El clima político-social puso en evidencia un mal endémico del país: la corrupción. En la agenda cotidiana, el tema se ha incorporado a las preocupaciones de los ciudadanos y de nuestros colaboradores, clientes y consumidores. Así, todas las iniciativas desarrolladas a fin de promover la transparencia y actuar ético se tornaron primordiales en la gestión empresarial.

No se puede percibir la corrupción como algo lejano o ajeno a las compañías. Esta tarea compromete a los que lideran la gestión humana en las organizaciones. Hay que asumir el compromiso de promover prácticas éticas y sancionar de justa manera las transgresiones a los códigos de conducta empresarial.

Pero, ¿qué tanto sabemos de los posibles defraudadores que hay en la empresa? Estudios precisan que el 47% de las personas que cometen fraude tienen más de seis años en las compañías, es decir, están vinculadas estrechamente con nosotros y conocen bien las operaciones del negocio. Uno de cada cinco casos es originado por profesionales en posiciones claves y tienen una relación cercana con proveedores o clientes. La mitad de estos delitos son cometidos de forma colectiva. No actúan solos.

Muchas de las personas que cometen delitos son profesionales preparados. El desarrollo de métodos de supervisión y control es clave, sobre todo en áreas sensibles como contabilidad, operaciones, comercial y compras.

La gestión de personas es una tarea maravillosa, pero también muy compleja, que requiere apoyo directivo y complementar sus esfuerzos con las áreas y comités que promueven el correcto desempeño empresarial. Mecanismos y programas de control y prevención de corrupción en nuestras empresas son ya una nueva tarea en la agenda de trabajo en la que la gestión humana tiene una función muy importante, que suma valor y que necesita de la colaboración de todos.