Ángeles Espinosa

¿Recuerdan el valioso cuadro atribuido a Leonardo da Vinci que un príncipe árabe compró hace año y medio por la friolera de 450 millones de dólares (382 millones de euros)? El Salvator Mundi iba a exponerse en el recién inaugurado Louvre Abu Dhabi, según informó el museo, en lo que muchos observadores vieron un regalo del heredero y hombre fuerte saudí, Mohamed Bin Salmán, a su homólogo y mentor emiratí, Mohamed Bin Zayed. El generoso detalle desató ríos de tinta. Luego, el silencio. Ahora, un experto en arte asegura que el cuadro cuelga en un salón del yate del príncipe Mohamed Bin Salmán, conocido como MBS.

“Aparentemente, la obra se sacó de forma subrepticia en medio de la noche en el avión de MBS y se trasladó a su yate, el Serene”, revela Kenny Schachter en la web Artnet. El conocido marchante y comisario de exposiciones radicado en Londres cuenta que ha sabido de ese destino a través de un contacto “con estrechos lazos en Oriente Próximo” y luego explica que entre sus fuentes hay “dos personalidades involucradas en la transacción”. Tanto Schachter, como Artnet, una plataforma de investigación y subastas de arte con sede en Nueva York pero de propiedad alemana, están consideradas fuentes fiables en el mundo del arte.

La sorpresa por el destino poco ortodoxo del cuadro se une al debate sobre la autenticidad de la obra. Desde poco después de su venta, se ha cuestionado si el Salvator Mundi era realmente obra de Da Vinci y varios expertos se inclinan por que fue un trabajo de su taller, tal vez con un retoque final del maestro.
“Escalada armamentística” en el arte

La noticia de su traslado al yate, difícil de confirmar, une arte y política en lo que el propio Schachter califica de “escalada armamentística del arte”. La rivalidad regional subyacente a la crisis diplomática del Golfo, que enfrenta a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) con Qatar, también tiene una vertiente cultural. Desde que la familia gobernante catarí decidiera competir con el oropel de Dubái (la punta de lanza de la proyección internacional de Emiratos) a base de museos, Abu Dhabi (otro de los siete miembros de EAU) se sumó a la pugna con su propia ciudad de la cultura en la isla de Sadiyat.

Tan ambiciosos proyectos solo eran posibles gracias a las enormes riquezas que proporcionan los hidrocarburos (gas en el caso de Doha y petróleo en el de Abu Dhabi). Surgieron dudas sobre la profundidad del compromiso. Pero a pesar de los retrasos provocados por los vaivenes del mercado, los proyectos han ido saliendo adelante con razonable éxito. Así que cuando el ambicioso MBS se planteó como actualizar su país, anquilosado social y culturalmente, se fijó sin duda en sus vecinos, en especial el emiratí Mohamed Bin Zayed (MBZ), a quien el New York Times ha calificado como “el gobernante árabe más poderoso”.

MBZ se convirtió en mentor de MBS (según The New York Times, incluso maniobró para que llegara al trono desplazando a su primo Mohamed Bin Nayef) y fue quien le introdujo en la Casa Blanca. De ahí vendría el supuesto regalo del Salvator Mundi al Louvre Abu Dhabi, eje central de la ciudad de la cultura emiratí. Nunca hubo nada oficial. De hecho, la obra la compró formalmente otro príncipe, Badr Bin Abdalá Bin Mohamed Bin Farhan al Saud, pero en el mundo de las grandes subastas es habitual el uso de intermediarios.

Tras el impacto que tuvo la millonaria venta tanto en el mercado del arte como en los medios, solo ha habido rumores. Primero, había que preparar una sala especial para su exposición al público. Luego, que iba a exhibirse para el aniversario de la inauguración del Louvre Abu Dhabi. La fecha pasó sin noticias. Entonces, al anunciarse la visita del Papa para el pasado febrero volvió el runrún. Pero el Papa se fue sin que se desvelara la joya. También se esperaba que la sucursal de Abu Dhabi la prestara a la casa madre para el 500 aniversario de la muerte de Da Vinci.

La interpretación de Schachter es que MBS se habría molestado con la insistencia del Louvre de París en atribuir el cuadro “al taller de Leonardo da Vinci”. Semejante degradación en medio del debate de los expertos sobre su autenticidad significa un fiasco considerable en la cuantiosa inversión. Así que a la espera de tener listo su propio megaproyecto cultural que compita en esplendor con los de sus vecinos, habría preferido colgar el cuadro en su yate, cuya adquisición por 500 millones de dólares también hizo arquear las cejas a más de uno.