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Lunes, Agosto 15, 2022
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¿Usted conoce a Nelly Fonseca Recavarren? ¿O Carlos Alberto Fonseca?

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Tania Temoche
La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma. 

George Sand

A cincuenta años de la muerte de la poeta peruana Nelly Fonseca Recavarren, son pocos los que conocen su producción literaria y su vida misma. Se trata de un personaje místico, precoz, dulce y valiente que retó a la sociedad limeña de la primera mitad del siglo XX, y no dudó en responder con altura a los que limitaban la expresión literaria femenina. Esta bella mujer nació en el puerto norteño de Pacasmayo, el 12 de octubre de 1922, en el núcleo de una familia acomodada. Era la menor de cuatro hermanos. Estudió en el Colegio Sagrados Corazones Belén. Estando en tercero de primaria sufre un aparatoso accidente en las escaleras del colegio, inmovilizándola de inmediato. Tenía nueves años cuando le anunciaron que nunca más caminaría y se movilizaría por medio de una silla de ruedas.

A partir de este trágico suceso, Nelly muestra su lado más rebelde, provocador y desafiante ante un medio social pacato, lleno de tabúes. A su corta edad dio un giro radical a su aspecto, se recorta el cabello, cambia su manera de vestir a la usanza varonil. Y, lo principal, cambia de nombre; desde entonces se hace llamar Carlos Alberto Fonseca.

Su familia decide trasladarse a Lima, a una casona de la calle San Martín en el distrito de Barranco. Fonseca lee ávidamente textos literarios de la corriente modernista y vanguardista; domina el inglés y francés, por lo que comprende perfectamente a sus autores predilectos. Empieza a componer sus primeros versos y sonetos. A los doce años, escribe su primer libro “Rosas matinales” (1934), firmado como Carlos Alberto Fonseca. En esta etapa de su adolescencia hacia la juventud, Carlitos desarrolla una fecunda actividad por el arte, cultiva la pintura en acuarela, el pirograbado y el tejido; además de seguir produciendo más poesía.

Su cambio varonil que se dio en la niñez se reafirma con el paso de los años, vistiendo con fina elegancia; el cabello engominado, terno, corbata y como accesorio un pañuelo de seda en el bolsillo de la americana.

Nelly Fonseca o Carlos Alberto Fonseca, estimado lector, no sólo se dedica a la poesía, sino también se da tiempo para el periodismo y la promoción cultural. Dirige la página literaria de La Crónica cuando tenía veinte años. Más adelante se hace cargo de la revista cultural Palabra americana.

En 1944, Fonseca declaró ante un medio de prensa chileno que le desagradaba “la estrechez de criterio, que la convierte en un fiscal de las vidas ajenas, y la hace condenar tantas alegrías y tantos sabrosos pecados.”*

Para la poeta peruana Andrea Cabel, «desde su caída, las estrellas de Nelly Fonseca cambiaron de rumbo y apuntaron hacia otro norte, hacia uno muy parecido a la poesía. En muchos, sino en todos, de sus poemas, la autora cuestiona su destino, se pregunta por qué algo tan simple como una caída pudo dejarla casi atrapada en una silla, privándola del placer de correr, de escalar, de caminar, sumiéndola en la desesperación del dolor; sin embargo, sus reflexiones y cuestionamientos no encajan en la amargura o rechazo. No encuentro una pizca de furia en su dolor. Sus poemas aparecen en escenarios inquietos y versátiles, llenos de criaturas mágicas como piratas, centauros, ninfas y faunos. Aparecen también paisajes llenos de color, erotismo y esperanza. Quizás la caída fue una señal, una misteriosa forma de acariciar sus estrellas».

Efectivamente, entre los gustos y curiosidades de Fonseca, también estaba la astrología; lo desarrolla de modo introspectivo, a través de “Bajo el signo de Libra”; poemas ordenados numéricamente, en el que se describe las manos, con un espacio especial al arcano, dándole un carácter esotérico y lúdico a sus poemas, como en estos primeros versos del poema I,

¡Oh, las manos que esconden el arcano
de la vida, enigmático y secreto!…
Cada una es un misterio, que mi inquieto
Pensar pretende develar en vano…
Toda línea sensible es en la mano
Una letra del mágico alfabeto
Con que el dedo de Dios marca, discreto,
El destino de cada ser humano…

Entre sus obras también se cuentan dos piezas teatrales, dado que era una amante del cine y el teatro. Su vida profesional fue fecunda, pues se desempeñó como secretaria privada del segundo vicepresidente del Perú, Rafael Larco Herrera, durante el gobierno del general Manuel A. Odría. Según reportes de la época, el vicepresidente le reservaba un palco especial en el Teatro Segura y era traslada en un Rolls Royce negro.

La vida sentimental de Nelly Fonseca se ve sacudida en una de esas visitas al teatro, conoce allí al actor argentino Carlos Croharé, con quien mantendría una relación breve, ya que al poco tiempo el actor fallece en una gira con su compañía hacia el Ecuador. Este hecho deja una huella profunda en la poeta. Más adelante, Óscar Ponce de León –también poeta-, se convertiría en su amor platónico, dedicándole varias líneas en “El Quiromante”. El escritor la acompañaría hasta sus últimos días.

Veinte años después del accidente, Nelly retoma la vestimenta femenina, cuando le diagnostican un tumor a la altura de la cuarta vértebra. En la edición del 27 de noviembre de 1974, del diario El Comercio; su hermana María Luisa Fonseca, declara «Nelly era dulce, amable (…) captaba la simpatía de todos, hasta de quienes no tenían por qué relacionarse con una poeta, como el sabio Antúnez de Mayolo, quien le profesó verdadero afecto y que cuando estuvo internada no dejó de visitarla. Nelly murió en el Hospital del Empleado un 9 de abril, martes santo…»

Su producción poética es amplia, cultiva el verso modernista con buen manejo de la rima y la métrica, destacando Rosas matinales (1934); Heraldos del porvenir (1934); Luz en el sendero (1938) , por el que fue premiada con la Medalla de Oro por la Municipalidad de Lima; El poema de América (1938); Voces de América (1940); Sembrador de estrellas (1942); Preludios íntimos (1945); Juan Carlos Croharé (1947); Espigas de cristal (1955), bajo su verdadero nombre; y Velero alucinado en 1963, año de su muerte.

Asimismo, es autora del himno premilitar, el himno al Rotary Club de Lima, de Maracaibo (Venezuela) y, de los Rotarys de México y Uruguay. Para culminar compuso el himno a su querido distrito, Barranco.

Obtuvo reconocimientos en el exterior, como el Primer Premio y Medalla de Oro del VIII Certamen de Liniers de la República Argentina (1937), así como el Primer y Tercer Premio del Homenaje a la Madre Americana, de la Habana (1940). También la designan como socia honoraria del Grupo América del Uruguay, el Ateneo Popular de Argentina, la Confraternidad Balzaciana Hispanoamericana de Costa Rica, entre otras distinciones.

Aquí les dejo parte de su prolífica obra.

YO QUIERO SER UN MÁSTIL

Yo quiero ser un mástil erguido entre la niebla para orientar el vuelo de las aves remotas.
Y sentiré en mi tronco latir un alma de árbol
la noche en que rescate a una gaviota.
Yo quiero ser un mástil erguido entre las sombras que la aurora empavese con grímpolas de seda,
y escuchar las salmodias del viejo campanario:
el grave hermano blanco que ahuyenta estrellas.
Yo quiero ser un mástil inmóvil, solitario, con la quietud más noble, la soledad más buena.
Erguido en el regazo sereno de la tarde.
Erguido entre la orquesta triunfal de la tormenta.
Que superior destino que es el de asomarse a un mundo en donde danzan locas girándulas de estrellas,
y ensartar una noche, tal como un pez de vidrio,
el disco transparente de cualquier luna nueva!
Yo quiero ser un mástil erguido entre las sombras en donde cuelgue el viento sus diáfanas banderas…
¡Y el día que rescate tu corazón de náufrago
serán como un arrollo de música mis venas!

AQUEL DÍA

Amor mío:
Si la muerte algún día nos separa,
nada tendrás de mí: ni un juramento,
ni un beso, ni una lágrima.
Jamás tu mano aprisionó mis manos;
jamás tembló tu boca en mi garganta.
Solo tus ojos me han besado el rostro,
solo tu voz me ha acariciado el alma.
Tu corazón y el mío
se abrazan con las alas…
Pero aquel día en que por fin me pierdas,
no te quedará nada:
ni el temblor de mis labios en los tuyos,
ni el clamor de mi queja solitaria.
Solo estos versos tristes, que te besan
la voz y la mirada,
y el humilde recuerdo
de un corazón que se quebró las alas,
como un pájaro ciego, que golpea
una puerta sellada.


Fuente: https://ojoconelhorizonte.lamula.pe/2013/09/25/quien-fue-nelly-fonseca-recavarren/taniatemoche/