Antonia Laborde

“No estoy jugando”, advirtió un severo Donald Trump días atrás, cuando amenazó con cerrar la frontera con México esta semana si no detenían “de inmediato toda la inmigración ilegal” que llega a Estados Unidos. Sin embargo, el mandatario echó este jueves en saco roto la fecha límite y la aplazó un año. Ahora, Trump exige que su vecino del sur frene la ola migratoria y el tráfico de droga en 12 meses; de no ser así, Washington impondrá sanciones arancelarias a los productos mexicanos, especialmente a los coches. “Y si eso no detiene las drogas, cerramos la frontera”, aclaró el republicano en la Casa Blanca, después de que varios líderes de su propio partido hicieran hincapié en que su estrategia traería consecuencias devastadoras para los Estados del sur.

“Cerrar la frontera tendría un impacto económico potencialmente catastrófico en nuestro país. Espero que no lo hagamos”, apuntó este martes el presidente de la mayoría del Senado, el republicano Mitch McConnell. Trump justifica su marcha atrás con el hecho de que México respondiera a la advertencia del pasado viernes y tomara medidas para frenar el flujo de inmigrantes. “Durante los últimos cuatro días, y en realidad [los medios] lo han cubierto muy poco, México ha estado deteniendo personas y devolviéndolas a sus países de origen”, sostuvo el mandatario. Eso es lo que el presidente quiere que pase: que el Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador ejerza de “tapón” para los inmigrantes centroamericanos que llegan por el sur de México con el objetivo de cruzar el país y entrar en territorio estadounidense.

El presidente republicano también alertó de que “la mayoría de las drogas” que llegan a EE UU lo hacen a través de la frontera con México. “Gran parte, por las zonas donde no tenemos un muro”, remató. Sin embargo, la realidad es otra: el grueso de los decomisos se produce en alguno de los 42 los puertos de entrada. Trump también advirtió de que subirán los aranceles a los medicamentos, en relación con la crisis de los opiáceos que azota al gigante norteamericano causando cerca de 72.000 muertes al año. En términos monetarios, el abuso de las drogas le cuesta a Washington unos 500.000 millones dólares al año. “Si dentro de un año los medicamentos continúan llegando, vamos a imponer tarifas”, amenazó el republicano.

Las presiones de Trump llegan semanas después de que declarara una emergencia nacional en la frontera acusando una crisis de drogas e inmigración ilegal. La jugada del republicano —que el Congreso intentó revertir, sin éxito— le permite usar sus poderes especiales para dotarse de los fondos públicos que necesita para construir el muro con México. Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, acusó este jueves al presidente de estar “robando fondos públicos” para su cometido. Trump tiene previsto viajar este viernes a Calexico (California) para visitar “un pedazo de muro” recién acabado. Según la Portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, el viaje busca mostrarle a los estadounidenses “las personas que lidian con esta crisis día tras día”.

La semana pasada la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, envió una carta al Congreso en la que solicitaba la “autoridad para devolver a los menores no acompañados a sus familias en sus países de origen de una manera segura y ordenada si no tienen derecho legal a quedarse”. En la misiva destacaba que esta práctica es algo que ya se puede hacer con México, pero no con otros países, como Guatemala, El Salvador y Honduras, que lideran las llegadas a la frontera. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por su siglas en inglés) la mayoría de los migrantes (65%) son familias con niños que simplemente se entregan a los agentes, mientras que el resto son adultos solos que intentan evitar la detención.