Nadar y guardar la ropa es algo que a Spike Lee (Atlanta, Georgia, 1957) no se le da bien. Si algo ha caracterizado al responsable de clásicos contemporáneos como Haz lo que debas (1989) o la reciente Infiltrado en el KKKlan (2018) es que no teme mojarse. Quizás por eso no nos sorprendió mucho cuando nos avisaron que sería él mismo el que llamaría a FOTOGRAMAS para charlar sobre su último trabajo, Da 5 Bloods: Hermanos de armas. Nada de publicistas. Cero asesores. Ni un agente. Solo Lee. O que, tras el “Ey, tío, ¿qué tal?” Spike Lee al aparato, su primera pregunta fuera directa a gol: “A ver, ¿Madrid o Barcelona? Entonces eres de los míos. Messi, tío. Ese es mi equipo, el Real… No me va”.

La sutileza es un arte en el que Lee no se prodiga. Ni en su faceta pública, en la que entra al trapo para contestar a quien sea, ni tampoco en sus trabajos, siempre con una potente carga de profundidad que, cuando funciona, prueba que activismo social y narración son un cóctel explosivo. Así ha enfocado su segunda cinta bélica después de Milagro en Santa Ana (2008), una oportunidad para fijar su mirada en uno de los episodios de la historia negra de los Estados Unidos que faltaba en su filmografía: la experiencia de los soldados afroamericanos en Vietnam. Un proyecto, encabezado por Chadwick Boseman y los veteranos Delroy Lindo y Clarke Peters, que habría presentado en Cannes, de cuya 73ª edición iba a presidir el jurado, pero del que nos habla desde su confinamiento en Nueva York. “Estoy en Manhattan, encerrado en casa con Tonya, mi esposa; mi hija Satchel; Jackson, mi hijo, y nuestros dos perros. Un cachorro shih tzu recién llegado, y Ginger, un yorkshire terrier que está muy viejo. Mis chicos son mayores, tienen 26 y 24 años, así que bueno, encerrados, pero bien. Pero te digo muy claro: sea cuando sea el próximo Festival de Cannes, yo seré el presidente”.

La guerra de Spike

Da 5 Bloods: Hermanos de armas gira alrededor de la Guerra de Vietnam y sus secuelas. ¿Cómo vivió usted esa contienda?

En 1967 tenía 10 años. La de Vietnam fue la primera guerra televisada. Cada día los estadounidenses veían cómo esa guerra entraba en el televisor de su casa. Y dos veces, a las seis en las noticias locales y a las siete en las nacionales. Como muchos americanos, crecí viéndola y hablando de ella durante la cena. Ningún conocido nuestro luchó… Mi padre se libró de ir a la Segunda Guerra Mundial porque tenía los pies planos, pero sí fueron sus dos hermanos. Mi tío Arnold y mi tío Clarence ganaron la Segunda Guerra Mundial. Condujeron por Francia y Alemania camiones del Red Ball Express, un convoy de suministros del ejército de Patton formado por soldados afroamericanos. La guerra era un tema popular en mi familia, pero tuve la suerte de nacer en el momento justo: era un crío cuando estalló y después demasiado joven para que me enviaran. Lo que sí recuerdo es ser consciente de cómo la guerra dividió América. Recuerdo las manifestaciones en Nueva York, que era uno de los puntales del movimiento antiguerra, los enfrentamientos con los pacifistas. También te digo que a mi difunto hermano Chris y a mí nos encantaban las películas de guerra, nos quedábamos tarde para verlas en la tele. Una de mis favoritas de siempre es El tren (1964), de John Frankenheimer con Burt Lancaster. Genial.

"da 5 bloods hermanos de armas"

Netflix

¿Cómo influye esa fascinación por el género o las historias de su familia en su decisión para dirigir el film?

Siempre me han gustado estas películas, pero el motivo fue la historia. Danny Bilson y Paul De Meo escribieron el guion original. Se titulaba The Last Tour (El último servicio) y ya tenía a estos cuatro veteranos que regresan a Vietnam para encontrar los restos del líder de su escuadrón y un cargamento de oro que dejaron ahí, una historia muy en la línea de El teso- ro de Sierra Madre (J. Huston, 1948). En 2013, Lloyd (Levin, productor) se lo dio a Oliver Stone. No te puedo decir qué pasó ahí porque no he hablado con él, pero el proyecto quedó estancado y no salió adelante. Entonces, en 2017, Lloyd leyó en una entrevista que me apasionaba El tesoro de Sierra Madre, y me hizo llegar el guion. Le dije que me gustaba, pero quería contar esa historia desde la perspectiva de unos soldados afroamericanos. Eso era muy importante. Y también tenía claro otro aspecto clave: quería que en la película sonaran las canciones de uno de los mejores álbumes jamás grabados: el What’s Going On de Marvin Gaye. ¿Sabías que Frankie, el hermano mayor de Marvin Gaye, sirvió tres turnos en Vietnam? Los dos hermanos se escribían, Frankie en la guerra, Marvin en Detroit, mientras grababa para la Motown. Además de estas crónicas bélicas, Marvin veía de primera mano qué pasaba a los soldados negros que volvían de la guerra, muchos engan-chados a la heroína, sin trabajo…

El que gana lo cuenta todo

Háblenos de la vertiente histórica y cómo la ha integrado en el film, como el uso concreto de las canciones que ha explicado.

Cuando preparo una película, investigo. Así descubrí quién era Milton L. Olive III, un soldado negro de 18 años, que, en 1965 y para salvar a sus compañeros, se sacrificó lanzándose sobre una granada. Fue el primer soldado negro en ser con- decorado con una Medalla de Honor en Vietnam. No tenía ni idea de quién era, así que lo incluí en el guion, y su foto, en la película. Y también otros momentos de la historia de los afroamericanos en Estados Unidos. Como Crispus Attucks, la primera persona que murió luchando por este país, en la Masacre de Boston en 1770. Y me has oído bien, la primera persona, no la primera persona negra. ¡No me estoy inventando nada, pero nadie los conoce! Tenía que hacerlo porque desde que el ‘Agente Naranja’ ocupa la Casa Blanca, en mi país está calando el discurso de que la población negra no es patriota. Y, perdona mi lenguaje, eso es una puta mentira. Los afroamericanos han luchado por este país desde el primer día. Pero la historia la cuentan los vencedores, no descubro nada. ¿Dónde están las grandes películas sobre los nativos americanos? Nunca se rodaron. En su lugar tenemos esas patrañas, las mentiras, los discursos falsos de John Ford con John Wayne en los que se trataba a los nativos de salvajes, de seres infrahumanos. Es una muestra del poder del cine y la TV, cómo se puede deshumanizar a un pueblo entero. La fundación de los Estados Unidos se sustenta sobre el expolio de las tierras de los nativos americanos, su genocidio y la esclavitud. Esos son los pilares de la nación, unos temas que ni se han confrontado ni se han superado.

"da 5 bloods hermanos de armas"

Netflix

El western contribuyó a la idealización del origen de su país, embelleciendo…

¿Embellecer? ¡Que es una mentira! Los blancos habláis muy raro, tío (risas). Mira, cuando creces en los Estados Unidos te cuentan que George Washington nunca mentía. Lo que no cuentan es que poseía 123 esclavos. O que los primeros 12 presidentes poseían esclavos. ¡Poseían seres humanos! Esto no se enseña en las escuelas porque no quieren que la verdad se conozca, porque el origen de este país es inmoral. En mi opinión, y todo lo que digo es a título personal, no hay nada más inmoral que la esclavitud y mis antepasados fueron esclavos durante más de 100 años… Pero también tengo claro que no hay ninguna ley que obligue a que películas, series, canciones, novelas, cualquier manifestación artís- tica sea una representación social igualitaria. Cada uno cuenta lo que quiere como quiere.

Di lo que debas

Y usted, ¿cómo lo quiere contar? ¿Qué importa más en su cine, trama o mensaje?

Creo que la trama, porque lo mío es la ficción y me considero un narrador. Eso no quiere decir que no busque entrelazar mensaje e historia, pero nunca voy a decir de qué van mis películas. Eso queda en manos de los espectadores. Aunque pueda parecer evidente, como con Haz lo que debas. Hoy aún me preguntan: ‘Spike, ¿quién hizo lo que debía hacer?’ No sé, dímelo tú (risas). No todo es blanco o negro. Como espectador me gustan las películas que hablan de muchas cosas a la vez. Intento que las mías sean siempre así, por eso en esta mezclo formatos, fotos…

También tiene un punto de ironía muy meta.

Aunque mucha gente me vea como ese negro que está siempre enfadado, intento que mis películas tengan un toque de humor… Como si no se pudiera mezclar rabia y humor. Ahí está Billy Wilder y Traidor en el infierno (1953), que es una sátira en un campo de prisioneros de guerra. O Kubrick y ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964). ¿Qué puede haber más serio que la aniquilación de la humanidad y la amenaza nuclear? ¡Pero te partes de risa! ¿Quién dice que lo importante tiene que ser aburrido?

Escoger a Chadwick Boseman para interpretar al líder del escuadrón lo eleva a otro nivel: el espectador ve a Black Panther.

¡Chadwick es muy grande! Es mi hermano y la estrella de una película importantísima en la historia del cine. Porque Black Panther (R. Coogler, 2018) marca un antes y un después, y recaudó miles de millones de dólares en todo el mundo. ¿Por qué no querría a alguien así en mi película? O con gente con la que no había trabajado, como Jean Reno o Mélanie Thierry…

"da 5 bloods hermanos de armas"

Netflix

El film apuesta por un distanciamiento al que contribuye que el grupo de actores veteranos se interpreten a ellos mismos en los flashbacks. ¿Qué buscaba con esto?

Uno tiene que arreglárselas como puede. A mí, a nuestra película, nunca nos iban a dar 100 millones de dólares para hacer lo que mi hermano Martin Scorsese hizo con Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci en El irlandés (2019). Y conste que estos tíos son de los míos, mi gente. Pero ni de coña nos iban a dar ese dinero para rejuvenecerlos digitalmente. Pero funciona, es como si se vieran a ellos mismos en ese momento.

Un modelo a seguir

¿Se siente todavía un infiltrado en la industria?

Creo que ahora la gente me entiende. Cada vez más, y eso tiene que ver también con toda esta crisis de la COVID-19 Porque con este encierro, parece ser que mucha gente ha aprovechado para ver mis películas. Estoy en pleno revival (risas). Mucha gente me dice en Instagram que vuelve a ver mis películas o que las ven por primera vez.

Qué suerte, ver por primera vez Haz lo que debas.

Cómo reacciona la gente ante Haz lo que debas es algo que llevaré muy dentro hasta el día que me muera. Mi tercera película, una bendición. Como lo fue trabajar con Danny Aiello. O Ruby Dee, Ossie Davis, Frank Vincent, Robin Harris… Los echo de menos. Fue tan intenso. Y extraordinario. Hoy se la considera un clásico y en su momento ni la nominaron. Fue el año de Paseando a la jodida señora Daisy (risas). No es algo que me quite el sueño…, pero es que ganó Paseando a la jodida señora Daisy.

En el film, se dice que Norman fue el que dio un propósito a los Bloods. ¿Quién se lo dio a usted?

Mis padres y mi abuela. Mi padre fue un músico de jazz estupendo. Compuso las bandas sonoras de mis cortos para la NYU, la de Nola Darling (1986), Aulas turbulentas (1988), Haz lo que debas, Cuánto más, ¡mejor! (1990)… Mi madre era una cinéfila. Iba con ella al cine, ya desde muy pequeño porque a mi padre no le gustaba y la tenía que acompañar yo. Con 14 años vimos Malas calles (M. Scorsese, 1973). Me voló la cabeza. Y mi abuela… era todo amor. Fui su primer nieto, y me quería más que a nada en el mundo.

Cuando alguien le dice que usted es su modelo, ¿cómo lo vive?

Como un gran halago y con mucha humildad. Que te digan que la razón por la que se dedican al cine es porque vieron tus películas es muy potente. Pero más que te digan que si siguieron estudiando, si fueron a la universidad y hoy tienen una educación, fue porque vieron Aulas turbulentas.

Terminamos apelando al futuro. Primero, por sus proyectos y después por lo que cree que pasará en otoño.

Tenía que empezar a rodar una peli este verano, pero ya no. Y en otoño… Le pido a Dios, de rodillas, que Joe Biden sea el próximo presidente de los Estados Unidos. Y no lo digo solo por lo que nos pueda pasar a nosotros como país si ese tipo vuelve a salir elegido, que será malo, sino por lo que le puede pasar al mundo. Al mundo, tío.