PABLO BULCOURF

Universidad Nacional de Quilmes y Universidad de Buenos Aires

ENRIQUE GUTIÉRREZ MÁRQUEZ

Universidad Iberoamericana de México y Universidad Nacional Autónoma de México

NELSON CARDOZO

Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Quilmes.

* Los autores agraden especialmente los comentarios y sugerencias recibidos de los evaluadores anónimos de este trabajo.


RESUMEN

Este trabajo analiza la constitución del campo de estudios sobre historia y desarrollo de la ciencia política en América Latina durante estos últimos diez años. Varios estudios se han propuesto dar cuenta de este proceso, lo que demuestra el crecimiento que ha tenido la disciplina en la región. En este trabajo se hará hincapié en los principales actores y su producción científico-académica, como así también en los procesos de institucionalización y profesionalización de la ciencia política. Este artículo se propone clasificar estos estudios desde las primeras aproximaciones exploratorias hasta la elaboración de trabajos descriptivos más acabados, de corte comparativo, para arribar a las nuevas tendencias actuales que intentan realizar un abordaje “metateórico” con aportes de la epistemología, la sociología del conocimiento y la historia de la ciencia.


 

I. UNA INTRODUCCIÓN: ENTRE POSICIONES Y ESPEJOS

En este artículo intentamos dar cuenta del desarrollo de los estudios sobre la historia de la ciencia política en América Latina, entendiendo a estos como un campo de reflexión interdisciplinario, pero también cual una subárea que se ha ido constituyendo dentro de los propios cultores de la disciplina. Es por lo tanto una reflexión sobre la propia práctica de los politólogos que intentan analizar su quehacer cotidiano en un sentido histórico.

Esto nos presenta una cartografía dinámica en varias direcciones, ya que expresa diferentes posicionamientos.1 Por un lado nuestra concepción de la ciencia en tanto una producción humana colectiva cuyo principal objetivo es elaborar conocimientos, los que generan consecuencias deseadas o no por sus cultores. Del modo que solía expresar al comienzo de la modernidad Francis Bacon: “conocer es poder”; siendo esto igualmente válido para las ciencias naturales como para las sociales y humanísticas. Tanto la forma en cómo se lleva a cabo este y su refracción en las diferentes instancias sociales es materia de fuertes controversias agudizándose esta expresión en nuestras disciplinas (Giddens, 1987; Bulcourf y Vázquez, 2004; Gaeta et al. 2007). La actividad científica no es neutral aunque intente plantearse la objetividad a modo de meta. La ciencia política presenta la particularidad de pretender estudiar lo que “hacen los poderosos”, sus organizaciones e instituciones al igual que los procesos que acarrean fuertes relaciones de poder; este y su capacidad transformadora son su materia prima (Bulcourf, 2007; Gutiérrez Márquez, 2009 y 2014; Bulcourf et al. 2014).

Este señalamiento también está presente en el propio estudio del campo disciplinar; la forma en la cual lo abordamos, los indicadores que privilegiamos, los actores que nombramos y los silencios que se producen modelan la reconstrucción de la historia de la ciencia política.2 Los espejos en los cuales nos miramos generan un juego de imágenes que se traducen en una polifonía de voces que articulan modelos disciplinares del mismo modo en la cual es concebido el prestigio dentro del propio campo. Si bien la teoría produce poderes como expresaran hace unas décadas Robert Alford y Roger Friedland, la historia de la ciencia política ayuda a modelar en parte a la disciplina y su proyección social (Alford y Friedland, 1991).

Intentar acallar la propia “política de la ciencia política” es tomar partido tácito por algunas concepciones que pretenden constituirse en visiones únicas tanto de la forma en la cual debería producirse el conocimiento como también por los efectos de este sobre la “realidad” que pretende estudiar (Ravecca, 2010 y 2014).3 No debemos olvidar las particularidades de las sociedades latinoamericanas, principalmente aquellas vinculadas a la pobreza y a la extrema desigualdad económica y cultural igualmente se expresan en la disposición de los recursos efectivos del poder. Esto cruza irremediablemente a la ciencia política, nos demos cuenta o no. Debemos descartar cierto manto de inocencia en la forma en que concebimos a nuestra disciplina sin caer en teorías conspirativas. El aspecto normativo del conocimiento se presenta en todo su proceso sin por ello invalidar su construcción siempre parcial y posicionada (Bulcourf, 2007; Bulcourf y Cardozo, 2013; Bulcourf et al. 2014). Nuestra propia visión sobre este campo se asemeja más a un poliedro de múltiples caras que a una esfera; las ideas de diversidad, pluralidad y complejidad cimientan nuestra concepción de la disciplina.

II. UNA PEQUEÑA CAJA DE HERRAMIENTAS

El marco teórico empleado se presenta en forma básica y elemental circunscrito dentro de los denominados “estudios metateóricos” o sea un modo de abordaje que parte y reclama la necesidad de una confluencia interdisciplinaria para dar cuenta de la propia producción científica.4 Aquí son necesarias un conjunto de miradas provenientes de la epistemología, la historia de la ciencia, la sociología del conocimiento y la deontologia,5 teniendo claramente en cuenta que al establecer coordenadas temporales esto nos lleva también irremediablemente hacia la reflexión historiográfica6 (García Selgas, 1994; Bulcourf, 2007).

Las ciencias sociales constituyen una actividad humana de carácter cognitivo que se desarrolla en un contexto sociohistórico, esto quiere decir que su principal objetivo -y no el único- es la producción de conocimientos sobre cierta porción de “realidad” que define como “social” y que constituye su objeto de estudio (Bulcourf et al, 2014). Al ser un quehacer humano es histórico y posee su “propia historia”. Al ahondar como práctica “las propias prácticas de las personas” se entrelaza en una doble hermenéutica en donde sujeto y objeto de conocimiento no pueden ser tajantemente separados; situación que comparte con las otras ciencias sociales (Giddens, 1987 y 1998).7

La actividad científica sistemática producida desde la modernidad se encuentra anclada dentro de lo que denominamos “comunidad científica”, la que presenta, acorde a cada disciplina y momento histórico, diferentes grados de heterogeneidad u homogeneidad. La diversidad es un rasgo distintivo de todo quehacer académico. Esto no debe ser visto como un defecto o retraso en el desenvolvimiento de la acción cognitiva, sino algo propio de su desarrollo. En disciplinas que reflexionan sobre la estructura social, el poder, las instituciones y los sistemas de dominación que han implementado los hombres, todo intento de hegemonía cognitiva es perjudicial para comprender la complejidad de lo político-social y tiende a callar voces disidentes (Bourdieu, 2003 y 2008; Gutiérrez Márquez, 2014).

En este pequeño trabajo intentaremos describir históricamente cómo se fue construyendo dentro de la ciencia política latinoamericana una subárea de estudios tendientes a la reflexión sobre la disciplina, y que tanto la historia de esta como de su propia interpretación se encuentra enmarcada en un determinado contexto que la condiciona y con la cual interactúa. Para ello haremos referencia a los principales actores, su producción académica básica (libros y artículos científicos) y la realización de eventos y construcción de redes (Bulcourf et al. 2014). La idea de establecer ciertas “etapas cronológicas” no debe ser vista cual algo preciso, sino simplemente como un elemento temporal que nos permite ubicar ciertos problemas y estrategias para abordarlos, las cuales muchas veces quedan superpuestas e intercaladas.

Debido a las restricciones materiales de este artículo y la necesidad de establecer parámetros diacrónicos en los países de la región seleccionados, nuestra metodología es básicamente cualitativa, centrada en análisis bibliográficos, documentación institucional, archivos académicos y entrevistas focalizadas a un conjunto de expertos del campo de la ciencia política.8

III. LOS ESTUDIOS SOBRE LA CIENCIA POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA

Los estudios que intentan reflexionar acerca de la historia de las ciencias sociales en América Latina comenzaron a realizarse en forma sistemática en los años cuarenta, aunque centrados principalmente en la sociología, la que tendrá un gran desarrollo durante las tres décadas siguientes. A modo de ejemplo podemos mencionar algunas obras pioneras como Historia de la sociología en Latinoamérica de Alfredo Poviña aparecida en 1941 y dos décadas después La sociología científica. Apuntes para su fundamentación de Gino Germani al que le seguirá un interesante artículo publicado en 1968 “La sociología en la Argentina”, por el mismo autor. Esta secuencia de trabajos nos sirve como ejemplo temprano de lo que irá aconteciendo dentro de la ciencia política a partir de los años ochenta. El libro de Poviña es un estudio descriptivo elemental sin una profunda reflexión teórico-metodológica; por su parte, el primero de los escritos de Germani posee un carácter más sistemático y profundo, pero todavía carece de una matriz interpretativa más explicativa. Sin embargo, el breve artículo de Germani clasifica etapas vinculándolas con los procesos políticos, económicos y sociales, y presenta un mecanismo explicativo de las tendencias dentro de los estudios sociológicos y de las perspectivas que esta va a ir adoptando. De esta forma podemos apreciar como los estudios disciplinares van estableciendo cierta “madurez” y profundidad a partir del incremento de la práctica reflexiva y con la incorporación de elementos que son deudores de la epistemología, la historia de la ciencia y la sociología del conocimiento (Poviña, 1941; Germani, 1962 y 1968).

El desarrollo de las visiones críticas, muchas de ellas vinculadas con el marxismo latinoamericano o con concepciones reactivas a la sociología de la modernización van a ir trazando nuevos interrogantes acerca de las ciencias sociales en la región, permitiendo agudas reflexiones sobre el papel social de la ciencia, su función en el cambio societal y principalmente acerca el rol del intelectual y su compromiso con la sociedad. Si bien la sociología seguirá liderando estas reflexiones comienzan algunos trabajos que van a ir especificando los campos de la sociología política y de la politología; como La ciencia política latinoamericana en la encrucijada de Marcos Kaplan o los artículos “La crisis de las ciencias políticas latinoamericanas” de Torcuato Di Tella -aparecidos en la revista Desarrollo Económico en 1971- expresan las tensiones entre la disciplina entendida en términos norteamericanos y las de la región, con sus dificultades, y con las particularidades de una ciencia poco institucionalizada que muchas veces es concebida dependiente del derecho público.9 En este mismo año también aparece el artículo de Lorenzo Meyer “La Ciencia Política y sus perspectivas en México” el que tratará de hacer un pequeño esbozo disciplinar en su país profundizado junto a Manuel Camacho en 1979 con la aparición de “La Ciencia Política en México; su desarrollo y estado actual” como parte de la obra colectiva Sociología y Ciencia Política en México: un balance de veinticinco años bajo la compilación de A. Ledda Arguedas y M. Camacho (Bulcourf y D’Alesandro, 2003; Bulcourf, 2007; Bulcourf et al. 2014; Meyer, 1971, 1979).

Como podemos apreciar México, por la continuidad del régimen político, debido a la permanencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder por más de setenta años, será el país en donde las ciencias sociales tendrán mayor estabilidad más allá de la falta de competencia electoral libre. Esta formación política de fuerte ambigüedad ideológica reclamará un carácter revolucionario y progresista a pesar de sus rasgos autoritarios generando condiciones favorables a estos campos del saber y al mercado editorial. Acercándonos a la década de los noventa comenzarán ciertos estudios a profundizar su mirada sobre nuestras disciplinas y algunos de ellos, acerca de la organización y desarrollo de la ciencia política. Entre algunas de las obras podemos mencionar Las ciencias sociales en México de Raúl Benítez Centeno, Desarrollo y organización de las ciencias sociales en México de Francisco Paoli Bolia; Historia, presencia y conciencia, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (1951-1991) de Sergio Colmenero y La Sociología en México: Temas, campos científicos y tradiciones disciplinarias de Alfred Andrade Carreño. En dichas obras podemos observar un interés por mantener la “unidad” de las ciencias sociales con una mirada predominante de la sociología. Merecen una especial mención el artículo “La ciencia política académica mexicana” de Enrique Suárez Iñiguez publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales y el libro La licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de Francisco Díaz Casillas, acompañado con la compilación de Mauricio Merino La Ciencia Política en México, trabajos que van señalando el proceso de autonomización disciplinar (Benítez Centeno, 1987; Paoli Bolio, 1990; Colmenero, 1991; Andrade Carreño,1998; Suárez Iñiguez, 1992; Díaz Casillas, 1991; Merino, 1999; Alarcón Olguín, 2011; Gutiérrez Márquez, 2014).

En Brasil predominó fuertemente una concepción tripartita de las ciencias sociales conformada por la tríada disciplinar de la antropología, la sociología y la ciencia política, con predominio de las dos primeras; esto se expresó en los estudios de pregrado donde todavía hoy prevalece esta unidad, comenzando el proceso de autonomización a nivel de posgrado (Bulcourf y Cardozo, 2010; Cardozo, 2014). La necesidad de dar cuenta de la historia y desarrollo de nuestro campo también se articuló en un primer momento en relación con las otras ciencias sociales. Fue la Associação Nacional de Pós-graduação e Pesquisa em Ciências Sociais (ANPOCS) creada en 1977, la que inicia una serie de publicaciones con volúmenes específicos para cada campo, editando en 1999 O que ler na ciência social brasileira (1970-1995) cuyo tercer tomo concierne a la producción politológica bajo la coordinación de Sergio Miceli. En esta obra, diferentes expertos analizan los procesos de institucionalización como también la producción en las diferentes áreas disciplinares; este proyecto, más adelante veremos que se retomará años después (Reis, 2002; Lessa, 2010).

El estudio de la historia de la disciplina en la Argentina ha sido muy disperso y fragmentado hasta la primera década del siglo XXI. Los primeros trabajos exploratorios que podemos mencionar son el documento La ciencia política en la Argentina: de la inestabilidad a la transición realizado por Cleria Guiñazú y María Gutiérrez difundido durante el Congreso Mundial de Ciencia Política realizado en Buenos Aires en 1991, publicado un año después en la revista Doxa; el trabajo inédito de Marcelo Cavarozzi y Ricardo Martínez Nogueira Ciencia Política; y el artículo de Luis Aznar y Luis Tonelli “La ciencia política en el fin de siglo. Aportes para (re) iniciar una discusión” de 1993. Estos estudios constituyen pequeños ensayos que apenas inician la articulación de datos en un eje temporal (Bulcourf, 2007, 2012 y 2014; y Bulcourf y D’Alessandro, 2003). Desde sus inicios en el año 1996, la revista PostData ha intentado reconstruir la historia politológica en la Argentina a partir de una serie de entrevistas realizadas principalmente a directivos de carreras de grado y posgrado en ciencia política. En el año 2002 aparece el libro Ciencia Política en Argentina. Dos siglos de historia compilado por Arturo Fernández y el artículo “La ciencia política en la Argentina. Desde sus comienzos hasta los años 80” de Pablo Bulcourf y Martín D’Alesandro en la Revista de Ciencias Sociales; trabajo que un año después será publicado con ampliaciones y modificaciones como un capítulo del Manual de Ciencia Política compilado por Julio Pinto. En el mismo año aparece Usos de la transición a la democracia. Ensayo, ciencia y política en la década del 80 de Cecilia Lesgart, un detallado estudio, desde un enfoque vinculado a la historia intelectual, sobre los trabajos que trataron de dar cuenta del proceso de democratización en la Argentina.10

En los ochenta comienzan las reflexiones sobre la ciencia política en Colombia, en 1983 se publica el estudio colectivo La Ciencia Política y la Universidad de los Andes, publicándose un año después Estado y Política en Colombia de Francisco Leal Buitrago. En la década siguiente aparece la compilación de Rubén Sánchez El Estudio de la Ciencia Política en Colombia y en el año 2000 Francisco Leal Buitrago y Germán Rey editan Discurso y razón. Una historia de las ciencias sociales en Colombia. Un año después André-Noel Roth Deubel y Lydia Teresa Córdoba Hoyos compilan La Ciencia Política en la Universidad del Cauca: Ponencia y Discursos de los Actos Conmemorativos, 1996-2001.

Las reflexiones sobre estos campos en Chile van a arrojar algunas obras interesantes de temprana aparición como Las Ciencias Sociales en Chile al inicio de los ochenta: situación, problemas y perspectivas de Manuel Antonio Garretón; La sociología en Chile: instituciones y practicantes de Alicia Barrios y José Brunner de 1988 y La evolución de las Ciencias Sociales en Chile y su internacionalización: una síntesis del primero de los autores de 1989. La década siguiente nos presentará trabajos como Las Ciencias Sociales en el proceso de democratización de Ricardo Lagos, Norbert Lechner y Gert Rosenthal (aparecida en 1991) y el comienzo de algunas pequeñas contribuciones específicas sobre la ciencia política como “Ciencia política, administración pública y democracia” de Alfredo Rehren de 1993 en el Boletín de la Asociación Chilena de Ciencia política, o el artículo de Alberto Sepúlveda “El desarrollo de la Ciencia Política en Chile” de 1996 en la revista Política. A comienzos del nuevo siglo se van perfilando estudios como “Ciencia política e historia” de Eduardo Cruz-Coke y “El Estado de bienestar en Chile” de Carlos Huneeus y María Paz Lanas en la revista Historia en 2002 y al año siguiente los trabajos de María de los Ángeles Fernández Ramil “¿Sombras nada más? Estado, mercado y ciencia política en el Chile contemporáneo” en Anuario de Ciencias Políticas y “Twenty years of the Chilean Political Science Association” en Participation (Barros y Brunner, 1988; Lagos et al, 1991; Viacava, 2012).

Será bajo la iniciativa chilena que estos estudios tomarán un nuevo rumbo en la región, permitiendo un desarrollo más sistemático, una investigación descriptiva intensa y, sobre todo una mayor conexión e internacionalización de la información que permitirá la paulatina constitución de redes de trabajo e intercambio. Esto tendrá lugar con la publicación del número especial de la RCP. Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile, en donde varios politólogos tratarán de dar cuenta de las especificidades nacionales de la disciplina, pero contando con un artículo inicial de David Altman, editor del número, bajo el título de “La institucionalización de la ciencia política en Chile y América Latina: una mirada desde el sur”. En este pequeño trabajo se comienzan a trazar algunos lineamientos comparativos que guiarán los estudios en este período que se inicia en 2005 y que podríamos caracterizar como una tendencia hacia las “descripciones densas” de corte bibliométricos y que derivarán en algunos estudios de matriz comparativa11 (Altman, 2005; Bulcourf et al. 2014).

Esta nueva etapa se va a caracterizar por un incremento de los estudios sobre historia y desarrollo de la ciencia política en los diferentes países de la región, la aparición de proyectos de investigación reconocidos para abordar la temática, lo que permitió la realización de trabajos empíricos con datos primarios basándose en el estudio de la producción editorial (principalmente revistas), el desarrollo del nivel institucional analizando las carreras de grado y posgrado y las características y producciones de los diferentes eventos y congresos nacionales. Esto dio lugar a la disposición de mayor información y especialmente su circulación entre la comunidad académica y el conjunto de politólogos que poco a poco se vieron interesados en comenzar a realizar este tipo de trabajos.

En México vamos a asistir a un conjunto de publicaciones relevantes como Teorías y problemas contemporáneos, Reflexiones desde la ciencia política bajo la coordinación de María Romero Ortiz y Karla Valverde Viesca de 2009; y un año después el libro ¿Cómo investigamos? compilado por Carlos Ballegos Elías y R.M. Lince, en donde aparece el estudio específico de Enrique Gutiérrez Márquez “La Ciencia Política Académica en México, campo de interacciones sociales”; y en 2010 el trabajo “Ciencias Políticas” junto a Patricio Marcos en la compilación de Lourdes Chehaibar Náder, La UNAM por México. En 2011 se publica La ciencia política en México: trayectorias y retos de su enseñanza de Víctor Alarcón Olguín y la organización de mesas especiales en diferentes eventos como los dos Congresos Internacionales de Ciencia Política organizado por la AMECIP en los años 2013 y 2014. La obra más relevante de este período es La Ciencia Política en México Hoy: ¿Qué sabemos? de 2013 bajo la coordinación de Francisco Reveles, un libro donde escriben los principales referentes de diversos ejes disciplinarios. Esta obra representa una referencia indiscutida para comprender las características de este campo del saber en México (Gutiérrez Márquez, 2009, 2010; Alarcón Olguín, 2011).

En el Brasil se ha destacado principalmente la labor realizada por la Asociación Brasileña de Ciencia Política (ABCP) que a partir del Congreso Brasileño realizado en Recife dará paso a la creación del área temática -AT- de “Enseñanza e investigación en ciencia política” que ha venido teniendo lugar desde hace tres congresos de esta asociación, coordinado inicialmente por Leticia Pinheiro y actualmente por Lorena Barberia y por Marcos Valença. Por su parte la Associação Nacional de Posgraduação e Pesquisa em Ciências Sociais (ANPOCS) retoma su iniciativa de fines de los noventa publicando en 2010 Horizontes das ciências sociais no Brasil bajo la compilación de Carlos Martins y Renato Lessa, en donde se vuelve a pasar revista sobre el desarrollo de estas disciplinas (Cardozo, 2014). Actualmente la asociación brasileña se encuentra llevando a cabo un proceso de reconstrucción de la trayectoria disciplinar denominado Ciência Política no Brasil: história, conceitos e métodos, el cual cuenta con el apoyo de la Fundación Ford. Este emprendimiento se propone producir por medio de entrevistas y los datos recolectados una sistematización de los principales conceptos y metodologías desarrollados por los investigadores y profesores de ciencia política en el Brasil. Se busca abarcar tanto los conceptos y métodos reapropiados a partir de los politólogos internacionales y difundidos en Brasil, como aquellos desplegados en forma autóctona, particular y original por los cientistas de aquel país.12

En la Argentina se comenzaron a profundizar estos estudios en una serie de investigaciones reconocidas institucionalmente bajo la dirección de Cecilia Lesgart en el Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) con sede en la Universidad Nacional de Rosario y de Pablo Bulcourf en la Universidad Nacional de Quilmes y en la Universidad de Buenos Aires. La Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) tendrá un rol central en brindar un espacio de debate y discusión sobre esta temática en sus respectivos congresos nacionales y en otros eventos específicos publicando una serie de trabajos como La Ciencia Política en la Argentina: Base de datos I de 2007 bajo la compilación de Arturo Fernández, Pablo Bulcourf y Lucas Jolías; Desarrollo, competencias y prácticas profesionales: una evaluación del Estado de la Ciencia Política en la Argentina I, compilado por Pablo Bulcourf, Lucas Jolías y Nelson Cardozo de 2008; Desarrollo, competencias y prácticas profesionales: una evaluación del Estado de la Ciencia Política en la Argentina II de 2009 compilado por Pablo Bulcourf, Lucas Jolías y Nelson Cardozo. Por otra parte, en 2011, se publica la compilación Tendencias en la producción del conocimiento sobre política comparada en América Latina de Mirta Geary, Juan Lucca y Cintia Pinillos. Cabe destacar que este libro junto a otros trabajos de estos autores forma parte de un conjunto de investigaciones y actividades llevadas a cabo en la carrera de ciencia política de la Universidad Nacional de Rosario vinculadas a su vez con la Red Latinoamericana de Carreras de Ciencia Política (RELACIP) (Lesgart, 2007 y 2008; Bulcourf, 2012; Bulcourf y Cardozo, 2013; Bulcourf et al. 2014).

En Colombia, Julián Cuéllar Argote publica en 2007 el artículo “Un diagnóstico a la enseñanza de la Ciencia Política en Colombia” en la revista Civilizar. Posteriormente se desarrollaron varias indagaciones que se cristalizaron en el 1er. Encuentro de Facultades y Programas de Ciencia Política organizado por la Asociación Colombiana de Ciencia Política (ACCPOL) que se llevó a cabo en la ciudad de Medellín durante noviembre de 2012; publicados en la compilación La ciencia política en Colombia: ¿una disciplina en institucionalización? bajo la edición de Santiago Leyva Botero. Pocos trabajos en la región han abordado el tema con la profundidad de esta obra colectiva, la que constituye tanto la culminación de una etapa como la necesidad de construir una bisagra en las preguntas y miradas que realizamos sobre la ciencia política.

Con la aparición del artículo pionero de Adolfo Garcé “La ciencia política en Uruguay: un desarrollo tardío, intenso y asimétrico” en el número especial de la ya mencionada RCP. Revista de Ciencia Política, comienzan estos estudios en el país oriental con las investigaciones de Daniel Buquet, Cecilia Rocha, Daniel Chasquetti y Paulo Ravecca, las que se expresaron en varios proyectos reconocidos por la Universidad de la República y El Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO),13 representadas en varias ponencias a los principales eventos científicos de la región.14

Los estudios sobre el campo de la politología en el Perú han sido muy escasos; encontramos algunas referencias en el trabajo inédito Una introducción a la ciencia política realizado por Fernando Tuesta Soldevilla en 2004. El primer trabajo publicado corresponde al artículo de Martín Tanaka “Los estudios políticos en Perú: ausencias, desconexión de la realidad y la necesidad de la ciencia política como disciplina” de la ya mencionada RCP. Revista de Ciencia Política del año 2005.15

En lo que respecta a los estudios comparados sobre la historia de la ciencia política en la región cabe mencionarse el artículo de Nelson Cardozo Del Centenario al Bicentenario: algunas reflexiones sobre el desarrollo de la ciencia política en los países del Cono Sur, aparecido en la Revista Argentina de Ciencia Política en 2010, y la ponencia O desenvolvimento da ciência política na Argentina e no Brasil em perspectiva comparada de Pablo Bulcourf y Nelson Cardozo presentada al VII Congreso de la Asociación Brasileña de Ciencia Política (ABCP) durante el mismo año en la ciudad de Recife. Dentro de esta línea de trabajo, Fernando Barrientos del Monte publicará su artículo “La Ciencia Política en América Latina. Una breve introducción histórica” en 2013, y un año después su libro Buscando una identidad. Breve historia de la Ciencia Política en América Latina, una de las primeras obras editadas con una marcada intención de establecer diferencias y similitudes dentro de la ciencia política latinoamericana (Barrientos, 2013 y 2014; Bulcourf et al. 2014).

Durante este período se intensificaron las actividades dentro de los eventos de la disciplina. En el Congreso realizado en ocasión de los cincuenta años de FLACSO en Quito en el año 2007, se celebró una mesa especial sobre los estudios latinoamericanistas en ciencia política. En el marco del IV Congreso de ALACIP en Costa Rica durante 2008, se realizó una mesa de trabajo sobre el Estado de la Ciencia Política Latinoamericanista en Europa, lo que se irá ampliando en los congresos posteriores. Por su parte la Fundación Global Democracia y Desarrollo realizará durante el año 2010 en República Dominicana, el seminario “El estado de la ciencia política en América Latina: desafío y oportunidades de la docencia e investigación en perspectiva comparada”.16 Algunos estudios comienzan también a orientarse hacia la indagación sobre la didáctica en nuestro campo como los escritos presentes en la compilación de Diego Gantus La enseñanza de la Ciencia Política en las universidades de América Latina, en donde participaron colegas de la región (Gantus, 2010).

En los últimos años, en parte por las discusiones y el intercambio de visiones llevadas a cabo en los diferentes eventos mencionados y en la paulatina especialización que fueron adquiriendo estos estudios, comenzó a gestarse una nueva orientación tendiente a profundizar estas indagaciones bajo una concepción más interdisciplinaria intentando superar cierto parroquialismo teórico-metodológico que ha prevalecido en gran parte de nuestros trabajos.17 Es así como una nueva serie de estudios fueron incorporando aportes sustantivos de la epistemología, la sociología del conocimiento, la historia de la ciencia y principalmente reclamando una perspectiva historiográfica en investigaciones que pretenden vincular los procesos de la dinámica interna de una disciplina con su contexto político, cultural, económico y social. Esto a su vez permite superar el anacronismo o “falacia diacrónica” que se produce al analizar a un autor o texto relevante hace décadas con criterios bibliométricos actuales.

La necesidad de comprender un campo complejo de relaciones de poder también existentes en la disciplina ha llevado a algunos autores a interrogarse sobre la política de la ciencia política expresada a veces como un presupuesto básico subyacente que se cobija debajo de aparentes criterios de objetividad y de selectividad académica (Gouldner, 1979). Trabajos como el artículo “Ciencia política e historia disciplinar: modelo para armar” de María de los Ángeles Fernández Ramil y Cristóbal Grebe Ramírez, o “La política de la ciencia política: Ensayo de introspección disciplinar. Desde América Latina Hoy” de Paulo Ravecca, aparecidos en 2010, comenzaron a orientar este nuevo camino (Fernández Ramil y Grebe Ramírez, 2010; Ravecca, 2010 y 2014).

Un acontecimiento fundamental para esta problemática ha sido la creación del Grupo de Investigación sobre Historia de la Ciencia Política en América Latina (GIHCIPOLAL-ALACIP) durante el VI Congreso Latinoamericano de Ciencia Política realizado en la ciudad de Quito en 2012 bajo la coordinación de Víctor Alarcón Olguín, José Viacava Gatica y Pablo Bulcourf; el cual fue realizando actividades y eventos en forma continua permitiendo la construcción de una sólida red de especialistas en la materia; meses después la revista Política. Revista de Ciencia Política del Instituto de Asuntos Políticos de la Universidad de Chile publica cuatro artículos sobre la historia disciplinar en Argentina, Chile, México y Uruguay. Este grupo realizará en mayo de 2014 un evento específico, las “Jornadas de Debate Académico: Historia y desarrollo de la Ciencia Política en América Latina” junto a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República en Montevideo con una amplia participación de expertos de Uruguay, México, Colombia, Perú y Argentina (Bulcourf et al. 2014).

En lo que respecta al país lusófono latinoamericano, en el marco del proyecto Ciência Política no Brasil: história, conceitos e métodos, se han llevado a cabo a lo largo del 2014 cuatro encuentros en distintas ciudades brasileñas. El primero durante marzo de ese año se realizó en el Instituto de Estudos Sociais e Políticos (IESP) de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro; el segundo espacio tuvo lugar en Universidade Federal de Minas Gerais y Universidade de Brasília durante abril, realizándose un balance de la evolución disciplinar en estas instituciones; mientras que el tercer simposio se desarrolló en la ciudad de Recife dentro de la Universidade Federal de Pernambuco ese mismo mes. Finalmente en octubre se celebró en la USP la mesa redonda A implantação e organização da Ciência Política nos programas de pós-graduação e nos centros de pesquisa no estado de São Paulo. Estos seminarios han reunido importantes referentes de la disciplina en ese país, como Wanderley Guilherme dos Santos, Fábio Wanderley Reis, Glaucio Soares, Palhares Moreira Reis, Argelina Cheibub Figueiredo, Renato Boschi, Lourdes Sola, Leoncio Martins Rodrigues, Sônia Draibe, José Álvaro Moisés, Antônio Otávio Cintra, entre otros relevantes cientistas políticos brasileños.

En 2013 el Consejo Mexicano de Investigación en Ciencia Política (COMICIP) junto al RC33 de la International Political Science Association (IPSA) organizó el seminario internacional “El estudio de la ciencia política como disciplina académica desde una perspectiva comparada”, con una amplia participación de expertos latinoamericanos, canadienses y europeos.18 En 2014 se realizó en San Luis Potosí, el “Coloquio Historia y Balance de la Ciencia Política en México”, el que ha sido hasta la fecha la reunión más grande de politólogos que han reflexionado sobre la historia disciplinar. Cabe destacarse que en estos dos últimos eventos se articularon estrategias y visiones diversas para el estudio del campo en donde quedaron asentadas algunas de las discusiones que caracterizarán a este tercer momento. Parte de esta nueva modalidad de enfocar los estudios disciplinares tendrá un punto de catálisis durante el “III Congreso de Ciencia Política” organizado por la Asociación Colombiana de Ciencia Política durante 2014 en las ciudades de Cali y Popayán; al finalizar el evento algunos de los especialistas acordaron intensificar los estudios sobre la historia y desarrollo de la ciencia política en la región redactando una pequeña carta de intención, bajo la denominación de “Manifiesto de Popayán”.

A partir del cuestionamiento de cierto mainstream disciplinario, de origen anglosajón, comenzó a reclamarse una suerte de perestroika, al estilo de lo que había sucedido en la ciencia política norteamericana quince años antes.19 De este modo comienza a introducirse una perspectiva “decolonial” expresada en trabajos como “Trazos para una decolonización de la teoría política” de Sergio Ángel Baquero y Juan Rico Noguera, o “Apuntes sobre los principales debates disciplinares de la teoría política” del primero junto a Fredy Barrero Escobar, ambos de 201320 (Ángel Baquero y Roco Noguera, 2013, Ángel Baquero y Barrero Escobar, 2013; Bulcourf et al. 2014).

Algunos libros de reciente aparición ya expresan estos nuevos senderos de búsqueda y replanteos, como Ensayos sobre la ciencia política en México y Latinoamérica de Godolfredo Vidal de la Rosa de 2013; y la compilación de Julián Caicedo Ortiz y Julián Cuéllar Argote ¿Hacia dónde va la ciencia política en Colombia? Reflexiones sobre la disciplina; un año después aparecerá la Importancia de las dimensiones teórica y metodológica en la formación profesional de la ciencia política de Enrique Gutiérrez Márquez.

Desde Europa la revista Iberoamericana dedicó su Foro de Debate a la discusión acerca de los desarrollos de la ciencia política latinoamericana y sus interrogantes en su número 56 de 2014, lo que demuestra el creciente interés que despierta el desarrollo de la disciplina en la región.

En esta nueva etapa se incrementa la indagación referida a la propia enseñanza de la disciplina, en algunos casos vinculando los saberes específicos disciplinares con aportes de la sociología de la educación, la psicología y la propia teoría curricular; producto de esto será la obra internacional La enseñanza de la Ciencia Política en Iberoamérica, bajo la compilación de José María Ramón y con la participación de especialistas de la mayoría de los países de la región (Ramón, 2012; Bulcourf et al. 2014).

Un rasgo que va a caracterizar a esta etapa es la aparición de estudios más puntuales y en profundidad en los que puede verse un abordaje de la historia de algunas instituciones, áreas específicas como la política comparada, los estudios sobre administración y políticas públicas, o las relaciones internacionales y biografías intelectuales de destacadas figuras como el fallecido Guillermo O’Donnell, Pablo González Casanovas, Carlos Escudé, entre otros.21 Un libro que condensa este nuevo “mapeo disciplinar” es Figuras, historias y territorios. Cartógrafos contemporáneos de la indagación política en América Latina compilado por Israel Covarrubias, en donde podemos encontrar trabajos sobre los principales sociólogos y politólogos latinoamericanos (Bulcourf et al. 2014; Covarrubias, 2015).

Esta nuevo momento en la reflexión disciplinar no solo se propone incrementar y profundizar la investigación referida a la historia y desarrollo de la ciencia política en la región, sino que asume una orientación crítica y reflexiva sobre el sentido, utilidad y responsabilidad que deben asumir los politólogos en América Latina, admitiendo los fuertes cuestionamientos que durante los últimos años han aparecido en el propio campo,22 bajo el convencimiento de que es mediante la aceptación de la diversidad, el debate y el diálogo lograremos una mejor ciencia política (Sartori, 2004; 2008; Negretto, 2004; Colomer, 2005; Ravecca, 2010 y 2014; Bulcourf et al. 2014).

IV. UN CAMINO EN CONSTRUCCIÓN

Durante los últimos treinta años se ha registrado un crecimiento sostenido de la ciencia política en la región, con las diferencias propias de la heterogeneidad de los países que la integran. Los principales indicadores cuantitativos lo demuestran en varios estudios mencionados: aumento de carreras de pregrado y posgrado; incremento de investigadores reconocidos y financiados por agencias gubernamentales y entidades de la sociedad civil; nuevas revistas científicas especializadas muchas de ellas logrando indexaciones importantes en los sistemas internacionales de evaluación; creación de asociaciones científicas nacionales y específicas de ciertas áreas; realización de eventos y congresos cada vez más concurridos y con un incremento en la circulación de participantes de diferentes países; aparición de nuevas carreras en regiones menos desarrolladas y una amplia participación en asesorías y actividades vinculadas a la gestión de políticas públicas y a las campañas electorales. Lo mencionado ha permitido un proceso de autonomización disciplinar, institucionalización y profesionalización; aunque esta última a niveles mucho menores si analizamos los mecanismos de transferencia de conocimientos y el desarrollo de puestos de trabajos vinculados a los saberes, habilidades y competencias que son propios de los politólogos. Tampoco es un déficit realmente importante si analizamos esto como un proceso donde la ciencia política se ha comportado principalmente cual una actividad científico-académica desarrollada centralmente en el ámbito universitario.

El mencionado crecimiento generó un conjunto cada vez mayor de inquietudes en torno a la propia historia y desarrollo disciplinar. Como hemos señalado en un primer momento esto se reflejó en una serie de investigaciones y trabajos aislados circunscritos principalmente a las “historias disciplinares nacionales” de corte exploratorios y descriptivos con pequeñas excepciones. Fue con la aparición del número especial de la RCP Revista de Ciencia Política en el año 2005 que estos estudios empiezan a cobrar un interés más grande, lo que se ve reflejado en el impacto e incidencia de gran parte de los trabajos presentes en ese número, que si bien estaban abocados a la descripción de la disciplina en cada país, en conjunto reflejan un mapa de la región y un llamamiento a la comparación en parte gracias a la labor de David Altman, su editor. Es a partir de este momento que comienzan a incrementarse trabajos de esta naturaleza y se realizan seminarios y talleres especiales como así también varias de las publicaciones colectivas junto al desarrollo de proyectos de investigación sobre la temática reconocidos institucionalmente. En los diferentes congresos nacionales se realizaron mesas especiales a tales efectos y se fueron habilitando espacios para la presentación de ponencias y equipos de investigación.

En esta segunda etapa comienza un proceso de consolidación de este subcampo o área dentro de la ciencia política latinoamericana. El tipo de investigación que predominó es descriptivo con un incremento de la “densidad” de indicadores de corte cuantitativo que demuestran los elementos antes mencionados. Varios de estos trabajos intentan establecer etapas en la historia disciplinar y cierta vinculación con los procesos políticos y sociales, aunque carecen de una base historiográfica. Se observa una tendencia a los estudios bibliométricos, los que profundizan el análisis de las publicaciones científicas y su impacto, permitiendo la construcción de cartografías básicas. Estos trabajos van a establecer los pilares de la reflexión disciplinar, aunque no cuentan con una visión más interdisciplinaria en la que se inserten aportes de las epistemología, la sociología del conocimiento y la historia de la ciencia. Es algo comprensible porque se trata de un campo en plena construcción en donde gran parte de sus cultores se vinieron desempeñando en otro tipo de temáticas como el estudio de las instituciones y procesos gubernamentales, los partidos políticos, los sistemas electorales y los estudios legislativos.

Con el incremento de estos trabajos y un mayor intercambio de debates se fueron construyendo espacios importantes dentro de los congresos generales de la disciplina, así como en eventos más específicos. Es así como se dará paso a la creación del Grupo de Investigación sobre Historia de la Ciencia Política en América Latina (GIHCIPOLAL-ALACIP) en 2012, la red más amplia de investigadores sobre la temática; los que realizaron varias actividades específicas en cada congreso nacional y las Jornadas de Debate Académico “Historia y desarrollo de la Ciencia Política en América Latina” llevadas a cabo en Montevideo en mayo de 2014. Este evento junto al 50 Aniversario de la Carrera de Ciencia Política y de la Administración Pública de la Universidad Iberoamericana darán paso a una serie de interrogantes que permitirán el inicio de una nueva etapa en estos estudios, condensados en parte en el ya mencionado “Manifiesto de Popayán”.

Esto abre un período que, asumiendo los logros anteriores, pretende construir una mirada más profunda y reflexiva sobre la disciplina en América Latina no solo incorporando los elementos interdisciplinarios antes mencionados, sino tratando de comprender la propia dinámica de las relaciones de poder y de construcción del prestigio dentro del campo disciplinar. Es evidente que esto requiere criterios elaborados de “vigilancia epistemológica” asumiendo la complejidad de la temática y de la necesidad de aceptar la diversidad de posturas teóricas y metodológicas que enriquecen a la ciencia política.23

El énfasis puesto en el enfoque bibliométrico debe ampliarse y profundizarse interrogando en los aspectos que hacen a la política editorial, el predominio de determinadas perspectivas teóricas y metodológicas y los mecanismos de selección “formales” e “informales”.24 Acallar esto solo tiende a ocultar las redes de poder y disciplinamiento existentes en forma subyacente en el campo; con enormes consecuencias en la construcción del prestigio, el otorgamiento de fondos para la investigación y desarrollos académicos junto al acceso a las plazas universitarias. Esto tiene a su vez un fuerte correlato político, ya que también opera en el nivel del propio Estado, las organizaciones de la sociedad civil y los organismos internacionales a la hora de seleccionar sus cuerpos técnicos, la creación de think tanks y la orientación de las propias políticas.

Querer dar cuenta de la historia y el desarrollo disciplinar nos lleva por los meandros del tiempo, donde funcionan relojes cronometrados en formas diferentes, obligándonos a atender a los silencios de las geografías distantes y al especial discernimiento que es necesario para la comprensión humilde y parcial de la barroca complejidad de nuestras sociedades.

Esta nueva cartografía debe animarse a cuestionar el sentido del propio crecimiento de la disciplina preguntándose si este ha devenido en un verdadero desarrollo que tienda a disminuir las asimetrías que reproducen relaciones de centro y periferia dentro del campo. Sin caer en reduccionismos sería conveniente preguntarnos acerca de la “colonialidad del saber” subyacente en la ciencia política latinoamericana sin reivindicaciones telúricas y manteniendo un espíritu crítico que no es monopolio de ninguna tradición teórica y que siempre debe estar presente en esta maravillosa aventura que es crear conocimiento sobre nosotros mismos, o sea animarnos a vernos en el espejo.

NOTAS

1 El concepto de cartografía denota el problema de traducción y el sesgo que cualquier enfoque posee frente al análisis de los aspectos multifacéticos de una “realidad” compleja, en este caso de una comunidad científica. En la tradición cartográfica la necesidad de expresar el aspecto tridimensional del geoide sobre el plano nos muestra que este siempre generará distorsiones, más aún si se tratan de señalar alturas y diferencias orográficas. De los portulanos primitivos al sistema MERCATOR, pasando por la geointerpretación satelital nos encontramos siempre con la imposibilidad de una “correspondencia lineal”. En los últimos años, dentro de los estudios vinculados a la sociología del conocimiento y de la propia historia intelectual se ha tomado este concepto debido la expresividad gráfica que posee.

2 El telón de fondo que nos sirve de andamiaje teórico general intenta articular aspectos de la “teoría de la estructuración” propuesta por Anthony Giddens con la “teoría del campo” de Pierre Bourdieu (Giddens, 1998; Bourdieu, 2003 y 2008).

3 La necesidad de manifestar esta “microfísica del poder” dentro de una comunidad científica se ha expresado en forma constante desde varios ámbitos como la llamada “nueva epistemología de la ciencia”, los aportes de Michael Foucault y la noción de “campo” de Pierre Bourdieu (Foucault, 1994; Bourdieu, 2003 y 2008).

4 El concepto de “metateoría” ha sido empleado durante las últimas décadas para dar cuenta de trabajos orientados al estudio de la propia producción académica mediante un análisis con pretensión interdisciplinaria realizado en parte por los propios cultores del campo en cuestión. Esta orientación puede desarrollar diferentes grados de “profundidad” interpelando los fundamentos ontológicos, epistemológicos y éticos presentes en la construcción del conocimiento y en la creación de escuelas, perspectivas y enfoques (Ritzer, 1993; Zabludovsky, 1995).

5 Una larga tradición sociológica y gnoseológica nos proveen de conceptos de enorme utilidad para comprender la construcción de cualquier campo disciplinar; esto nos permite la elaboración de marcos teóricos y estrategias metodológicas que deberíamos emplear en el estudio de la historia y desarrollo de la ciencia política (Koyre, 1977; Friederichs, 1977; Gouldner, 1979; Remming, 1982; Latour, 1992; Hidalgo y Klimovsky, 1998; Gómez, 2014).

6 Es fundamental incluir elementos historiográficos en este tipo de investigaciones que poseen un claro eje temporal en su estructura comprensiva (Braudel, 1984; Vilar, 2001; Anderson, 2012; Iggers, 2012).

7 Tanto nuestra concepción epistemológica como la metodología utilizada se encuentra alineada en las concepciones denominadas “posempíricas” al interior de las ciencias sociales (Schuster, 2000).

8 Un conjunto de investigaciones durante esta última década fueron desarrolladas por los autores de este trabajo en la Universidad Nacional de Quilmes, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de Belgrano y la Universidad Iberoamericana de México; los datos expuestos en este artículo son producto de las mismas.

9 En el ámbito anglosajón este tipo de indagaciones fueron mucho más frecuentes durante las últimas décadas, producto en parte del enorme desarrollo acontecido en la politología después de la Segunda Guerra Mundial; estos trabajos se han desplazado desde los estudios sobre orientaciones y perspectivas dentro del campo disciplinar hasta investigaciones centradas en la propia historia de la ciencia política (Crick, 1959; Lipset, 1969; Barry, 1974; Von Beyme, 1977; Garson, 1978; Gunnell, 1983, 1991, 1993, 2002, 2004a, 2004b, 2006; Alford y Friedland, 1991; Baer et al. 1991; Easton et al. 1991; Farr y Seidelman, 1992; Easton, et al. 1995; Farr et al. 1995; March y Stoker, 1997; Monroe, 1997; Almond, 1999 y 2002; Goodin, y Klingemann, 2001; Adcock, 2007).

10 La profundidad del trabajo de Lesgart y su orientación teórica hacen que el mismo sea muy difícil de clasificar, lo ubicamos en este período por una cuestión cronológica, pero comparte muchos más elementos con las producciones que irán orientando la tercera etapa considerándolo claramente un estudio “pionero” (Lesgart, 2003, 2007).

11 La continuidad de los trabajos de Altman serán muy relevantes para orientar este período, siguiendo sus artículos “From Fukuoka to Santiago: Institutionalization of Political Science in Latin America” y “Where is Knowledge Generated? On the Productivity and Impact of Political Science Departaments in Latin America” de 2006 y 2011; posteriormente la continuidad de sus estudios fueron expuestos en la Conferencia del Cierre del “III Congreso de Ciencia Política” organizado por la Asociación Colombiana de Ciencia Política durante 2014 en la ciudad de Popayán (Altman, 2006 y 2011; Bulcourf et al. 2014).

12 Con ese fin se propone abordar las diez principales tradiciones teóricas, analíticas y metodológicas desarrolladas por la ciencia política brasileña: elección racional, el neoinstitucionalismo, los estudios sobre la participación, los estudios sobre partidos políticos, los estudios sobre la cultura política, los estudios sobre política brasileña, los estudios sobre teoría política, los estudios sobre relaciones internacionales y la propia conceptualización de método. El objeto es realizar una revisión de cada una de estas áreas a lo largo del tiempo, es decir, desde su constitución hasta el día de la fecha, teniendo como proyecto elegir dos miembros prominentes de esta área para presentar un trabajo sobre los siguientes ejes: 1) origen específico del área de estudio -cuáles fueron los factores que llevaron a su formación-; 2) constitución del área, teniendo en cuenta los principales politólogos que participaron y el espacio institucional en el cual se desenvolvieron; y 3) cómo esa área puede ser vista hoy en día, es decir, el estado del arte, su posicionamiento e interacción con otras áreas en el Cono Sur y la ciencia política internacional.

13 En 2012 el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales llamó a concurso bajo la consigna “El estado de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe en el mundo contemporáneo” en donde han resultado financiados ocho proyectos de distintos países de la región que indagan dicha temática bajo una pluralidad teórica y metodológica en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Cuba, Ecuador México Uruguay y Venezuela.

14 El artículo “El desarrollo de la ciencia política en Uruguay” de Daniel Buquet da cuenta del itinerario de estas indagaciones junto a la ponencia “La ciencia política en Uruguay (1989-2009): Un estudio de los temas, teorías y metodologías predominantes en la investigación y la enseñanza en el Instituto de Ciencia Política” presentada por Cecilia Rocha (Buquet, 2012; Rocha, 2012).

15 Una continuación de estos estudios ha sido la ponencia de Julián Ramos Hilario “La institucionalización de la ciencia política en el Perú. Una mirada actual en su proceso y cambio (Ramos Hilario, 2014).

16 Gran parte de las ponencias presentadas en este evento y otros trabajos posteriores se encuentran siendo editados en la compilación de Flavia Freidenberg La ciencia política en Iberoamérica bajo el sello editorial Funglode.

17 Este derrotero de construcción de un subcampo o subárea es un producto comprensible por un lado del propio desarrollo disciplinar durante las décadas señaladas, y por el otro de los resultados de investigaciones realizadas a lo largo de los últimos diez años y sus resultados, como así también del proceso de elaboración de tesis de maestría y doctorado como son los casos de Cecilia Lesgart, Enrique Gutiérrez Márquez, Paulo Ravecca, Sergio Ángel Baquero, Julián Caicedo Ortiz, Julián Cuéllar Argote y Pablo Bulcourf.

18 El conjunto de los trabajos presentados en esta oportunidad han sido publicados en la obra colectiva Ciencia Política: historia y nuevos horizontes compilada por Carmen Roqueñi y Karla Valverde (Roqueñi y Valverde, 2015).

19 Este “movimiento académico” surgió a partir de una serie de denuncias anónimas sobre las tendencias de la política editorial de la American Political Science Review que pasó a denominarse “perestroïka” buscando “desnudar” las relaciones de poder existentes en la construcción del prestigio disciplinar, lo que llevaba al predominio de artículos e investigaciones vinculados a la formalización y matematización del campo, lo que orientaba a una marcada presencia de lo que Gabriel Almond denominó la “derecha dura”. Esta fuerte controversia se encuentra analizada en la compilación Perestroika!: The Raucous Rebellion in Political Science de Kristel Monroe (Almond, 1999; Monroe, 2005).

20 Desde comienzos del siglo XXI varios especialistas comienzan a reclamar la necesidad de una nueva mirada sobre el campo de las humanidades y las ciencias sociales que se animen a reflexionar acerca de las consecuencias de la fuerte influencia de los EE.UU. y Europa en la construcción de estas disciplinas en la región (Lander, 2000; Castro Gómez, 2005).

21 Varios trabajos se fueron publicando en los últimos años vinculados a estas biografías intelectuales; el fallecimiento de Guillermo O’Donnell generó una serie de artículos en diferentes revistas especializadas como Espacios Políticos, Studia Políticas y Temas y Debates. La reciente aparición de la Revista RACEI contó en su primer ejemplar con un detallado estudio sobre los aportes de Carlos Escudé. En 2014 se publica el libro Pablo González Casanova, dialéctica de la imaginación de Jaime Torres Guillen (Bulcourf et al, 2014; Torres Guillen, 2014). Los propios autores de este artículo obtuvieron a comienzos de 2015 la beca ICALA-Alemania para profundizar los estudios sobre los jesuitas y el desarrollo de las ciencias sociales en la Argentina.

22 Algunos de estos planteos en forma extremista han llegado a manifestar la total inutilidad e intrascendencia de la disciplina enunciado hasta su “muerte” (Cansino, 2008).

23 El enfoque interdisciplinario propuesto tiene como objetivo analizar el desarrollo de la ciencia política no solo en sus áreas más institucionalizadas, sino también en aquellas consideradas “extrañas” y “marginales”, las que suelen ser más dinámicas y creativas. Muchas veces son espacios de intersección entre otros campos y en el planteo de nuevas problemáticas donde se produce un terreno de enorme “fertilidad creadora” siguiendo los planteos de Mattei Dogan y Robert Pahre (Dogan y Pahre, 1993).

24 Varios estudios se han realizado vinculados a la historia y la política editorial que pueden orientar este enfoque (Leone, 2012; Diego de, 2014). Dentro de la ciencia política latinoamericana han comenzado a realizarse estudios interesantes al respecto que demuestran la factibilidad e importancia de este enfoque (Leite, 2014).

 

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Pablo Bulcourf es profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA); actualmente coordina el área de ciencia política en la primera de las instituciones. Se ha especializado en historia y desarrollo de la ciencia política en América Latina y en políticas públicas comparadas. Ha publicado varios artículos y libros de su especialidad en su país y en el exterior. Integra el Grupo de Investigación sobre Historia de la Ciencia Política en América Latina (GIHCIPOLAL) de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) siendo uno de sus coordinadores.

Enrique Gutiérrez Márquez es profesor e investigador de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México (IBERO) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), siendo el director del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas en la primera de las instituciones. Se ha especializado en historia y desarrollo de la ciencia política en América Latina y en temas de epistemología de la ciencia política. Ha publicado varios artículos y libros de su especialidad en el país y en el exterior. Se desempeña también en el periodismo radial vinculado a los problemas políticos mexicanos. Integra el Grupo de Investigación sobre Historia de la Ciencia Política en América Latina (GIHCIPOLAL) de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP).

Nelson Cardozo es profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Se ha especializado en temas de historia, desarrollo y enseñanza de la ciencia política en America Latina y en políticas previsionales comparadas. Ha publicado varios artículos de su especialidad en su país y en el exterior. Integra el Grupo de Investigación sobre Historia de la Ciencia Política en América Latina (GIHCIPOLAL) de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP).

 

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