Paula Chouza

Una escultura de madera del expresidente de Polonia Lech Walesa (Popowo, 76 años) adorna el pasillo que lleva a su despacho en el Centro Europeo de Solidaridad de Gdansk. En su oficina cuelgan de la pared un crucifijo y tres pinturas: el retrato de Karol Wojtyla, el del líder de la independencia polaca, Józef Pilsudski, y la Última Cena. Este antiguo electricista, exlíder del sindicato Solidaridad y premio Nobel de la Paz que contribuyó a la derrota del comunismo en Europa, viste desde hace tiempo un suéter con la palabra Konstytucja (Constitución) para reclamar que el actual Gobierno del ultraconservador Ley y Justicia (PiS) respete la división de poderes. Durante la entrevista, el pasado jueves, califica a la formación de Jaroslaw Kaczynski como “populista y demagoga”. Polonia celebra este domingo elecciones y, salvo sorpresa, los resultados revalidarán en el poder al actual Ejecutivo.

Pregunta. ¿Qué balance hace del Gobierno del PiS?

Respuesta. En Polonia y en todo el mundo estamos buscando soluciones para los tiempos que corren. La lucha que se libró hace tiempo en Polonia llevó a cerrar una época de divisiones entre las fronteras y abrió una etapa de intelecto, capacitación y globalización. Las tecnologías que hemos alcanzado están rebasando los pequeños Estados que formamos y tenemos que construir estructuras más grandes. Los políticos no han llegado a tiempo con las soluciones y en esta situación están despertándose monstruos. Hemos de fortalecer el debate para poder llegar a dar con las respuestas a una serie de preguntas que se plantean. Por el lado económico: el comunismo no, pero el capitalismo tampoco se ajusta a estos tiempos. Un segundo tema es la democracia. A mí me enseñaron que la democracia es la mayoría. Y la mayoría no va a votar. Las sociedades quieren cambios, por eso eligen a gente que dice que va a hacerlos, como [Donald] Trump o como en Polonia. Lo primero que nos tenemos que preguntar es qué fundamentos tiene que haber, qué sistema económico y qué vamos a hacer con las demagogias, con los populismos y las mentiras de los políticos a gran escala.

P. ¿El Gobierno en Polonia está encabezado por populistas?

R. Así es. Y demagogos, como en la mayoría de los países. Y mañana será peor porque la gente dejará de ir a votar, salvo que le hagan caso al viejo Walesa y cambien las estructuras.

P. ¿Estos cuatro años del PiS han supuesto una deriva autoritaria en Polonia?

R. Eso está claro, aunque hay que ver cómo hemos acabado así, porque la situación se puede repetir en otros países. Al principio llegas al poder y ves que hay elementos que te estorban. Empiezas eliminando uno y luego otro, y después otro más. La intención con la que entraron era buena, pero empezaron a echar a gente. ¿Cómo podemos oponernos a los populistas? A través de una mayor participación. Los populistas, incluido Trump, hacen un diagnóstico correcto, hay que cambiarlo todo, pero su solución a estos problemas no lo es. Busquemos una solución mejor.

P. Este Gobierno da ayudas a las familias. ¿Viven hoy mejor los polacos?

R. Momentáneamente sí, porque el anterior Gobierno tuvo recursos de más y este los está despilfarrando. La situación económica en Europa es buena y es lo que están aprovechando, pero el día de mañana no tendrán dinero para continuar estas políticas.

P. ¿Cuáles serán los principales desafíos del nuevo Gobierno?

R. Me gustaría que ganase la Plataforma y las organizaciones que cooperan con ellos [en la Coalición Cívica] para poder revertir lo que el PiS ha hecho mal. [Respetar] la división de poderes, para que pueda quitarme este suéter, por eso haré lo posible para que Polonia pueda retomar su desarrollo. Lo que hace el PiS no es desarrollo, solo está gastando los recursos que había.

P. Usted y Jaroslaw Kaczynski eran colaboradores. ¿Cuándo se truncó la relación?

R. Hay gente que vale solo para la lucha, y Kaczynski es uno de ellos. Él no quiere dejar de luchar y como el camino que yo seguí era otro, más tranquilo, constructivo y él no se podía abrir paso así, apostó por la demagogia, por el populismo y tiene un partido de personas similar a él, que luchan y reparten, de momento con éxito. Yo lo eché, a él y a su hermano [de su equipo cuando era presidente], al darme cuenta de que no podía construir con ellos y desde entonces somos enemigos.

P. La Iglesia es el principal apoyo del PiS.

R. Tiene que estar por encima de todo esto. Ella lucha por nuestra vida futura y los políticos estamos en este tiempo terrenal. Hasta la Iglesia tiene que vertebrarse de otra forma, debemos decirle que no se inmiscuya. Antes era necesario porque no había voluntad, de algún modo llegó a ser portavoz del pueblo, que por aquel entonces estaba sojuzgado, pero desde que recuperamos la independencia, que cada cual ocupe su parcela.

P. Contra la Iglesia polaca se han presentado denuncias de pederastia. ¿Le ha decepcionado la institución?

R. En Polonia, la Iglesia siempre tuvo un importante papel y también un gran reconocimiento como institución. Los políticos fallaron a los polacos, Walesa falló a los polacos y la Iglesia y los sacerdotes, que eran los que quedaban, también fallaron. Esa nación decepcionada qué puede hacer, a quién apoyar: a quien da, a quien reparte. Nada más cuenta. Mi confesor, cuya misa oía todos los días, llegó a ser un depravado y hay pruebas de ello. Cuando me enteré fue difícil para mí recuperarme. Pero tengo una fe fuerte, porque igual no creo en sacerdotes, pero sí en Dios.

P. ¿Cree que Polonia debería tener un mayor peso en la UE?

R. Desde hace 20 años estoy diciendo a los alemanes, italianos y franceses que tienen que trabajar las instituciones europeas, porque están desajustadas a los tiempos que corren. Tienen que velar para que se adapten y si se llegara a la conclusión de que es imposible, que dejen a Polonia o a Hungría hacer añicos la UE. Pero cinco minutos después tendrán que crear una nueva Unión, una más sabia en la que todos puedan entrar, incluidas Polonia y Hungría y que a sus puertas tenga dos placas: en una los derechos y en la otra las obligaciones.