José Vadillo Vila

Es un Viernes Santo diferente para los feligreses católicos, debido al aislamiento social obligatorio y la pandemia por el covid-19. En estos momentos, la esperanza, la solidaridad y la fe adquieren nuevos significados.

Ayer se inició, en la liturgia, el sufrimiento de Cristo; el último tramo de la pasión que lo llevará a la cruz.
“Las Siete Palabras son manifestaciones de Jesús en sus momentos finales; reflejan un momento de dolor. El momento más sólido es el diálogo que hace en la cruz con Dios Padre. Hoy, en el momento que estamos viviendo, cuando hay manifestaciones de angustia, dolor, soledad, miedo y la pérdida de un pariente, parece que la esperanza faltase, pero hay fe entre los peruanos, que se traduce en la generosidad”, reflexiona el monseñor Ricardo García García, obispo de Cañete y Yauyos.
“Estamos en una época de zozobra; hay un sentimiento de tristeza e incertidumbre entre los compatriotas; los aplausos de las ocho de la noche no son tan estruendosos como en los primeros días. Es un momento en que miramos la experiencia de Jesús en su pasión”, dice, por su parte, el sacerdote Edwin Vásquez, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).
Pero ¿qué es el dolor, hoy tan presente en las noticias con la pandemia mundial del coronavirus; hoy, tiempos del aislamiento social obligatorio en el Perú y de llorar a nuestras víctimas?
“El dolor es un momento que pone a prueba nuestra fe y las circunstancias humanas. Hay que respetar la cuarentena nacional. Es un momento para crecer para adentro, en nuestras familias”, opina Ricardo García, vicepresidente de la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP).
Primera palabra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. 
El sábado 4 de abril, de acuerdo con las disposiciones que dio el Gobierno, tocó salir solo a las mujeres para hacer las compras básicas, pero no se respetó la distancia social. Se dieron las mayores aglomeraciones frente a mercados y supermercados. (La normativa se acaba de modificar y, desde mañana, de lunes a sábado, podrá salir solo una persona por núcleo familiar).
“Hoy, la solidaridad principal es no contagiar a mi hermano; es respetar las normas”, sostiene el monseñor García García.
A su turno, Edwin Vásquez recuerda que el primer mensaje de este triduo pascual que nos da está en el evangelio de Juan, con un Jesús que lava los pies a sus discípulos. El Mesías, el maestro, se pone en el papel del sirviente.
“Todos los peruanos y peruanas, especialmente quienes compartimos la fe cristina, estamos llamados a tener la actitud del que sirve, del que está dispuesto a colaborar. Así como Jesús se pone a los pies, todos deberíamos de servir, colaborar, recibiendo las órdenes del Gobierno al interior de nuestras familias y teniendo paciencia, porque no es fácil para nadie sobrellevar esta cuarentena. Es una actitud de servicio”, subraya Vásquez.
Segunda palabra: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
La imagen ha dado la vuelta al mundo: don Mario, el párroco de Seriate, en Bérgamo, Italia, se acerca, acongojado, a uno de las decenas de ataúdes que llegan a la iglesia de San Giuseppe. Italia ha sido uno de los países más azotados por el coronavirus.
“Ya no está de moda hablar del Cielo, de la vida eterna. El objetivo es el bienestar físico. Pero la meta de todo cristiano es el encuentro con Dios. Cuando Jesús le dice al buen ladrón: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’, da una esperanza final. Tenemos una certeza, como sucede con este hombre, que en el último momento de su vida muestra arrepentimiento y cariño por el Señor. La esperanza en el Cielo ayuda a muchas personas a luchar y a jugarse la vida”, dice el monseñor García García.
Tercera palabra: “Madre he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre”.
Una anciana recibe de un policía la vacuna gratuita contra el neumococo, como una de las medidas frente a la pandemia del coronavirus.
“El deber de un policía, un medico o un sacerdote es servir. Hoy estamos en una situación crítica, en la que uno debe manifestar su amor por el prójimo; es cuando se prueba la verdadera virtud. Y se cumplirá sabiendo que hay un riesgo. El papa Francisco ha hecho referencia a esos ‘héroes anónimos’, gracias a quienes  el mundo camina”, opina el obispo García García.
Pero el monseñor saluda la  respuesta que ha recibido “el llamado de la solidaridad”. Enumera testimonios de personas, familias, organizaciones, empresas, que están colaborando con el prójimo. Que, en silencio, multiplican los panes en tiempos de escasez. “La gente está colaborando y repartiendo la solidaridad”.
Cuarta palabra: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”.
Primero de marzo: personal del Minsa presenta la instalación de hospital móvil cercano al aeropuerto internacional Jorge Chávez ante un posible ingreso de coronavirus, cuando el tema de la pandemia aún sonaba lejano.
Edwin Vásquez, de la UARM, recuerda que la imagen que más impresiona de la tradición cristiana es la de Cristo en la cruz. La imagen del hombre que sufre, torturado, flagelado; que acepta en silencio el maltrato; que muere al lado de dos ladrones. Es fuerte imaginar al Hijo de Dios terminar su vida terrenal de esa manera”.
“En esta experiencia de la cuarentena nacional por el coronavirus y el sufrimiento para algunos, en particular, podríamos encontrar aliento y esperanza en la imagen del Jesús sufriente, el eccehomo. ‘He ahí el hombre’, dice Poncio Pilatos cuando presenta a Jesús hecho una piltrafa humana. Y Jesús camina hacia la cruz, según la teología y la fe cristinas, para cumplir la voluntad de Dios de terminar de comunicar el mensaje de salvación. El dios cristiano no es un dios sádico, sino que Jesús es consecuente en llevar a plenitud su tarea por la maldad del ser humano. En ese horizonte se encuentra con la cruz”.
Para el sacerdote jesuita hoy que la humanidad está afectada por el covid-19, los cristianos encuentran aliento y esperanza en ese Jesús que resiste. “Él no huye de la cruz; se somete a una realidad cruenta. Creo que nosotros también debemos admitir y como Cristo resistió en su pasión, así nosotros resistiremos esta pandemia”.
El monseñor Ricardo García García pide que recordemos que “Dios no nos ha abandonado; nos quiere”.
“Muchas veces ocurren en el mundo, en la libertad del hombre, cosas que se escapan de nuestro control, pero Dios no se olvida de nosotros. La historia universal tiene luces y sombras, hemos tenidos varias pandemias y Dios respeta la libertad de las personas, no planifica el mal. Hoy vivimos un momento de oscuridad en la salud pública del mundo, pero saldrá algo bueno, seremos más solidarios, más ordenados. Y pasamos más tiempo con las familias.
 
 
Quinta palabra: “Tengo sed”.
Un camión aguatero llega a la agrupación familiar Chalwani, en Santa Rosa, en el distrito de Puente Piedra. Es parte importante de la rutina en esta zona. El abastecimiento constante es indispensable para mantener medidas de limpieza necesarias contra el covid-19.
Para el monseñor Ricardo García García, “nuestra sociedad tiene sed de muchas cosas: sed de agua, de paz, de justicia, de más conocimientos, educación y cultura; de asistencia pública y acceso a una vivienda más digna”.
“Las personas tienen sed de aspiraciones, que son fundamentales, y en el fondo, una sed de Dios. Hoy viven lejos de Él, pero a la vez buscan algo que los llene, que les dé esperanza y paz. Hay sed de orden, de lucha anticorrupción, de moral frente a tanto abusos que vivimos contra la mujer, la violencia… El común denominador en todas partes es la insatisfacción con la sociedad metalizada, que no atiende las principales necesidades. Vivimos una suerte de cataclismo que nos replantea ciertas cosas. Es una sed que se debe mitigar”, opina.
Sexta palabra: “Todo está consumado”.
Panorámica de la avenida Tacna, en el Centro de Lima. La ciudad luce vacía durante lo que fue el primer domingo de inmovilización total de la población.
Edwin Vásquez, de la UARM, aconseja para hoy, Viernes Santo, leer la pasión de Cristo. El evangelio de San Juan es muy detallado, empezando en el capítulo 13. Si prefiere a San Mateo, léalo a partir del 26, en que figuran los capítulos más resaltantes de los últimos días de Cristo. Para el final del triduo pascual, la lectura del sábado por la noche y domingo, aconseja leer el capítulo de la Resurrección.
“Los cristianos podemos mirar más allá del sufrimiento. El relato de los discípulos en Emaús, en San Juan, es la mejor imagen de la esperanza. Aparece Jesús resucitado y, de pronto, ellos encuentran esperanza, que a los cristiano nos asiste porque sabemos que Cristo no nos abandona, que saldremos adelante”, dice.
 
 
Sétima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Un investigador del Instituto Nacional de Salud presenta el desarrollo y el procesamiento de las muestras, autorizada para la investigación y resultados de las muestras por coronavirus en el Perú.
El monseñor García García explica que el abandono al que hace referencia Jesús en la cruz, es de quien cumplió la voluntad del padre y muere. Pero el “en tus manos…”, en el contexto actual, también nos habla a lo que debemos de hacer, cumpliendo y respetando las leyes.
“La esperanza es un don de Dios, que recibimos con el bautismo. El papa Francisco dijo la semana pasada que a él le gustaba mucho la palabra optimismo, pero prefiere la esperanza, para la cual es fundamental confiar en Dios, que nos da paz y tranquilidad. Jesús resucita, vence a la muerte. Creo que también nosotros debemos triunfar, porque después de la oscuridad viene la luz. La Semana Santa es dolor, pero también que nos sirva para reforzar esta alegría”.
¿Dónde orar durante la cuarentena?
Monseñor García explica que hoy los católicos tienen muchas formas de conectarse durante la Semana Santa para seguir las ceremonias a distancia y la pasión de Cristo, por medio de páginas webs y canales, como la página del Vaticano, la de la CEP, etcétera.
Por su parte, el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UARM, Edwin Vásquez, es consciente de que la supresión de las procesiones debido a la emergencia nacional por el coronavirus “más que la liturgia misma”, genera una gran pena para muchos cristianos que en sus ciudades no podrán acompañar a las imágenes sagradas en sus pueblos y ciudades durante estas fechas.
“Debemos decirles a estas personas que hay que reconocer esta tristeza. Esa tristeza no hay que negarla en los creyentes y estar alertas a la depresión. En Viernes Santo se da el ayuno tradicional de los cristianos. Hay que transformar ese ayuno de comida, en un ayuno de estas procesiones, también en un ayuno eucarístico, de las prácticas litúrgicas, de las personas que no pueden ir a recibir el cuerpo de Cristo, la hostia, por el aislamiento social obligatorio. Para muchos es muy penoso, pero sí podemos alimentarnos con la palabra de Dios”, finaliza.