Una reciente encuesta permite advertir que en nuestro país las instituciones que más desconfianza generan son los partidos políticos. Lo que obviamente nos preguntamos es que si acaso sería de interés tomar medidas para tratar de revertir ello. En el Perú se dice y repite que nuestra democracia es débil, las instituciones poco sólidas y que el Estado de Derecho requiere constante cuidado. Obvio es que si deseáramos robustecer nuestro sistema político y, con él, a nuestra democracia, deberíamos regenerar a los partidos políticos nacionales.

Pedro Angulo AranaDecano del Colegio de Abogados de Lima

Ello, por lo demás, podrá hacerse de manera sustancial o atacando únicamente las manifestaciones y ocultándolas, como poniendo la basurita debajo de la alfombra.

Así es que impedir la participación política de movimientos locales, para la postulación a los gobiernos municipales, como se aprobó en un dictamen en la Comisión de Constitución del Congreso, no soluciona nada y solo cercena un derecho ciudadano.

Después prohibirán la postulación de movimientos regionales, nada lo impedirá si existe inacción; pero, eso solo artificialmente resolverá el problema de los partidos políticos. Una reforma electoral en serio debe propender a conseguir que se organicen partidos políticos nacionales, regulando la democracia interna dentro de los mismos. Precisamente, la falta de democracia interna, el irrespeto a las reglas democráticas sin sanción alguna, es lo que desprestigia a los partidos.

¿Alguien desconoce acaso, que son grupúsculos o camarillas internas, cuando no un personaje único, los que hacen y deshacen dentro de ellos?

Tal accionar es lo que impide la continuidad de los partidos políticos y que estos sobrevivan a los apellidos de sus fundadores o a las ideologías o principios que les dieron vida.

El tiempo está pasando y nuestros congresistas aparecen ocupados en cuestiones irrelevantes mientras perdemos la oportunidad de hacer una reforma electoral histórica.

Probablemente, el que se pueda hacer tal reforma no es cuestión de tener otra cámara, sino que la presente asuma el requerimiento de la historia.


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