Cotswolds o el aparador creado por Philip Speakman Webb -el diseñador de la Red House- para Morris, Marshall, Faulkner & Co., la firma de decoración artística fundada por Morris y su grupo de amigos.

También es de justicia -la expresión sería del agrado del artista- detenerse ante el tapiz de siete metros de longitud producido (esto le gustaría aún más) por él mismo, John Henry Dearle y su compañero de fatigas Edward Coley Burne-Jones, que ilustra la leyenda del Santo Grial, una pieza exquisita prestada por Jimmy Page, el guitarrista y fundador de Led Zeppelin, como recuerda el director de Exposiciones de la Fundación, Manuel Fontán.

La reivindicación del arte hecho a mano, que tanto revitalizó las escuelas artesanales inglesas y, luego, extranjeras, convergió con las propuestas del Art Nouveau belga de Van de Velde y del Gropius de la primera Bauhaus para hacer frente al trabajo mecanizado por una doble vía, la estética y la ideológica. Morris creía que «hacer cosas» con las manos era una fuente de placer; por el contrario, el maquinismo negaba a los trabajadores no sólo un salario digno, sino también cualquier tipo de libertad creativa.

Según el director de la FJM, Javier Gomá, Morris y compañía lograron hallar «lo bello en los objetos cotidianos» y hacerlo accesible a «una mayoría (no minoría) selecta» en virtud de la dignificación de trabajo. El hat trick de los Arts & Crafts (unir lo bello, lo útil y lo justo) se resume en una búsqueda de «la belleza sin necesidad de explicación» con la que acabó el arte del siglo XX.


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