JAVIER MIRANDA FLORES

Docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Director del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional de Trujillo

REVISTA JURÍDICA DEL PERÚ ABRIL – JUNIO 1995 AÑO XLV N° 05

 

SUMARIO: I. PLANTEAMIENTO INICIAL. II. LA EVOLUCION DE LA CULTURA NACIONAL Y LAS NORMAS DE COMPORTAMIENTO. LOS INCAS: UNA SOCIEDAD DE SINTESIS. III. CONCLUSIONES. BIBLIOGRAFIA.

  1. PLANTEAMIENTO INICIAL

Asumimos que los valores como la justicia, la igualdad, la reciprocidad, las obligaciones y los derechos, varían de acuerdo al contexto socio-cultural que sirve de escenario a las distintas agrupaciones humanas y que son el resultado de la interacción de los factores económicos, sociales, religiosos, culturales, políticos y medio ambientales. Por lo tanto, las explicaciones en torno a los procesos de evolución de la justicia o del Derecho trataremos de enmarcarlas en esta dirección.

Basadre (1986), sostiene que no necesariamente debe haber un código sistematizado de normas o leyes como tampoco de especialistas en la defensa, para considerar al Derecho como una realidad susceptible de evaluación histórica. Por el contrario, aun en las sociedades de menor desarrollo tecnológico, pre-inca por ejemplo, la fuerza de la costumbre, la naturaleza de sus instituciones, los grupos sociales y la influencia de la religión, han definido roles, comportamientos, deberes y derechos que –juntos– identifican relaciones y sistemas jurídicos que han accionado los mecanismos del funcionamiento institucional.

Los estudios arqueológicos y etnohistóricos proporcionan datos importantes para conocer la estructura de las sociedades pre-incas, tanto en el orden de la sanción de una conducta como en la moral y la defensa de los intereses de la persona y del grupo; del mismo modo, de la actuación y obligación del jefe. El común denominador de las conclusiones de estos estudios resalta la consideración de la costumbre y de lo sobrenatural.

Esquemáticamente enunciado y a modo de pretensión de estructurar una síntesis de los patrones que definían el comportamiento social en ese tipo de sociedades, sostenemos con Basadre, que la consistencia de los valores residía en:

– La Sanción: envuelta en los sobrenatural.

– La Moral: vivir conforme a las leyes comunales.

– El Derecho: cautelar o defender intereses.

– El Jefe: obligado a proteger.

Los cambios producidos posteriormente han generado otros esquemas para conducir la sociedad y por lo tanto, nuevas instituciones para reglamentarlas. Este cambio, a pesar de que en algunos casos fue violento y en otros persuasivo, trastocó el comportamiento social y la estructura de las instituciones; no obstante, se puede afirmar que el derecho y la administración de la justicia continuaron regulados por:

a) La Costumbre.

b) La Religión.

c) La Moral.

d) La Economía.

e) Por las normas de la reciprocidad.

f) Las actitudes ritualistas, la magia y el tabú.

g) Por el papel del Estado y la autoridad.

 

LA EVOLUCION DE LA CULTURA NACIONAL Y LAS NORMAS DE COMPORTAMIENTO

Precerámico

Probablemente la separación del grupo haya sido una de las primeras formas de reglamentar la actuación de los individuos en los primeros tiempos de la sociedad. En el largo período de los cazadores y recolectores el hombre vive como parte de la naturaleza, disfrutando de sus recursos y trasladándose de un lugar a otro. En realidad, no se puede reducir el precerámico sólo a este momento; existe otro en el que se producen serios intentos de domesticación (LAVALLEE, Daniéle. 1990-1991), que alteraron sustancialmente la relación con su medio, el desplazamiento con fines de asentamiento y su sistema de creencias e ideas, a pesar de que –como ha ocurrido en casi toda la América Andina– las señales de domesticación de plantas y animales no haya alterado profundamente su actividad de caza y recolección, que la siguieron practicando.

En este período, el precerámico, hacia los 10,000 años a.C. el hombre no sólo ya había poblado los espacios costeros sino que también ocupaba las cuevas altoandinas (4000 m.s.n.m.) (BONAVIA, D. 1981), con un desarrollo notable en la tecnología, especialmente de sus utensilios.

A muchos arqueólogos (BONAVIA 1981), (CHAUCHAT), les ha parecido que este hecho, la elaboración de utensilios, está asociado a actividades sagradas.

Si la percepción de estos investigadores es correcta habría que presuponer, necesariamente, que existió un conjunto de creencias y rituales no sólo en torno a la elaboración de sus instrumentos sino en sus actividades cotidianas, especialmente en torno a la muerte (entierro) y a su medio físico. La enorme importancia que tuvo el medio ambiente para la estabilidad del hombre fue decisiva; por lo mismo, logró arrancar sus mejores expresiones artísticas en escenas rupestres (Toquepala, Chaclamayca, Sumbay) que van más allá de una simple explicación estética para convertirse en manifestación de un nivel elevado de desarrollo de las creencias religiosas y concepciones.

Ello, supone un marco de organización social elemental donde el grupo definía las pautas a seguir, tanto en las actividades como en lo ceremonial.

A partir de la aparición de la agricultura (6000 a 2000 a.C.), los cambios que ocurren se orientan por igual al campo de la producción como al de la organización social, tanto porque se mejoran –aunque en pequeña escala– las tecnologías productivas como que se establecen bases para una potencial jerarquización social.

Cerámico

En el período cerámico (1800 a.C.), es posible definir con mayor claridad los sucesos culturales, identificar el tipo de organización social, la naturaleza de sus instituciones, los cultos y actitudes mágico religiosas, como también su economía y algunas actividades cotidianas.

Pero este período, no sólo es identificado por su cerámica. La arquitectura y el planeamiento de los asentamientos es, sin duda, una característica central y ello define algún nivel de complejidad y especialización, tanto en el uso del espacio como en la distribución y administración de la población. Ramiro Matos (1991) asegura que la planificación estratégica de los poblados es de por sí un argumento para considerar que se trató de una sociedad jerarquizada “… con jefes que asumieron el poder y una población que ejecutaba las obras siguiendo los planes establecidos.

Sobre el tipo de organización socio-política, unos postulan la existencia de jefaturas, mientras que otros se decantan por un Estado teocrático. La presencia inusitada de templos en la mayoría de los sitios estudiados refuerza esta segunda inferencia” (MATOS R., 1991: 189).

Sea como organización jefatural o teocrática este período, como los anteriores períodos culturales, tiene características más o menos similares en cuanto a las normas de vida pública y controles estatales. En efecto, la mayoría de investigadores coinciden en afirmar que:

a) El servicio del culto fue secular.

b) La administración fue centralista y compulsiva.

c) La Economía estuvo basada en la producción agrícola, la explotación de los recursos marinos y el pastoreo, según el espacio donde se ubicaban.

d) Las jerarquías eran organizadas en función del poder y los roles sociales: dignatarios y/o sacerdotes, guerreros, pueblo.

e) Resolución de algunos conflictos con ejecuciones sumarias, corte de cabezas, que no necesariamente fue en acto de sacrificio humano sino de escarmiento.

f) Práctica de la obediencia generalizada (respeto y sumisión) y el castigo como factor de control.

  1. g) Toma de decisiones sin consulta.

Formativo

Para algunos arqueólogos e historiadores, el período formativo con su división en Inferior (1800-1100 a.C), Medio (1100-500 a.C) y Superior (500-200 a.C.), se caracteriza –además– por el impulso al fenómeno religioso con “fuerte atracción en el polo de Chavín”, a decir de Waldemar Espinoza (1992); sociedad caracterizada por su influencia pan andina, especialmente en la “… potenciación de las ideologías. Los rasgos en la arquitectura y en los grabados chavinoides definen a una organización centralizada, coercitiva que impone rígidamente los principios normativos y los preceptos en la actitud religiosa, hasta llegar a los sacrificios humanos, en una secuencia de ritos –para muchos estudiosos– cargados de tterror, pánico y hostilidad”.

Culturas regionales. Era Clásica

La aparición de las culturas regionales entre el 200 a.C. y el 200 d.C., está precedida de cambios violentos en las tendencias religiosas y en la ideología que pierden vigencia, tanto porque sus principales centros de poder son relegados a un segundo plano cuanto porque hay nuevas expresiones que vulneran la preponderancia de Chavín para fomentar los desarrollos autónomos. Se ha llamado a este período “de la profanación de los templos”, en una clara muestra por explicar la importante eclosión social que se produce. El doctor W. Espinoza, resumiendo los cambios dice: “Lo indiscutible es que se gestaron cambios en la superestructura del poder, migraciones masivas, graves transtornos económicos, abandono de centros poblados, sufrimiento social, violencia y muerte. Así acabó el Formativo” (Ibid; 1992: 221). En este período destacan Virú, Paracas –Cavernas y Necrópolis–, Salinar y otros.

Un período con tales características significó un reacomodo en todos los aspectos de la vida social, especialmente en la organización y en la administración del Estado, como sucedió en casi todas las sociedades regionales, (200-600 d.C.) desde Nazca hasta Moche, pasando por Tiahuanaco clásico, Huarpa, Maranga y Lima. Para efectos de analizar la administración de la justicia y la organización del Derecho, las características relevantes de este período se pueden resumir así:

a) Generación de elevados excedentes económicos.

b) Sociedades fuertemente diferenciadas.

c) Existencia de clases sociales marcadas.

d) Respaldo de un ejército organizado.

e) Fuerte presencia de los grupos religiosos e influencia de su ideología.

f) Extraordinario desarrollo artístico.

g) Práctica de la guerra como corolario de su temperamento violento: luchador y emprendedor.

h) Influencia de la ideología, especialmente de la esfera mágico-religiosa, en el arte, en la organización social y en la vida rutinaria.

i) Desarrollo notable de la actividad agrícola.

Está claro que las particularidades de cada formación económico-social definía la intensidad de tales características y por lo tanto les otorgaba un sello específico. No obstante, la era clásica –como suele llamarse a este período (200-600 d.C.)– muestra progresos importantes que no se produjeron en épocas anteriores, especialmente en la organización estatal y en el planeamiento de la vida económica y de los asentamientos humanos, verificables no sólo en Nazca y Moche sino en Recuay, Cajamarca y Tiahuanaco. Pero, nos interesa concentrar la atención, fundamentalmente, en la administración y estructuración del Estado y el control de la vida ciudadana e institucional sin dejar de mencionar que un Estado dentro de una sociedad con las características descritas anteriormente, tuvo necesariamente un código de procedimientos y una propuesta sistemática en la administración de la norma social.

Moche

Estimo que el caso de Moche merece un tratamiento especial, tanto por la naturaleza de su Estado como por el nivel de desarrollo productivo y tecnológico que alcanzaron. Nos limitaremos a señalar sólo los aspectos que tienen directa incidencia con la estructuración del Derecho y con la administración de la justicia a partir de la recopilación de una serie de trabajos de investigación publicados y algunas observaciones nuestras (LARCO, 1939), (BASADRE, 1937), (VALEGA, J., 1939), (ESPINOZA, W., 1992), (DONNAN, C., 1991) (ALCINA, F., 1991) (BRAY, W., 1991), (especialmente de Mariano CUESTA DOMINGO, 1972):

– Espíritu Dominante, fuerte, viril, bravo.

– La Guerra tenía un alto puesto en la escala de valores.

– Los combatientes tenían derecho a tomar prisioneros y a usufructuar de un botín de guerra.

– Ingreso a la clase noble por méritos de guerra.

– No participar en la lucha fue motivo de desprestigio social ya que al no acceder a ningún botín su situación económica desmejoraba.

– Los jefes y personajes centrales eran sacerdotes, shamanes que dominaban la escena política, económica y militar.

– Ejecución de prisioneros en sacrificios humanos.

– Para la realización de trabajos peligrosos, las obras públicas y algunos trabajos serviles, se emplearon a prisioneros de guerra.

– Otros prisioneros eran muertos por: devoramiento de aves, decapitación, descuartizamiento, arrojados de acantilados, etc.

– Por traición a la patria se castigaba con muerte por decapitación.

– Inmisericorde en la extirpación del mal.

– Cuidado de los campos y en general los cultivos y ganado por las mujeres y los ancianos, cuando eran tiempos de guerra.

– Código consuetudinario de sanciones.

– Los castigos debían servir de escarmiento, por lo que se obligaba a los castigados a recorrer las calles.

– La tierra era repartida entre los grupos de parentesco.

– Los castigos debían infundir terror en quienes observaban estos actos.

– Todos tenían derecho automático a la tierra (grupos).

– El tiempo libre era destinado obligatoriamente a la construcción de obras públicas.

– Práctica de la monogamia.

– El adulterio era castigado con la muerte.

– Los estratos superiores o quienes tenían poder podían practicar la poligamia.

– El remate, hasta morir, para los adúlteros era el apedreamiento.

– Fuerte práctica de la humillación al vencido como mecanismo para concretar la pérdida de la dignidad.

– El castigo no reconocía jerarquías.

Una sociedad que ha llegado al nivel de desarrollo como el de la cultura Moche necesariamente debió estructurar la convivencia social sobre una base de ordenamiento jurídico muy rígido, donde el respeto y la obediencia eran impuestos como necesidad para la estabilidad del Estado más que como una costumbre. A pesar de ello, gran parte de su estatuto legal recoge legítimos derechos de los ciudadanos mochicas, en distintos campos, como el acceso a la tierra, el trabajo público para el crecimiento del Estado y otros asuntos.

La extraordinaria iconografía que caracteriza a Moche, expresión de sus actividades oficiales y rutinarias, nos muestra un “extraordinario celo para premiar los actos buenos así como dureza excesiva que llegaba, a veces, hasta el más cruel refinamiento para castigar las faltas” (LARCO H., R. 1939:153).

Tal como se muestra en los gráficos N3, N4, N5, N6, N7, y la fotografía N3, los ritos que denotan sacrificios humanos no sólo se inscriben en el marco de un ceremonial mágico religioso; muchos de ellos son –qué duda cabe– acciones orientadas al castigo derivadas de una acción militar y/o de un resquebrajamiento de la moral y del derecho públicos. Castigos que van desde el sacrificio humano (pena de muerte), el seccionamiento, el devoramiento por aves de rapiña, el ahogamiento, la estrangulación, el seccionamiento y el despellejamiento a la muerte por ingestión de sustancias tóxicas.

Por otro lado, la administración de justicia en la Cultura Moche tiene todas las características de un proceso formal, conducido por una jerarquía religiosa y militar que llevaba el procedimiento en especial contexto: Generalmente se admitía como divino el origen de quienes gobernaban y conducían el juzgamiento, de tal suerte que las prerrogativas para la defensa eran mínimas y escasas las posibilidades de obtener benevolencia.

El Museo de Arqueología de la Universidad Nacional de Trujillo ha recreado dos escenas en las que se grafican los dos momentos del proceso. En la primera (Fotografía N1) aparecen los juzgadores con el reo en actitud sumisa, en el acto previo a la sentencia; en la segunda (Fotografía N2) el prisionero aparece con las manos amarradas a la espalda esperando se dicte la modalidad del castigo al que será sometido. Se ha tratado de ilustrar un hecho que está presente en la iconografía de los mochica, tratando de distinguir no sólo la jerarquía de los personajes involucrados sino el contexto en el que se ejecuta la acción.

Muchos símbolos y estructuras plasmadas en la iconografía Moche han servido para ilustrar prácticamente todos los aspectos de la vida del poblador y los actos públicos; así mismo la vida material y los recursos naturales. Sin embargo, no en todos los casos se ha producido una interpretación realista y objetiva, posiblemente por el riesgo que implica cualquier juicio valorativo respecto a esta sociedad o por el exceso de especulación asumido como riesgo.

Por ejemplo, se ha considerado como símbolo ligado a la justicia al búho prehispánico y particularmente al identificado con los Moche, tomando como rasgos: la profundidad de su mirada, por el misterio que rodea su presencia, etc. Más que eso –en la actualidad– se plantea una explicación que tiene que ver con la dualidad cosmológica de vitalidad, de permanente interacción entre dos pares míticos: la noche y el día. El mundo de la oscuridad, de la muerte, un mundo soterrado y misterioso que invita a la meditación, que despierta el pánico y la superstición y al que nuestros antepasados tuvieron un profundo respeto. Ese mundo estaría representado por el búho.

En el mundo andino el búho testifica la oscuridad y el mundo de los muertos, los presagios y la mala suerte; pero su contrario está identificado en el felino, símbolo de la fuerza, la pujanza y la actividad; es decir el día. Entre ambos elementos se plantea una constante lucha por el protagonismo en una universal confrontación que tiene como corolario la unidad dialéctica entre ambos.

Este respeto se mantiene aún en las sociedades actuales, tanto del ámbito geográfico de lo que fue Moche como del resto del país, como una vieja costumbre. De modo que si en la iconografía Moche aparece la figura del búho, ella está relacionada –qué duda cabe– con esta temática, que probablemente repercutió en las actitudes religiosas y administrativas.

Horizonte Medio. Huari

Los arqueólogos llaman Horizonte Medio aquel período de desarrollo de la Cultura Nacional ocurrida entre los años 500 y 1,000 d.C., en el que aparece el Estado Huari; es decir en el siglo V d.C. (Ayacucho). Nos interesa este suceso en virtud de que Huari es la expresión real de un desarrollo planificado y un escenario de especiales aportes para el resto de culturas que florecieron tanto en la zona andina como en el espacio costero.

Escapa a los lineamientos de este ensayo caracterizar todos los aspectos de su desarrollo socio-cultural. Nos limitaremos a sistematizar algunos hechos que tienen que ver con su organización política y administrativa, vitales para entender el contexto en el que se ejecuta la administración de la justicia. En efecto, se dice que Huari:

a) Fue un Estado con características imperiales.

b) Consecuencia de lo anterior: la expansión territorial la concretaron mediante la conquista.

c) Fue un Estado desarrollado con un poder centralizado y burocratizado.

d) Tuvieron centros urbanos planificados, bajo la dirección del Estado.

e) La disposición de sus estructuras monumentales denota orden y un manejo escrupuloso de los usos del suelo para la conformación de la trama urbana, incluyendo los edificios públicos.

f) Tuvieron fuerzas militares institucionalizadas; es decir estables.

g) Tuvieron agentes especializados para la administración pública y el ejercicio del poder, tanto en el interior de las ciudades importantes (Piquillacta en Cuzco, Huari, Viracochapampa en Huamachuco, etc.) como en sus áreas de influencia.

h) Fueron expertos en el diseño y ejecución de estrategias guerreras, lo que condujo –según W. Espinoza Soriano– a “nuevas formas de organización y política”.

i) En su estructura y diseño urbano se aprecia la planificación orientada al control de la vida económica-productiva y la distribución de los recursos.

j) El diseño de la ciudades contemplaba la distribución de los espacios para centros administrativos, militares, ceremoniales y ritualistas.

En cualquier proceso de desarrollo urbano no sólo interesa las formas y la monumentalidad que pueda expresar la arquitectura; el uso del suelo expresa la preocupación de adecuar la vida y las actividades humanas al ritmo del desarrollo de una sociedad. Lo que se aprecia en el caso de Huari es una inmejorable adecuación de la trama urbana a la presión poblacional y al espíritu guerrerista de la época. En esa dirección, la vigilancia y la organización de la vida ciudadana se logra por la influencia de los sectores militares y religiosos, entronizados en el poder y descentralizados a los diferentes pueblos conformantes del imperio Huari.

Como en el caso de los Moche, la organización centralizada y ordenada sugiere una formalización en el sistema de administración de justicia así como en el control de las actividades económico-sociales, tal como se puede deducir de la conformación y ubicación de las instituciones que tienen que ver con la conducción de la vida pública de aquella sociedad.

Reynos y Señoríos. Chimú

El período previo a la desintegración del imperio Huari, según todos los indicios proporcionados por los arqueólogos, se caracteriza por un reordenamiento espacial de la población motivado por invasiones violentas y la institucionalización de la guerra como método de expansión territorial. Aproximadamente a comienzos del siglo XII después de Cristo se produce el florecimiento de Reynos y Señoríos de capital importancia; destacando los Chimú (en La Libertad), los Chincha (Ica), los Caxamarcas (Cajamarca) y los Lupaca (Puno), entre otros.

Por la importante y variada información que se tiene sobre los Chimú, es preciso estudiarlos en los aspectos más relevantes relacionados con la administración de la justicia; o, por lo menos, con el aparato Estatal.

En primer lugar, estamos frente a una cultura en la que los patrones de desarrollo urbano definen espacios con un alto grado de organización, a pesar de opiniones que tienden a resaltar el patrón de asentamiento anárquico y caótico de las ciudades Chimú, especialmente de Chan Chan. Este aparente “desorden” de la trama urbana, sin embargo, no oculta el impulso de una ciudad que jerarquizó su organización social sobre la base del poder de las castas militares y religiosas, con un contundente contenido político y religioso, como se puede constatar en las distintas ciudadelas y en los barrios periféricos asignados a las clases de menores recursos. En esta ciudad, con más de 100,000 habitantes, se concretó una importante división del trabajo y una alta especialización tecnológica, en las actividades agrícolas y artesanales.

En segundo lugar, su arquitectura denota la existencia de centros destinados a las ceremonias públicas (religiosas y rituales), depósito de productos para el consumo, plazas públicas, cementerios y a la administración de la justicia (Fotografías N4 y N5), de modo que el control social formaba parte de la estrategia general de formar un Estado sólido, fuerte y con una masa poblacional sumisa y obediente. Su espíritu conquistador y guerrero –por otro lado– aseguraba que esta disciplina se universalizara en todos los extremos del Reyno, desde la Cuenca del río Zarumilla en Tumbes hasta Lima.

No obstante este clima, la época se caracteriza por contactos e intercambios entre reynos y señoríos, consolidando una actitud de reciprocidad en algunos casos forzada y en otros inevitable. Los Chimú, los Chinchas y los Reynos del Altiplano, particularmente los Lupaca, evidencian una actitud de este tipo. Estos últimos lograron fortalecer sus actividades económicas con un excelente manejo de los pisos ecológicos (costa, sierra y selva) para incrementar su producción y satisfacción de necesidades, al punto de generar excedentes para ofrecerlo en actitudes de reciprocidad con sus vecinos.

El papel del “Ayllu”

Retomando nuestro interés específico sobre los principios normativos de las organizaciones pre-incas, a pesar que muchas de ellas fueron conquistadas e incorporadas violentamente a sociedades de mayor jerarquía, debemos resaltar el papel jugado por su célula básica –el ayllu– en el mantenimiento de sus normas. Trinborn ha caracterizado desde la perspectiva del Derecho, algunos aspectos centrales del ayllu pre-inca:

Deberes:

“… trabajar la porción de la tierra repartida periódicamente en proporción al número de miembros de la familia … […] respetar los linderos de las chácaras de sus compañeros […] participar en el cultivo de los terrenos asignados a los inválidos e impedidos en general […] contribuir a las demás tareas colectivas como la construcción de terrazas, caminos, andenes, etc.”

Derechos:

“1. Recibir una porción de tierra suficiente para ellos y para sus familias.

  1. Disponer de una casa construida mediante la ayuda de todos los miembros útiles del ayllu.
  2. Cortar la leña de los bosques, cazar y pescar, participar en los rendimientos de la ganadería, utilizar aguas y caminos, etc; y,
  3. Ser mantenido en caso de invalidez o enfermedad” (TRINBORN; 1923, citado por BASADRE, J.; 1937: 97-98).

La reglamentación de las aspiraciones ciudadanas y del interés del Estado, especialmente en el fomento de la producción, de las necesidades sociales y del engrandecimiento de la sociedad, constituía parte esencial del código administrativo pre-inca, aunque para ello se debía ser severo y –a veces– cruel en el castigo a las faltas individuales de sus miembros. Tal como nos señala J. Basadre, las especificaciones de deberes y derechos que hace Trinborn probablemente sea para un modelo ejemplar de ayllu, que posiblemente lo hubo en el área andina, pero que debe ser tomado con reserva para evitar generalizaciones con tono de emoción. En efecto, para analizar las instituciones, las pautas que regulan el comportamiento ciudadano e institucional, no debe perderse de vista que la justicia y el derecho tienen connotaciones distintas según la naturaleza de sus ámbitos. Así, para el caso de la actividad individual la justicia contempla penas severas que derivan de un hondo contenido consuetudinario y como en el caso de los castigos a prisioneros de guerra, la finalidad no sólo era escarmentar sino humillar. Colateralmente, en la esfera del interés público y del Estado, los mecanismos aseguran la reproducción de la riqueza y la estabilidad política en el marco de un derecho público, contundente y brutal, en particular en aquellas sociedades en las que es posible vislumbrar al Estado como una institución tutelar.

El respeto por ciertas reglas de juego consolidó una práctica costumbrista sobre la base de la laboriosidad, la honradez y la veracidad, principios sobre los que se basaría la organización social de los Incas. Tanto como ello, es bueno recordar que las sociedades pre-incas, desde las mas tempranas hasta las más tardías, estructuraron sus procedimientos jurídicos sobre la base de la costumbre y la influencia mágico-religiosa, siendo el tabú (prohibición sagrada) una de las primeras restricciones del comportamiento individual y colectivo.

Tal como hemos visto en el sucinto recuento de la evolución de la cultura nacional, a partir de Chavín –quien sabe antes– se puede identificar con no cierta dificultad, los atributos específicos de un ordenamiento jurídico ligado al surgimiento del Estado, y por lo tanto de la necesidad de organizar la sociedad. Está claro, entonces, que se puede precisar algunos elementos sustantivos que tipifican a una formación económica y social y al Estado burocrático, iniciales:

– Espacio de maniobra: Ambito y Area de influencia.

– Autoridad vertical: Gobierno.

– Fuerza Física: Manifestación de poder.

– Normas Sociales-Valores: Leyes.

– Beneficios y Privilegios: Derecho.

Estos componentes como es obvio, se perfeccionan en las principales sociedades tardías del espacio serrano y costeño hasta la invasión y conquista por los Incas.

LOS INCAS: UNA SOCIEDAD DE SINTESIS

La mayoría de autores coincide en afirmar que en la sociedad Inca es mucho más objetiva la distinción entre la costumbre y las reglas jurídicas y que por esa razón se puede sistematizar con mejor criterio cada aspecto de su administración. Se acepta además que, la separación entre sociedad y Estado es más notoria, con lo que se estaría identificando cada organismo social dentro de una perspectiva estructural y definiendo sus funciones. Igualmente se estima que la dificultad de separar las normas jurídicas –y en general el Derecho– de las actitudes domésticas y por lo tanto de la moral pública en las sociedades anteriores a los incas, desaparece en esta nueva sociedad, la distinción entre Moral y Derecho se hace más clara.

A partir de la administración incaica es posible, finalmente, observar que muchos actos religiosos y algunos ritos de la misma naturaleza no necesariamente forman parte de un proceso de administración de justicia; dicho de otra manera, no se aprecia que lo religioso siempre esté asociado o identificado con el Derecho (Basadre 1937). Tales percepciones derivan –según nuestra opinión– de la particular manera de entender el desarrollo social, de la actitud analítica frente a la naturaleza del Derecho dentro del desarrollo social y de la enorme riqueza documental y tradición oral que ha sido trasmitida por cronistas españoles e indios para la sociedad actual; información a veces cargada de emotividad y distorsiones y otras de racismo.

Algunas características atribuidas a los incas, respecto a la administración de la justicia como: el poder, la fuerza, el sentimiento dadivoso, el espíritu generoso y la persuasión, en gran medida, están asociadas a sociedades y ayllus anteriores, como ya hemos indicado. Mas, es bueno incidir que los incas logran introducir cambios sustantivos en las prácticas consuetudinarias, tanto en el orden moral, en la justicia, en la educación y en el trabajo, especialmente en lo tocante a la reciprocidad.

El castigo a la mentira, a la holgazanería y al hurto se asocian a culturas muy tempranas, tanto o con mayor severidad que en la época incaica; las prácticas mágico religiosas que acompañan a casi todos los actos oficiales en las sociedades tempranas e intermedias, tampoco desaparecen con los incas; tanto que se consolida y se hace más sutil la práctica de los sacrificios humanos y el castigo a los vencidos.

Como fuere, el mejoramiento de algunos procedimientos en la administración de la justicia inca es el resultado de varios factores, el más importante de todos: el nivel alcanzado por la sociedad en la economía, en la producción, en la organización social y en la complejidad de sus instituciones. La consolidación económica y organizativa de esta cultura tuvo sus efectos en la sistematización de los principios reguladores de la ética, de la costumbre, de la justicia y de las instituciones en su conjunto.

Puede que sea útil no perder de vista otro detalle que ayudará a entender el complejo sistema organizacional inca, de preferencia en lo tocante a la moral y su relación con la justicia. Según Núñez Anavitarte (1958) la expresión “Ama Sua” (no seas ladrón), por ejemplo, sólo puede ser entendido en una doble connotación; por un lado el referido al reflejo de la condiciones de la vida material y por otro al de la producción. Es decir, una sociedad que asigna prioridad fundamental al trabajo colectivo en el marco de una jerarquización en la propiedad de la tierra, debía de todas las formas cautelar una moral productiva y una moral distributiva en las tierras del sol, del inca y del pueblo. En esta misma perspectiva Núñez A. afirma que “… el Ama Sua constituye una prevención que se anticipa al delito …” (NUÑEZ A.; 1958: 252).

Las otras dos normas de la moral Inca: “Ama Llulla” (no seas mentiroso) y “Ama “Kj’lla” (no seas ocioso) tienen como gran objetivo consolidar y preservar al imperio al margen de cualquier consideración ética. “Como productor, el campesino común estaba sometido a un sistema que enajenaba su libertad a las condiciones de un trabajo permanente. En la esfera del cambio, se hallaba sujeto a un procedimiento tributario que, al manifestarse en la renta del suelo, en especie y en trabajo, le impedía la libre disponibilidad del trabajo excedente, que era producido únicamente en beneficio de los orejones y curacas” (NUÑEZ A.; 1958: 253). No podía suceder de otra manera en un contexto social en el que la clase dominante era considerada descendiente de las más encumbradas divinidades y dueñas hasta de la vida de sus súbditos. Por lo mismo las exigencias ciudadanas estaban subordinadas al interés del Estado y de sus gobernantes. Téngase presente que los pilares sobre los que se basa la moral incaica son: el trabajo, la solidaridad, la obediencia y la sumisión.

Pero, a la par que conocer estos pilares centrales es perentorio hacerlo con el dimensionamiento administrativo del imperio que ayudará a entender las afinidades y diferencias en la administración de la justicia y en el ordenamiento del Corpus jurídico. Insistimos en ello porque los ayllus y los suyos son –además de unidades territoriales y geográficas– espacios socio culturales con cierto nivel de autonomía administrativa y con valores y patrones distintos en cada suyo; por lo tanto, su manera de entender el mundo y los sistemas de organización también eran distintos. La práctica de una adecuación de los valores incas en la vida de las sociedades conquistadas ha dado lugar a recreaciones culturales inéditas hasta entonces, como el respecto a los templos, dioses, apus y huamanis locales que competían con el dios sol y con los espíritus tutelares del imperio.

Salvando estas notables diferencias nos hemos permitido sistematizar las propuestas más importantes respecto al tratamiento de las conductas del poblador en la sociedad inca, a partir de una libre compilación de los informes de los cronistas, especialmente de aquéllos que dedican gran parte de su trabajo al relato de la administración de la justicia y la moral pública.

  1. Fray Bartolomé de Las Casas: DE LAS ANTIGUAS GENTES DEL PERU
  2. Licencia para casar a sus hijos con quien quieran: Concertación.
  3. Inca y Señor: persuasión y convencimiento para que se amasen, buen trato a las mujeres y ellas servir a sus maridos para que el sol los hiciese bienaventurados. (PP. 131).
  4. Prohibición del casamiento entre parientes de primera línea.
  5. Adúlteros: morían ambos.
  6. Violación: sólo el hombre muerto.
  7. Homicidas: ajusticiados (muerte) (pp. 134).
  8. Por mentir: a la mujer la trasquilaban.
  9. Brujos y pactos con el diablo: muerte en el Cuzco (no en otro sitio).
  10. Delitos en contra de la comunidad: “lo hacían sus gobernadores o mayordomos que tenía el Rey Inga”, sin particular consulta y mandamiento suyo, pero pocas veces condenaban a muerte (reservado para el Inca).
  11. Contadores mayores, cuando se les hallaba mentirosos, a tiempo de dar las cuentas se les mandaba a matar.
  12. Ley: que ninguno entrase ni saliera puesto el sol ni antes que saliese en el Cuzco, por que se supiese y conociesen todos.
  13. Miguel Cabello de Valboa: MISCELANEA ANTARTICA

“En Nro Pirú el Inga Lluqui Yupanqui governava sus gentes amigable y pacíficamente, y con tal loable artificio que con la fama de su benevolencia discresión y mansedumbre trujo a su obediencia y gracia muchos Caciques en sus naciones de ellos sujetas …” (pp. 283).

Felipe Guamán Poma de Ayala: LA NUEVA CRONICA Y EL BUEN GOBIERNO

“Ordenamos y mandamos que en estos reinos y señoríos (Topaq Inga Yupanqui) se guarde y se cumplan nuestras disposiciones so pena de muerte, los que no guarden ellos, sus hijos y descendientes serán castigados, condenados a muerte, ejecutados y exterminada toda su generación, destruidos sus pueblos, sembrados sal en ellos, para que sean habitados nuevamente por animales salvajes como el Luycho, venado; el Poma, león; el Atoc, zorro; el usco, gato montés; el cóndor, buitre y el Guaman, halcón o gavilán …” (pp. 129).

Sentencias: expeditas, seguras, efectivas e inmediatas.

  1. “Mandamos que en este nuestro Reino ninguna persona blasfeme contra el sol, mi padre, la luna, ni nada; contra las estrellas, el lucero, chasca Cuyllor, lucero del día …”. “… Mandamos qué no se blasfeme contra ninguna persona, contra los principales, ni los indios pobres …”. “… Mandamos que no sea testigo ninguno que fuese pobre, porque puede ser cohechado o sobornado, pagarascaruna Llullamantarimac Runa, o sea, la gente pagada puede mentir”. “… Mandamos que haya un asesor […] Mandamos que haya en cada provincia un corregidor para administrar justicia … […] Mandamos que haya un alcalde de corte, nombrado entre los de Anta Inga, quien estará encargado de tomar preso a los principales, capitanes, grandes señores y caballeros de este reino … […] Mandamos, que ninguna mujer figure, ni sea llamada como testigo, por ser embusteras, mentirosas, y pusilánimes, pucisongo, de corazón débil.

Además:

– árbol que no sea cortado, ni quemado sin permiso.

– que no haya ladrones en este reino.

– que la mujer no pague las deuda del marido muerto, el padre por el hijo, … ninguna persona por otra.

– que la mujer corrompida sea colgada de los cabellos o de las manos en una peña viva.

– que la viuda no se vuelva a casar así viva con otro hombre después de la muerte del marido.

– que nadie se case con su hermano.

Corpus jurídico:

– Incap Rantín (nobles de casta real, era el único que comía y bebía con el Inca).

– Capac Apo Uatac Incap Ciminmanta – el que apresa a los señores nobles notificando en nombre del Inca; llevaban como señal la mascaypacha para hacer ver la autoridad que iban investidos.

– Uatacamayoc – encargado de apresar.

– Chancnaycamayoc – el que ata pies y manos generalmente eran hijos bastardos o sobrinos del Inca.

– Toricoc – que tiene a su cargo un pueblo o una provincia.

– Michoc, el juez. Lo ejercían los principales señores nativos de cada provincia; se elegían entre los mancos, dañados, o quebrados de los dientes, porque según los incas “ya no eran dignos de ser apreciados y disminuían de valimiento como nobles”.

– Suyuyoc – administradores de provincias, hijos de los grandes señores del imperio, para que adquirieran experiencia; eran los hijos de los Capac Apo.

– Hatun Chasqui – correo.

– Sayuachecta – encargado de dividir todo el territorio, tanto en sierra como en territorio yunga, colocando hitos.

– Secretario del Inca – vocero del Inca, de los grandes señores y de las 4 partes del imperio y contador principal.

– Hatun Hucha Quipoc – contador mayor.

– Uchuy Hucha Quipoc – contador menor.

– Tatipac Unanchac Cauaric – jueces encargados de examinar o inspeccionar.

– Consejo Real – encargados del gobierno de las 4 partes y de hacer justicia eran permanentes (pp. 256-276).

Fray Martín de Murúa: HISTORIA GENERAL DEL PERU, ORIGEN Y DESCENDENCIA DE LOS INCAS

“… Ni hubo nombre de Cuzco ni otras cosas de policía, pues toda la que después tuvieron nasció y procedió de los Ingas que, como gente de tan gran valor y entendimiento, lo dispusieron y domesticaron ordenando el modo de biuir y trazando y limitando los términos como después se dirá; sólo entre otras cosas que vsaban era castigar con grande rigor al que se juntaba con su hija, hermana o pariente muy cercana y teníanle, cuando sucedía algo desto, por mal agüero y decían que esta era la causa porque no llouía y les venían trauaxos, enfermedades y pestilencias, y se perdían las sementeras, y, castigándolos exemplamente, los matauan y enterrauan en los caminos y mojones para escarmiento, y en memoria ponían en las sepulturas vnas piedras blancas, y al que se juntaban con madrastra o mujer de hermano o deudo le atormentaban volviendole los brazos atrás o le daban con una piedra muchos golpes y los apartauan de manera que jamás se juntauan”. (pp. 20-21).

En todos los casos se resalta el ordenamiento normativo para la vida civil, para la práctica del respeto a la moral pública, a la producción, a las disposiciones del Estado, a la conservación del medio ambiente, al respeto a las instituciones y costumbres de la comunidad y del culto. Al mismo tiempo se ofrece con lujo de detalles la actitud del gobernante y del administrador de justicia, así como de la solvencia y generosidad en la práctica de los valores de la reciprocidad y el trabajo.

Faltan, por cierto, las excelentes notas de Garcilazo de la Vega y otros tantos cronistas que, no obstante su peculiar entendimiento de las cosas y su visión respecto al ordenamiento incaico, tendrían que ser considerados en un trabajo de mayor extensión.

María Rostworowski señala que el “… gobierno inca vino a yuxtaponerse a una serie de esquemas organizativos, socio-políticos existentes con anterioridad. En el ámbito andino el sistema imperante fue el de macroetnias más o menos extendidas o de señoríos que comprendían una serie de pequeños cacicazgos o curacazgos locales bajo el dominio de un señor de mayor categoría”. (1991: 387). Pero no sólo se aprecia esta asimilación de elementos dominantes, también es fácil descubrir la vigencia de curacas menores, gobernantes eventuales, visitadores del Estado, nuevas normas organizativas, cambios en el esquema socio-cultural: nuevos dioses, nuevos apus y otras prioridades; generalmente, asociadas todas ellas a la pérdida de las prerrogativas político-militares y religiosas de las sociedades incorporadas al Tawantinsuyo.

El otro aspecto que vale la pena recordar es el dualismo en el modelo organizativo inca, que tampoco constituye una contribución de esta cultura sino que existió en los ayllus pre-incas; pero vale para determinar la naturaleza socio-política de la cultura y para entender su organización. Los incas dividieron a cada señorío en mitades (2) que se identificaban según la costumbre de Arriba y Abajo, el gobierno estaba a cargo de un Curaca y es lógico suponer que las demás instituciones de cada parte se correspondían con esta peculiar manera de estructurar sus relaciones sociales; es decir, dos señores para cada mitad (un principal y un ayudante).

El fuerte sometimiento de los señoríos y cacicazgos, con la conquista inca, anuló la consolidación de la unidad imperial y la integración. Los cronistas nos hablan de descontentos, alzas, revueltas y rebeliones –especialmente en el norte– como reflejo del descontento por la invasión, por el imperio de sus dioses y por la restitución de la libertad local. Se ha escrito mucho sobre esto al punto de considerarlo un factor decisivo en las alianzas con los españoles para invadir al Tawantinsuyo. Ni siquiera la práctica de la reciprocidad primitiva pudo detener el deterioro paulatino de las relaciones con sus vecinos conquistados.

Es posible que en los primeros instantes de conquista esta reciprocidad funcionara, incluyendo la conquista de los Chinchas; pero pronto la generosidad y colmar de regalos a los gobernantes antes de ser conquistados se convierte en una pesada carga tributaria y un gasto estatal difícil de asumir y controlar, por lo que se cambia de estrategia por el de la conquista violenta, acentuándose la animadversión y el localismo.

Apenas iniciado el gran proceso de unificación del Tawantinsuyo, con los serios problemas de localismo y regionalismo no resueltos, con repercusiones graves para la administración política y económica del imperio, se estremece el mundo andino con la invasión española (1532) que trastocó desde sus cimientos la estructura social, económica y política de la sociedad.

Pero esa, es otra historia.

III. CONCLUSIONES

  1. Las primeras formas de administración de justicia en las sociedades tempranas están asociadas a un fuerte contenido mágico-religioso y consuetudinario, en las que la primera sanción moral no debió estar lejos de constituirse en un mecanismo de control que se orientaba a solidificar los lazos de solidaridad más que de orden.
  2. En las sociedades intermedias y en especial en aquéllas con Estado fuerte y poderoso, las normas que regulan la vida y las actividades humanas están condicionadas inevitablemente por los intereses de las castas gobernantes y condicionadas por sistemas administrativos teocrático-militares, de modo que la Justicia y el Derecho en general están fuertemente influidas por el dogma sagrado.
  3. La administración de la justicia, el Estado y el Corpus jurídico se organizó sobre la base de las particulares condiciones del desarrollo social, económico y tecnológico de las sociedades prehispánicas, de modo que las reglamentaciones y las instituciones no son más que el reflejo de ese desarrollo.
  4. En el largo proceso de evolución de la cultura nacional puede apreciarse procesos de asimilación, sustitución y yuxtaposición en la administración de la justicia y en la organización de su aparato administrativo; de modo que se puede sostener que el Derecho Inca es la síntesis de los aportes de sus predecesores.

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