Un reciente estudio ha vuelto a encender el debate respecto a la Sábana Santa de Turín, una pieza de tela que habría sido colocada sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro tras la crucifixión.

Durante décadas, los científicos han puesto en duda su datación hasta que en 1988 una investigación parecía haber zanjado el debate, al situar su antigüedad en la Edad Media.

El sudario de Turín es un tela de cuatro metros por uno que es venerada en el cristianismo como una reliquia de la crucifixión de Jesús, hace 2.000 años.

El Vaticano permitió por única vez que se le realizaran pruebas de carbono-14 en 1988. En ese momento, la Universidad de Arizona, el Instituto Federal de Tecnología de Suiza y a la Universidad de Oxford participaron del trabajo.

Los investigadores concluyeron en un artículo de la revista Nature que correspondía a un período de entre 1260 y 1390, con lo cual se comprobaba que el sudario no pertenecía a la época de Cristo. Los primeros registros de esta pieza se remontan a 1357.

Luego de la polémica generada por este estudio, el Vaticano se negó a que otros grupos analicen la tela. Pero una demanda posterior obligó a la Universidad de Oxford, que guardaba los datos, a hacerlos públicos, indica ABC.

El historiador Tristan Casabianca, quien dirigió la nueva investigación, le dijo al portal Phys.org que las muestras utilizadas en 1988 fueron insuficientes y heterogéneas, pues solo se utilizó un fragmento de los bordes del sudario. Esto invalidaría las pruebas.

El investigador y su equipo consideraron que es probable que las monjas de la Edad Media que cuidaban el paño pudieron haber realizado restauraciones ante el deterioro del sudario.

Los científicos consideran que se deben realizar nuevas pruebas al Santo Sudario para poder determinar su antigüedad. Ahora dependerá del Vaticano permitir el acceso a este y otros grupos de investigadores a la pieza, pero por el momento la Santa Sede no se ha pronunciado.

Esta reliquia, clave para el catolicismo, ha sido objeto de debate durante décadas. Recientemente, investigadores forenses de la Universidad John Moores de Liverpool y la Universidad de Pavía determinaron que por lo menos la mitad de las manchas de sangre en el sudario eran falsas, probablemente realizada por un artista. La investigación fue publicada en el “Journal of Forensic Science”.