Denominada como enfermedad rosa o inmunodeficiencia asociada a la homosexualidad durante los primeros años, el sida no solo se cobró miles de vidas durante los primeros años tras su detección sino que creó un estigma difícil de borrar sobre la comunidad homosexual

Renzo Giner Vásquez

Los brotes reportados de viruela del mono están encendiendo las alarmas sanitarias en diferentes países. El 23 de julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la enfermedad como una emergencia de salud pública e interés internacional. El reporte de casos entre hombres que tienen sexo con otros hombres, además, hace temer el surgimiento de un nuevo estigma hacia la comunidad homosexual, recordando así lo ocurrido a los inicios de la epidemia de sida en los años 80 y 90.

En junio de 1981, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reportaron una forma rara de neumonía entre cinco jóvenes de Los Angeles, California, que hasta entonces habían estado sanos.

Un mes más tarde, otros reportes clínicos de pneumocystis carini y sarcoma de Kaposi entre hombres jóvenes llegaron desde San Francisco y Nueva York. Esta última enfermedad causa unas manchas de color rosáceo en el cuerpo de los infectados.

Las personas que presentaban el cuadro, hasta ese momento, eran varones homosexuales. A causa de las lesiones cutáneas, uno de los primeros nombres que recibió esta peste fue el de “epidemia rosa”.

Un año más tarde pasaría a ser conocida como inmunodeficiencia asociada a la homosexualidad (GRID, por sus siglas en inglés).

No sería hasta diciembre de 1983 que un grupo de investigadores del Instituto Pasteur de París, encabezado por el profesor Luc Montagnier, consiguió aislar el virus (posteriormente conocido como virus de inmunodeficiencia humana – VIH) y nombrar a la enfermedad como síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

El profesor Luc Montagnier (a la izquierda) encabezó el equipo del instituto Pasteur de París que logró aislar al virus.
El profesor Luc Montagnier (a la izquierda) encabezó el equipo del instituto Pasteur de París que logró aislar al virus. / MICHEL CLEMENT / AFP

RECHAZO SOCIAL

Inicialmente, el sida fue etiquetado socialmente como una enfermedad de transmisión exclusivamente sexual. Las investigaciones médicas demostraron posteriormente que el virus podía ser transmitido a través de transfusiones de sangre o al compartir una jeringa con algún portador.

Sin embargo, el tabú que limitaba al sida a la comunidad homosexual tardó mucho en desaparecer. Incluso entre instituciones y el mismo gobierno, que no lo consideró como una epidemia inicialmente.

Una encuesta realizada en 1985 por Los Angeles Times revela por ejemplo que el 73% de estadounidenses consideraba que estaba mal que dos personas del mismo sexo mantengan relaciones sexuales.

En ciudades como San Francisco, el 49% de la población consideraba que estaba mal ser homosexual. Algo aún más presente en Los Angeles y Nueva York, donde el porcentaje aumentaba hasta el 60%.

Adicionalmente, el 28% de encuestados consideraba al sida como un castigo divino a los homosexuales y el 23% aseguraba que las víctimas del sida estaban “recibiendo lo que merecían”.

Cabe resaltar que para esa época el sida era considerado una sentencia de muerte, debido a la ausencia de tratamientos efectivos el paciente recibía pocos meses de vida como pronóstico.

En 1984, por ejemplo, 2.937 de las 4.123 personas a las que se les detectó sida en Estados Unidos fallecieron.

Pese a este escenario, los bancos de sangre se negaron hasta 1985 a realizar estudios de hepatitis B -pese a que los científicos habían demostrado su relación con los pacientes de sida- en los donantes.

La justificación era el alto costo del procedimiento y la poca evidencia al respecto. La consecuencia fue que 28 mil personas contrajeron la enfermedad a causa de transfusiones infectadas antes de que los bancos decidieran realizar los test a los candidatos a donantes, en 1985.

La resistencia de los bancos de sangre en Estados Unidos para realizar pruebas de descarte a los donantes provocó que 28 mil personas se contagiaran de sida durante las transfusiones.
La resistencia de los bancos de sangre en Estados Unidos para realizar pruebas de descarte a los donantes provocó que 28 mil personas se contagiaran de sida durante las transfusiones. / Agencia AP

EL ESTIGMA PERDURA

Poco después, los médicos detectaron que la comunidad haitiana residente en Estados Unidos también presentaba altos índices de contagio por VIH.

Esto llevó a que siga siendo visto como un padecimiento exclusivo de las minorías y los grupos marginales, pasando a ser denominada como la enfermedad de las 4 H: homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos.

Flaco favor le hizo el libro “Y la banda siguió tocando” del periodista Randy Shilts, publicado en 1987 y donde documentaba los primeros años de la epidemia.

Si bien Shilts consiguió mostrar el estigma que se había creado sobre la comunidad homosexual, también instauró en la mente de los lectores la teoría de Gaetan Dugas, el paciente cero.

Dugas era un asistente de vuelo canadiense que sufría de cáncer de piel, lo que le provocaba manchas rosas, y había diseminado la enfermedad contraída durante un viaje a África entre las más de 250 parejas sexuales que tenía por año.

Gaetan Dugas fue señalado como el responsable de iniciar la epidemia de contagios de sida en los 80.
Gaetan Dugas fue señalado como el responsable de iniciar la epidemia de contagios de sida en los 80.

Esta teoría ha perdido sustento con el paso de los años. Actualmente, la hipótesis más apoyada sugiere que el VIH fue una mutación del virus de inmunodeficiencia símica que habría pasado de chimpancés a humanos que los cazaban en África.

Los primeros casos habrían sucedido a finales del siglo XIX, expandiéndose lentamente por el continente africano. Posteriormente, migrantes haitianos que se encontraban trabajando en África habrían regresado a su país, donde se habría propagado la enfermedad que años más tarde llegaría a Estados Unidos.

Ese año, sin embargo, no estuvo lleno de malas noticias pues se aprobó el primer tratamiento antirretroviral conocido como AZT. Pese a su elevado costo, fue el punto de partida para los tratamientos posteriores.

A la par, los gobiernos iniciaron una campaña de salud pública incentivando el uso de preservativos como medida para reducir los riesgos de contagio.

Pese a todos los esfuerzos, la epidemia de VIH sigue activa y constituye uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo. Según la OMS, hasta el 2021 ha causado entre 33 y 48 millones de muertes en todo el planeta.

Pese a que hay dos casos documentados de personas que han conseguido superar la enfermedad mediante tratamiento médico, aún no hay una cura definitiva.

La pandemia de coronavirus, además, resultó una traba importante en la lucha contra el VIH, debido al colapso de los servicios médicos. En la última Conferencia Internacional sobre el SIDA “AIDS 2022″, celebrada el 29 de julio en Montreal, advirtieron que en el 2021 se registraron 1,5 millones de contagios nuevos.

“Lo que tenemos que hacer no es un misterio. Lo sabemos por lo que hemos visto en repetidas ocasiones que tiene éxito en diferentes contextos: ciencia compartida, servicios fuertes y solidaridad social. Podemos acabar con el sida para 2030, pero la curva no se aplanará sola. Tenemos que aplanarla juntos”, dijo la directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, durante la conferencia.

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA.
Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA. / FABRICE COFFRINI / AFP

LA VIRUELA DEL MONO

Desde inicios de mayo, cuando se dieron los primeros reportes, unos 78 países de Europa, América y África han detectado al menos un caso de viruela del mono o símica.

Según la OMS, se trata de una infección zoonótica vírica (se transmite de animales a humanos y entre humanos) que puede producir fiebre, cefalea, dolores musculares, dolor de espalda, falta de energía y ganglios linfáticos inflamados, además de las característica erupciones en la piel.

En un porcentaje reducido la viruela del mono puede ser mortal. Su propagación se da, principalmente, por contacto con la piel, boca o mediante acto sexual con una persona infectada.

¿Por qué podría considerarse un nuevo estigma para los homosexuales? Curiosamente por las primeras recomendaciones de los especialistas.

Tras activar el máximo nivel de alerta, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a los homosexuales, el colectivo más afectado por la enfermedad, “reducir el número de parejas sexuales”.

Pese a que insistió en evitar cualquier tipo de estigmatización hacia dicho grupo, se teme que esto podría ocurrir.

Al respecto, el infectólogo y directivo del Colegio Médico del Perú, Leslie Soto, explicó el último martes a RPP que “es una enfermedad que le puede dar a cualquier persona”.

“Se transmite por dos vías: parte respiratoria (fluidos que uno emite al hablar) y por contacto de piel. Lo que pasa es que al tener una mayor cantidad de parejas uno tiene contacto íntimo más frecuente y eso hace que la saliva o roce piel a piel pueda contagiar, es quizá la explicación más simple”, explicó el médico.