Enrique Salvatierra dedicó su vida al arte. Vive en los Valles Calchaquíes, más precisamente en Santa María, en la provincia de Catamarca, donde tiene su estudio y comparte su vida con la artista y diseñadora textil Manuela Rasjido. Es pintor, escultor, ceramista y entre sus numerosos premios se destaca el Kónex, que recibió en 1992. Expuso en Argentina pero también en Italia, Alemania y Estados Unidos.

En una entrevista a cargo de Carolina Balbiani realizada en el marco de Experiencia Leamos –el ciclo de encuentros que la plataforma Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscriptores– el artista habló de su vida, sus inspiraciones, sus obras.

“Mi imagen tiene que ver con el mundo que he absorbido desde pequeño”, dijo: su infancia en los Valles Calchaquíes, con el clima familiar y el entorno del paisaje fueron para él los factores claves que lo hicieron el artista que es hoy. Su padre, arqueólogo y pintor, poseía grandes colecciones de libros de arte: “Representaron para mí una especie de formación autodidacta”. Luego, comenzó a viajar y a tener contacto con grandes maestros, reuniones con poetas, músicos: “Me conecté con el mundo sensible: hice una amalgama de situaciones que tienen que ver con la emoción y la inspiración, y surgió mi obra”.

El padre fue para el artista una gran inspiración. No le dio consejos, pero lo acercó al mundo del arte de una manera personal, a través de enseñanzas y salidas padre-hijo. A veces, Salvatierra lo veía pintar una nube. Su padre se alejaba, la miraba, torcía el pincel, y él pensaba: “Lo que está haciendo no es nada, ¡Nadie se va a dar cuenta que le agregó un claroscuro a esa nube!”.

Años después él mismo se encontró perdiendo el tiempo pintando un espacio de diez centímetros por diez centímetros en un cuadro de dos metros por dos metros: “Algo que sería totalmente imperceptible para cualquiera se volvió para mí importante”. Recién ahí, dijo, comprendió al padre. Porque el artista busca revitalizar la raíz y encontrar una imagen que hable de los sentimientos, que los represente, y para ello, dijo, no hay términos de años: “Sino que se trata de un trabajo paciente, minucioso, y también de una velocidad para palpar el tiempo”.

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