Juan Calderón Baiocchi

José Ignacio López Ramírez-Gastón tiene una rocola de los años 50 en su sala. A esta ha incorporado sus propios discos de rock. Y en su mesa de centro tiene una consola de Atari que ha hackeado para proyectar la imagen de los juegos en un ecran. Cerca se aprecia también artículos de filmes de ciencia ficción, estantes de vinilos y una computadora.Además, es un cyborg, un ser vivo que ha incorporado la tecnología en su cuerpo. Tiene una placa de metal en la cara que le fue colocada tras un accidente que sufrió en Ohio, lo cual cobra mayor sentido si consideramos que ha explorado las posibilidades de las máquinas en 30 años como músico. Rodeados de elementos tecnológicos del pasado y artefactos construidos por él para experimentar con el sonido, conversamos sobre su último libro La guardia nueva. Visiones sobre la música electrónica en el Perú (Instituto de Etnomusicología, 2019). “Soy un retrofuturista”, dice.

¿Cuáles fueron tus primeras escuchas, las que te hicieron interesarte en la música?

Me metí en la música a través del rock a fines de los 70 e inicios de los 80. Me volví fan de Kiss cuando era chibolito. Me emocioné y estuve muchos años coleccionando rock.

Y luego vino tocar.

El primer instrumento que aprendí fue la guitarra. Yo era metalero, al mismo tiempo compraba revistas extranjeras sobre música en Miraflores. Una era Keyboard, de música y tecnología. La primera vez que vi una foto de un sintetizador conectado a una computadora, en el 80, me volví loco. Me dije ‘esto es una película futurista’.

Tienes figuras de Star Wars colgadas en tus paredes. ¿Tu carrera ha sido imaginar el futuro pero a través de la música?

Soy fanático de la ciencia ficción desde niño. Y al hacer música, iba a llevar a eso. Lo de las máquinas futuristas me ha acompañado, pero en cada etapa de mi vida es diferente. Ahora me apoyo en mi celular para hacer música. He hecho música con sonidos del Gameboy.

¿Y tu viaje a EE.UU. influye en esa forma de hacer música?

Vivir solo en EE.UU. hizo que me volviera un músico aún más individualista. No tenía amigos. Todo lo hacía en casa. Entonces, comencé a comprar más máquinas.

Tu reciente libro plantea el problema de la identidad peruana en la música.

Tenemos problemas para tener música de identidad peruana porque esa música se desarrolla como resultado de interacciones, pero nosotros hacemos una receta de lo que es peruano. Si no usas esos elementos, no es peruano.

¿Por eso el libro se llama La guardia nueva…?

Sí, estamos obsesionados con las guardias viejas, con representaciones de peruanidad en otros momentos de la historia. Pero los músicos criollos de antaño se apropiaban de lo que venía del exterior y hacían productos nuevos.

Tenemos una mirada angosta.

Somos ultrarrecatados, ultrapuritanos, ultratradicionales, súper convencionales, ultranacionalistas. Todos esos discursos no permiten una libertad expresiva. Por eso no existe un producto nacional que salga al extranjero. Dime 10 bandas argentinas y me las puedes dar; lo mismo con Brasil, México. Eso no pasa acá. No nos liberamos expresivamente. Necesitamos educación para liberarnos de prejuicios musicales.

¿Un artista debe preocuparse por hacer música que sea considerada peruana?

Es el otro tema. Nadie habla de nacionalismos en Europa, quedó atrás. Tu identidad debe expresarse naturalmente, sin ideología nacionalista. No es obligación de un músico, tiene derecho a expresarse sin necesidad de tomar una posición politizada nacional. Nadie está haciendo el himno nacional. Y eso no te hace menos peruano. La música nacional no es la que hace una declaración nacionalista, es la que hacen los peruanos.

¿Has sentido ese problema identitario a nivel personal?

De Barcelona llegué al colegio hablando como español a los 6 años. Me consideraban un símbolo de la conquista horrorosa del imperio incaico. Mi mamá es peruana, mi abuela ayacuchana, pero de familia judía mezclada con italianos, alemanes. Tengo un arroz con mango. El Perú es un arroz con mango, pero en el que tratamos de declarar purezas identitarias que no existen.

Según el libro, la cumbia y la chicha no tuvieron problemas al incorporar las máquinas…

La cumbia fue más inteligente. Aprovechó mejor el desarrollo. Los Shapis son más representativos de una especie de collage cultural cosmopolita de la época que algunas bandas de rock. En ese sentido, el rock peruano es más anticuado. Los Shapis parecen ABBA, tienen la cultura disco, electrónica, usan sintetizadores.

Quería tu opinión sobre el supuesto dilema del festival Vivo x el Rock, que reunirá a bandas de rock y de cumbia.

No veo un problema. Lo que es medio raro es que el nombre sea Vivo x el Rock. Las bandas siempre han tocado juntas. Muchas bandas de cumbia fueron formadas originalmente por rockeros.

¿Por qué escribir libros sobre el metal o la electrónica?

Tenemos que entender todo lo que sucede musicalmente en nuestro país. A mí me interesa resaltar aquellos ambientes a los que no se les ha prestado atención. A mí me dicen “o eres metalero o haces música electrónica”.

Te interesa lo que desafía lo convencional, lo fronterizo.

Por eso viví feliz en la frontera entre San Diego y Tijuana. Entre dos mundos diferentes. Con la maestría en Música, todo bien, pero que sea en Música por Computadora, no, eso no puede ser…

Al tocar con tu laptop, ¿te han dicho que no eres músico?

Aún me lo dicen. No nos hemos adaptado al desarrollo de las máquinas. Nadie te acusa de flojo por usar tu celular para llamar, pero si usas una laptop para componer o tocar, estás haciendo trampa. Hay que aceptar todas las facetas: la música física, mecánica, digital. Toda me gusta.

AUTOFICHA:

– “Soy licenciado en Estudios Comparados, magíster y doctorando en Computer Music por la Universidad de California. Dicto un curso de música de la África Subsahariana en la maestría en Musicología de la PUCP. En 2018 publiqué el libro Espíritu del metal. La conformación de la escena metalera peruana (1981-1992)”.

– “Soy metacompositor. No compongo una pieza, sino compongo algo que compone una pieza. He hecho un programa que de forma aleatoria hace música con elementos y patrones que introduzco en la laptop. Eso no lo entienden. Es como la última trampa a la humanidad”.

– “Estoy a cargo de los Talleres de Electroacústica del Conservatorio (hoy Universidad Nacional de la Música) y estamos organizando el Laboratorio de Electroacústica y Arte Sonoro. Debería ser un canal para desarrollar lo relacionado a arte sonoro. Un músico integral contemporáneo debe saber de todo”.