La llegada del COVID-19 al país estremeció nuestra economía, y los emprendedores – labor en la que aproximadamente uno de cada cuatro peruanos se encuentra involucrado, según ESAN – hicieron de tripas corazón para mantener a flote a sus familias.

Un experto en buffets, dos maestras del Estado que remembran la cultura culinaria afroperuana y un entusiasta del ceviche de lenguado, enfrentaron los embates de la pandemia con hidalguía y nos cuentan cómo piensan moverse ante las disposiciones del Gobierno durante la primera fase de la reactivación económica.

Que se haga victoria nuestra gratitud

Angel Urpeque, dueño del Restaurante Buffet Bolívar, tiene un solo objetivo: volver al trabajo en el menor tiempo posible sin dejar de ayudar al resto.

‘’He puesto a disposición la cocina del local para que otros emprendedores – dentro del rubro de restaurantes – pueda volver al ruedo con la reanudación de las actividades, siempre y cuando aprobemos al publicarse los protocolos de salubridad’’, expresa al otro lado de la línea y con total parsimonia.

El Restaurante Bolívar no dejó de moverse a medida que se extendían los días de confinamiento. Angel segmentó su amplia cocina y abasteció los baños del primer piso y del sótano, los cuales estarán a disposición de los seis trabajadores que se sumen a su iniciativa.

A la fecha, ya se alió La flor de la canela, un restobar especializado en comidas criollas y anticuchos, y ahora esperan la llegada de cualquier especialista en pollos a la brasa, cuyos únicos requisitos – aparte de la buena sazón – son la formalidad y contar con un espacio alquilado que avale su experiencia en el negocio.

‘’Yo correré con los costos en salubridad. Brindaremos mascarillas y utensilios para trabajar de acuerdo a las disposiciones de las autoridades. En cuanto a lo ganado, el 70 % irá para los emprendedores que se embarquen en este potencial retorno y el 30 % restante, para mi negocio’’, explica Ángel.

Asimismo, proyectan preparar entre 80 a 160 platos por día, y en el peor de los casos, repartir 20, ‘’porque salir a la venta no significa que nos va a ir bien’’ – añade sin inmutarse – y afirmó que el delivery se hará con las motos de su empresa solo a distritos cercanos al negocio, ubicado en Pueblo Libre.

Manos morenas

‘’Ha sido un shock. ¡Uno tremendo!’’, comenta con pesar Carmen Huapaya Solano, cocinera y fundadora de Sabor de morenas, un espacio en San Luis (Cañete) que rememora la cultura afroperuana y sostenido desde el 2004 en compañía de su hermana Fabiola.

Llevar la sopa seca cañetana a un encuentro de culturas afrodescendientes en Colombia y haber cautivado el paladar de Gastón Acurio y otros pilares de la sazón nacional, llenaron de orgullo y fama a las hermanas Huapaya, quienes pese a deberse a su público, se han resignado a postergar sus labores en la cocina hasta fin de año por el temor que les genera exponerse al coronavirus y porque los requerimientos del Gobierno le resultan complejos y no abarcan a su pequeña empresa, complementada por un par de ayudantes más.

Carmen y Fabiola, las hermanas Huapaya de Sabor de Morenas. Foto: Archivo personal
Carmen y Fabiola, las hermanas Huapaya de Sabor de Morenas. Foto: Archivo personal
 

‘’Ya hablé con mi hermana porque este es un negocio familiar. Solo atendemos los fines de semana y feriados, y aunque ya nos están llamando nuestros clientes, con el dolor de nuestro corazón tenemos que negarnos’’, agrega Carmen, quien vive con su nonagenaria madre y encontraba en el arte culinario, un respiro a su vocación como docente del Estado, al igual que Fabiola.

Reinventarse

Miguel Chamochumbi, dueño de la cevichería Señor Langostino, cambió por completo de público objetivo con el inicio del confinamiento y gestó un servicio de delivery de frutas y verduras para no quedarse rendido ante lo adverso.

‘’Hace más de seis meses que comenzamos este proyecto de la cevichería con mi pareja Carla, pero con el estado de emergencia tuvimos que buscar soluciones. Es así que implementamos un servicio de reparto de frutas y verduras que nosotros mismos vamos a conseguir al Mayorista de Santa Anita’’, relata Miguel, quien dejó de percibir ingresos al suspenderse las actividades en la escuela de fútbol donde enseña.

Para Chamochumbi, el éxito de este emprendimiento inesperado se basa en la transparencia, dado que utiliza las redes sociales de Señor Langostino al publicar la lista de precios con las que opera. ‘’20 mil soles de capital invertido en la cevichería no podían irse al agua, y ahora subsistimos gracias a la confianza de nuestros clientes’’, alega.

Miguel rediseñó el propósito de Señor Langostino para no perderse ante lo adverso. Foto: Archivo personal
Miguel rediseñó el propósito de Señor Langostino para no perderse ante lo adverso. Foto: Archivo personal

‘’Al maestro cevichero que nos ayudó en un principio le dimos una pausa con sus beneficios correspondientes, y junto a Carla y un par de chicos más, mantenemos a flote el delivery’’, concluye con la voz calmada, pese a que confiesa dormir menos de cuatro horas porque desde la 1:00 a. m. tiene que estar el Mayorista y durante el día, reparte los pedidos.