Luisa Lara

La tormenta de Júpiter es una enorme tormenta de anticiclón que está confinada en un lugar concreto de la atmósfera de ese planeta, a 20 grados sur, y se mantiene ahí porque el movimiento que hay por debajo de los 20 grados sur es en un sentido y el que hay por encima, más al norte, es en el otro sentido y por eso el anticiclón lleva atrapado en ese lugar cientos de años. A esa enorme tormenta se la conoce también como la gran mancha roja porque es tan grande que es perfectamente apreciable en las fotografías de Júpiter y tiene un tono rojizo. Pero vayamos por partes, lo que debes saber es que la afirmación de que es enorme no es ninguna exageración. El anticiclón tiene un tamaño como de dos veces el diámetro de la Tierra.

Eso comparado con el tamaño de Júpiter no es mucho, claro, porque también este planeta es un gigante. Es el mayor del Sistema Solar solo más pequeño que el propio Sol. Su volumen es 1.317 veces el de la Tierra. Júpiter es un cuerpo gaseoso, tiene una atmósfera permanentemente cubierta de nubes y muy turbulenta. Pero en esa atmósfera lo más llamativo es precisamente la gran macha roja, esta tormenta de anticiclón sobre la que preguntas.

Este anticiclón está monitoreado desde 1830 pero hay referencias a él anteriores. Los vientos que se producen en sus márgenes alcanzan los 400 kilómetros/hora y la materia que lo forma se mueve en sentido contrario a las agujas del reloj.

Es muy probable que existiera antes de 1660 porque ya parece que desde entonces hay referencias a ella, pero como te decía, es a partir de 1830 cuando tenemos dibujos, ilustraciones y, más tarde, fotografías de la mancha roja. La razón de que lleve ahí tanto tiempo es que es muy estable por lo que explicaba al principio: está atrapada entre dos zonas en las que los movimientos del aire son en direcciones opuestas. Se desconoce qué profundidad puede tener pero se supone que llegue a niveles atmosféricos muy profundos.

Imagen compuesta del polo sur de Júpiter visto por la cámara infrarroja de la sonda 'Juno'.
Imagen compuesta del polo sur de Júpiter visto por la cámara infrarroja de la sonda ‘Juno’.NASA

Su tono rojo ha llamado siempre la atención. Se han hecho muchos estudios para adivinar la composición que da origen de ese color. Se ha analizado qué ocurre con algunos compuestos cuando se condensan, si cuando se convierten en particulitas de hielo pudiera ser lo que se diera ese tono. Se pensaba que podía ser la fosfina, un gas compuesto por hidrógeno y fósforo, que se trasforma en rojo, pero cuando se mide la fosfina que hay en el anticiclón sus valores no son muy distintos de la que hay en otros sitios… Podría deberse también a compuestos de amoniaco pero la verdad es que no lo sabemos. La razón de su color rojo sigue siendo una incógnita.

Otra cosa muy curiosa es que este gran anticiclón tiene dentro otros anticiclones, es decir, que hay procesos que lo fragmentan y producen más anticiclonitos. Pero para responder a tu pregunta, se trata de un fenómeno puramente meteorológico que no influye nada en el campo magnético, ni tampoco el campo magnético influye en él. El campo magnético es un fenómeno que se produce en el núcleo del planeta y ese núcleo está en el interior muy profundo. Y la mancha roja está a 67.000 kilómetros de altura si medimos desde el centro del planeta.

A Júpiter, esa tormenta no le afecta para nada. Si allí hubiera seres vivos sí podrían estar afectados, como ocurriría si en la Tierra hubiera una tormenta monstruosa y constante, pero al planeta no le molesta, no tiene efecto ninguno.

Un aspecto interesante es que cambia. De hecho, con la misión Juno que lanzó la NASA en 2011 precisamente para el estudio de Júpiter, se ha visto que la gran mancha roja parece estar encogiéndose, se está haciendo más pequeña. Eso puede deberse a que el movimiento de material que hay por encima y por debajo de ella esté aumentando. Las franjas de nubes por encima y por debajo están creciendo y están apretando a la gran tormenta anticiclónica. Pero es algo temporal, el cambio no es tal que vayamos a dejar de verla de aquí a unos meses. Lo que también cambia es la intensidad del color debido a lo que ocurre con los anticiclones más pequeños que se forman dentro de él: a veces se fragmentan, a veces se unen y eso cambia la apariencia general.

Luisa Lara es astrofísica, experta en atmósferas planetarias, e investigadora científica en el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC.