Vincent van Gogh no se suicidó; su muerte se debió a un disparo accidental de dos jóvenes que tenían una pistola en mal funcionamiento. Esa es la conclusión a la que han llegado los investigadores Steven Naifeh y Gregory White Smith después de 10 años de trabajo, con una veintena de traductores e investigadores, y de la revisión de numerosas cartas.

La idea de la muerte del pintor por una bala perdida es el eje de ‘Van Gogh, la vida’. El libro, a la venta desde hoy en Gran Bretaña, relata parte de la vida del artista, fallecido trágicamente a los 37 años.

Hasta ahora, se creía el 27 de julio de 1890 Van Gogh se pegó un tiro en el pecho mientras paseaba por la campiña, en la localidad francesa de Auberge Ravoux, a las afueras de París, y que falleció dos días después a causa de la herida.

Sin embargo, los autores del libro afirman haber descubierto evidencias que apuntan a que dos chicos de la localidad y una pistola en mal funcionamiento pudieron haber sido la causa de su fallecimiento, que el propio pintor ocultó.

Los autores del libro han llegado a esa conclusión tras preguntarse cómo es posible que Van Gogh se hiriera a sí mismo y caminara más de un kilómetro, hasta la pensión donde murió dos días después.

También se cuestionan si el pintor, que llegó a estar interno en un psiquiátrico, pudo tener un arma de fuego.

Dispuestos a reescribir la historia, ponen incluso en duda la creencia de que su última pintura fue ‘Campo de trigo con cuervos’.