¿Por qué el kitsch no es algo subjetivo?

Kitsch es lo que comúnmente y por extensión llamamos “mal gusto”. Pero en realidad es un término que desde su confusa etimología hace referencia a las cosas falsas o de mala calidad.

Lo interesante es que no se trata de un “mal gusto” subjetivo, arbitrario. No es un “lo que me gusta a mí es de buen gusto y lo que le gusta a la mayoría es ordinario”.

El kitsch no es subjetivo porque hay cualidades objetivas (que tienen las cosas en general y el arte en particular) que nos permiten determinar si algo es kitsch o es de calidad. Si algo es valioso o es vulgar, “barato”, intrascendente.

 

¿Por qué es importante saber distinguir entre lo kitsch y aquello no lo es?

Dedicamos nuestra vida a perseguir la belleza. No sólo la belleza estética, sino también aquella que tiene que ver con el bien, con la verdad, con las cosas que logran conmovernos. Lo que nos hace sentir vivos. Lo que nos hace sentir humanos.

Desde que el ser humano se dio cuenta de que se va a morir, que la vida es dolorosa, dura, hostil, absurda y encima se termina, la única manera de luchar contra la angustia existencial, la manera de sobrevivir, de hacer que la vida valga la pena, fue desarrollar algo que solo desarrolló el ser humano y su conciencia: la visión poética. La capacidad de darle un significado distinto, valioso, al hecho de que nacemos, nos reproducimos si podemos, y morimos.

Con la visión poética, la vida pasar a ser algo más que eso, algo que vale la pena.

Nos pasamos la vida desarrollando y enriqueciendo nuestra visión poética. Y la alimentamos a través del arte. Y si nos pasamos la vida persiguiendo la belleza, lo valioso, qué mejor entonces que dedicar un momento al estudio de aquello que es todo lo contrario.

 

¿Cómo se puede definir el kitsch?

Tratemos de llegar a definirlo en una sola frase general, para después ahondar en las cualidades que sustentan esa definición.

Intuitivamente, cuando pensamos en kitsch, cuando pensamos en qué nos hace decir “eso es de mal gusto”, pensamos en cosas que quieren llamar groseramente la atención, en romanticismo dulzón, en nuevos ricos que ostentan de manera obscena su riqueza, en la sobredecoración llena de cosas inútiles, en las baratijas.

¿Y cuál sería patrón común a todas estas cosas, y a todo aquello englobado en el universo del mal gusto?

Si tuviéramos que definirno en sólo tres palabras, eligiríamos éstas: “Lo no auténtico”.

En otra definición, que no es tan general y a su vez complementa la anterior, podemos decir que “kitsch es aquello que busca de manera artificial y grosera satisfacción emocional de la mayoría”.

 

Elementos y cualidades que hacen al universo del kitsch.

A continuación intentaremos hacer un listado de los elementos que conforman el universo kitsch donde se desarrolla nuestra vida. Elementos que encontramos de manera aislada o combinándose entre sí para dar como resultado engendros empalagosos, que a su vez y paradójicamente pueden resultarnos encantadores:

 

  • Lo artificial.
  • La “imitación estilo” y toda imitación en general.
  • Mucho de lo que tiene un sentido “aspiracional” (como los rituales y ceremonias con las que aspiramos a ser parte de una clase social a la que no pertenecemos).
  • Lo producido en masa para abaratar costos (el extremo son las baratijas).
  • Lo mezclado artificiosamente (un cenicero con un Cristo, un teléfono con forma de hamburguesa).
  • La búsqueda grosera de la satisfacción de la mayoría o de una emoción forzada (lo que solemos llamar “golpe bajo”).
  • Lo “decorativo” cuando tiene más aspiraciones que la de ser meramente decorativo.
  • El confort o el lujo desmesurados, más allá de lo funcional (qué buena frase aquélla que dice “El lujo es vulgaridad.”).
  • La acumulación.
  • La ostentación.
  • El arquetipo.
  • Lo exagerado.
  • La sobredecoración (más aún si ese exceso está dado por cosas inútiles y dulzonas).
  • Las cosas hechas solo para agradar y vender a mayor cantidad de personas posibles (un ejemplo claro son los grupos musicales “armados”, “fabricados desde las productoras”, que sustituyeron a las bandas que solían nacer con unos chicos ensayando en un garage”).

 

¿Y qué hacemos con la conciencia del kitsch? ¿Qué hacemos con el universo kitsch en el que estamos inmersos?

La conciencia del kitsch es crucial para el proceso creativo y para el disfrute, pero no necesariamente para eliminar el mal gusto de nuestra vdia cotidiana.

Tengamos en cuenta algo que desarrollaremos en las siguientes publicaciones de esta trilogía: la cualidad de kitsch indica que algo no es original, no es algo valioso, pero no necesariamente sea malo o no nos guste por ello.

Es como comer una golosina hecha con un montón de grasas saturadas, conservantes y deliciosos saborizantes artificiales. Mientras sepamos que esa golosina no es sana, y que hay otras cosas en la vida menos artificiales, más sanas y más sabrosas aún, podemos disfrutarla sin culpa.

¿A quién no le gusta ir a esas fiestas ostentosas donde los invitados están obligados a vestir como una clase social a la que no pertenecen?

El kitsch, con conciencia, tiene su encanto. Definitivamente.

Y, utilizado a conciencia, en el arte ha producido obras valiosas, que enriquecen la mirada del ser humano, haciéndole reflexionar sobre el mundo en el que vive inmerso: ese mundo materialista y artificial que él mismo ha creado.