FÁTIMA RUIZ

Europa cerró 2018 convertida en plató para una distopía. El emperador Macron, solo ante un Arco de Triunfo profanado por grafitis y una Marianne tuerta y desfigurada por la ‘revolución amarilla’. La reina de Europa, Angela Merkel, cediendo el trono tras despeñarse el centroderecha por el precipicio de las elecciones de Baviera y Hesse mientras la ultraderecha lo escalaba.

Italia, nostálgica de la era Berlusconi, cuando el problema era el bunga-bunga y no unos presupuestos de ciencia ficción capaces de estirar el déficit y la deuda en proporción a la indignación del votante. Reino Unido convertido en Titanic del que hace tiempo saltaron los capitanes del Brexit -Boris Johnson o Nigel Farage, entre los más folklóricos- y en el que Theresa May resiste a duras penas achicando agua mientras los suyos siguen embistiendo contra el iceberg.

El Este, con el que la Unión Europea tiró tabiques en 2007 para ampliar su épica obra de paz y prosperidad, en manos de gobiernos populistas cargados de dinamita para los pilares comunitarios: Hungría renegando del euro y dispuesta a encabezar una cruzada contra las hordas islámicas que, afirma, han puesto sitio al Viejo Continente. Polonia, amagando con jubilar a todos los jueces del Supremo que no le caen bien al primer ministro en la sombra, Jaroslaw Kaczinsky, jefe del gobernante Partido Ley y Justicia.

Y al frente, ondeando la bandera estrellada como símbolo de la Presidencia semestral, Rumanía, bajo la lupa de Bruselas por sobredosis de corrupción, sobre todo tras la decisión del Gobierno de Viorica Dancila -manejado desde el asiento de atrás por el jefe de su partido, Liviu Dragnea, inhabilitado por la justicia- de destituir a la responsable de la oficina anticorrupción, Laura Codruta, azote de funcionarios y políticos con las manos manchadas de dinero negro.

Elecciones europeas

En medio de este sombrío panorama asoman las elecciones europeas de mayo, hacia las que la ultraderecha cabalga con brío. Más de un centenar de escaños de la Eurocámara podrían ir a parar a partidos de esta ideología, que están capitalizando la crisis en el Viejo Continente.

El grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa -en el que figuran Alternativa para Alemania o los Demócratas Suecos- lograría 46 escaños, cuatro más de los que tiene actualmente, según las proyecciones de ‘Politico’. Y el movimiento Europa de las Naciones y de las Libertades, que engloba a los dos puntales tradicionales europeos de la ultraderecha -la francesa Marine Le Pen y el holandés Geert Wilders- pasaría de sus actuales 35 escaños a los 62, una remontada de 27 asientos que el grupo tiene que agradecer sobre todo a la pujanza de la Liga de Matteo Salvini. Sumados ambos bloques, la ultraderecha acumularía 108 escaños, según este sondeo.

El último dique

Tocado, pero no hundido, Emmanuel Macron oficia de último dique ante el tsunami populista, convertida Merkel -la otra pieza del eje francoalemán- en pato cojo. El joven y napoleónico presidente francés -que subió al Elíseo surfeando una gigantesca ola de entusiasmo y ha visto caer su popularidad 27 puntos en un año- atraviesa su hora más oscura, tras haber perdido en diciembre el pulso con los chalecos amarillos, que incendiaron la calle en una rebelión sin cabeza a la que Marine Le Pen está empeñada en prestar la suya.

La venganza de la Francia del diésel, los represaliados del campo y las ciudades pequeñas, contra París y contra un presidente “soberbio” y alejado de sus compatriotas ha dado gasolina a la Reagrupación Nacional de Le Pen y por extensión a sus socios extremistas del Continente, que han querido ver en esas protestas una suerte de Mayo del 68 ultra que les sirva de ariete contra el presidente francés que prometió “un Renacimiento europeo”.

Pescar votos en el caos

Desde partidarios del Brexit duro a los socios de Gobierno italiano, Matteo Salvini y Luigi Di Maio, los populismos europeos han sumado apoyos al desafío de los chalecos amarillos para pescar en el río revuelto del caos. Di Maio llegó a instarles a “no rendirse”, argumentando que “una nueva Europa está naciendo”.

“Tanto en Francia como en Italia la política se ha vuelto sorda a las exigencias de los ciudadanos, excluidos de las decisiones más importantes que afectan al pueblo. El grito que se eleva de las calles franceses es en definitiva ‘dejadnos participar'”, dijo el vicepresidente italiano. “Apoyo a los ciudadanos de bien que protestan contra un presidente que gobierna contra su pueblo, pero expreso una absoluta, firme y total condena a cada episodio de violencia, que no es útil para nadie”, comentó Salvini, uno de los “archienemigos” de Macron junto al húngaro Viktor Orban, según los calificó el propio presidente francés. “Está claro que hoy se está formando una fuerte oposición entre nacionalistas y progresistas, y no cederé ante aquellos que defienden el discurso del odio”, contestaba hace unos meses Macron a las críticas de Orban. “Si quieren verme como su mayor oponente, tienen razones para hacerlo”, sentenció.

Referéndum

Al desafío ha contestado Le Pen con la estrategia de convertir las elecciones europeas en un referéndum contra el presidente, al que describía el pasado día 13 como “un hombre de clan que desprecia a su pueblo” y está al servicio de la casta. Con unas encuestas que repuntaron tras la crisis de los chalecos amarillos y ahora le otorgan un cuarto de los votos, Le Pen presentó envalentonada al cabeza de lista a las elecciones europeas: Jordan Bardella, un joven de 23 años, extracción humilde y el aspecto planchado que se estila en las filas de la nueva política.

Amante del selfie, insoslayable en la era de Twitter, sus redes sociales le retratan junto a otro de los grandes triunfadores de la ola de descontento con la política tradicional: Matteo Salvini, vicepresidente, ministro de Interior italiano y -según los focos presentes y la disponibilidad de disfraz- bombero, trabajador de rescate, carabiniero y lo que haga falta.

‘Primavera Europea’

El 9 de enero, Salvini acudió a Varsovia para impulsar un eje Italia-Polonia que alumbre una “Primavera europea” que ponga coto a la influencia franco-alemana. “Estamos preparando un nuevo equilibrio y una nueva energía en Europa, y Polonia e Italia liderarán absolutamente esta Primavera Europea”. La misión, dijo, es “reemplazar al eje francoalemán dominante”, “salvar Europa” y convertir a los ultras en “segunda, quizá primera fuerza” en las europeas.

La amenaza de ‘Dexit’

Mientras, en Alemania, la extrema derecha de Afd -primer partido ultra en entrar en el Bundestag desde la Segunda Guerra Mundial- llegó a amenazar incluso (y a recular después por orden de su líder, Alexander Gauland) con impulsar un Dexit, la salida del país de la Unión Europea si Bruselas no se plegaba a sus demandas.