Rafael Zavala Battle

Los temas más actuales y discutidos: liderazgo, time management, toma de decisiones, ética, etcétera, se aplican perfectamente a vivir una vida llena de virtudes. Es el principal secreto para triunfar en la vida. No hay mas reglas de oro para triunfar.

Para ser líder se necesita cultivar una serie de virtudes, como la generosidad, para tomar muy en cuenta a las demás: la amistad, la comprensión, el optimismo, etcétera.

Lo mismo pasa con el resto de competencias o habilidades que el ser humano necesita para triunfar en la vida. Todas ellas se cultivan mediante las virtudes. Y las empresas, los gurús y las revistas de negocio se están dando cuenta de ello. El cultivarlas una a una nos hace triunfar en la vida, el vivirlas heroicamente nos hace ser santos; los santos de hoy en día son personas comunes y corrientes: empresarios, campesinos, amas de casa, ejecutivas, jóvenes, que buscan hacer las cosas bien y por medio de ello le dan un sentido sobrenatural a su vida, le dan una trascendencia que va mas allá de esta vida, que al final es lo único que importa.

¿Y cómo empezar a cultivarlas? ¿Cuáles son las más importantes? Algunas de ellas son orden, perseverancia, laboriosidad, justicia, generosidad, responsabilidad, sobriedad, paciencia, pudor, amistad, prudencia, comprensión, optimismo, fortaleza, entre muchas otras. Un excelente modelo para empezar a vivir las virtudes es conocerlas y saber cómo aplicar cada una.

Muchas veces, no nos damos cuenta de que nos faltan adquirir muchas de las competencias, habilidades y virtudes que nos harán la vida más provechosa. Nunca nos lo hemos planteado con seriedad. Y cuando lo hacemos, no hay continuidad. No es fácil adquirir las virtudes. La perseverancia es muy importante para estos casos.

Para avanzar hay que retroceder, ya que esos contratiempos forman parte del peaje. No se puede erradicar un hábito enquistado durante años en días ni desprenderse de viejos vicios arraigados en cuestión de unos pocos intentos. Para aprender hay que desaprender. Siguiendo un viejo cuento zen, si no vacía su copa, no puede echar más agua. Muchas veces, la nuestra está llena de agua sucia y contaminada, y la única forma será vaciarla para aprovecharla.