Durante el período comprendido entre los años 1772 y 1796, el virreinato peruano fue escenario de importantes acontecimientos. Entonces se aplicaron las llamadas <<reformas borbónicas>> impulsadas por la corona, que afectaron el comercio, las relaciones iglesiaEstado, la administración, la minería y la sociedad. Para entender el vasto esfuerzo del proyecto imperial basta hacer un somero recuento de los hechos. Entre 1771 y 1772 se realizó el quinto concilio provincial en Lima, convocado a instancia de la corona, con la finalidad de imponer un mayor control económico e ideológico sobre las órdenes religiosas. En 1776, se estableció el virreinato del Río de la Plata, al cual se incorporó la región sur del virreinato peruano. Al año siguiente, en 1777, llegó a Lima el visitador José Antonio de Areche, encargado de reformar la real hacienda con miras a incrementar sus ingresos. En 1778, la corona puso fin al monopolio que había ejercido el puerto de Cádiz mediante el decreto de libre comercio. Seis años más tarde, en 1784, se introdujo el sistema de intendencias en reemplazo del de corregimientos, cambio impulsado por el estallido de la rebelión de Túpac Amaru años antes. En 1788, llegó al virreinato la misión de Tadeo de Nordenflicht con la tarea de mejorar la producción de la plata. En 1790, al amparo de la autoridad virreinal, un grupo de criollos fundó en Lima la Sociedad de Amantes del País y en 1791 apareció el primer número del Mercurio Peruano, el órgano de expresión de la Sociedad y, al mismo tiempo, el vocero oficioso de las reformas borbónicas. En los años finales del siglo, las reformas se desaceleraron, en buena medida como consecuencia de la muerte de su principal promotor, José de Gálvez, ministro de Indias, y de la guerra de España contra la Francia revolucionaria.

También el período comprendido entre 1772 y 1796 corresponde al de la estancia en el virreinato peruano de uno de los personajes más representativos de la administración borbónica: José Ignacio de Lecuanda. Como no podía ser de otra manera, Lecuanda no fue ajeno a los eventos de su tiempo. Su obra escrita muestra las preocupaciones de un oficial de la administración imperial interesado en la mejora integral de la economía colonial. Aunque de la obra de Lecuanda se conocían sus trabajos publicados en el Mercurio Peruano, no lo eran tanto sus escritos de carácter económico como su propia biografía. Este libro de Roxanne Cheesman es una importante contribución al estudio de Lecuanda, su pensamiento y su tiempo. Consta de tres partes. La primera ofrece un valioso estudio sobre la vida y obra de Lecuanda, en particular de uno de sus textos: la Ydea succinta del comercio del Perú y medios de prosperarlo, con una noticia general de sus producciones. La segunda parte presenta la reproducción facsimilar del texto antes mencionado; y en la tercera, la transcripción paleográfica del mismo.

Lecuanda había nacido en 1748 en Vizcaya. Cuando contaba con 16 años, en 1764, partió a América en busca seguramente de mejores horizontes. Consta que en 1772, se desempeñaba como auxiliar de cuentas en el Banco de rescates, en Potosí. En los años siguientes, hasta su partida a España, donde falleció en 1800, Lecuanda ejerció diversos puestos en la Real Aduana y en el Tribunal de Cuentas en la capital del virreinato. Hasta aquí los datos esenciales de su biografía. Lo que hay que destacar de este personaje no es tanto su trayectoria en la administración colonial, que no fue excepcional, sino su obra.

Lecuanda pertenece a una generación de hombres interesados, o mejor dicho, identificados con el proyecto reformista impulsado por la administración imperial. Como sus contemporáneos Hipólito Unanue, José Baqujano y Carrillo, Ambrosio Cerdán y Pontero, Cosme Bueno y José Rossi y Rubí, Lecuanda cree en la necesidad de introducir cambios en el virreinato, en especial en el gobierno de su economía. Movido por este interés, escribió la Ydea succinta, al parecer concluida en 1794. En su dedicatoria a Diego Gardoqui, secretario de Estado y del despacho de comercio y hacienda de España e Indias, expresa que el objeto de su texto <<es manifestar la fiel balanza de comercio del Perú y los recursos de engrandecimiento>> (p. 114). El texto fue concebido inicialmente a raíz de un pedido del virrey Francisco Gil Taboada y Lemos. Lecuanda era un hombre experimentado en la escritura de pareceres de carácter económico, pero también ambicioso. Intrigas e intereses políticos le habían bloqueado el acceso al cargo de administrador en propiedad de la Real Aduana en Lima. De allí que emprendiera viaje a España en 1797 con el propósito de gestionar en la corte lo que no sido posible en Lima. El hecho de que dedicara la Ydea succinta a un poderoso en la península, pone de manifiesto su intención de llamar la atención sobre su persona, sus servicios y pretensiones.

La Ydea succinta de Lecuanda pertenece al género de los arbitrios, esto es, de los textos que prescribían recomendaciones, hoy diríamos recetas, dirigidas a la autoridad acerca de la necesidad de introducir cambios en la conducción del gobierno. Arbitrios se escribieron muchos en los siglos coloniales y el de Lecuanda es uno de ellos. Pero quiero destacar su originalidad. Si bien Lecuanda era un entusiasta defensor del libre comercio, no por ello calla sus reparos acerca de los efectos de la introducción de algunas de las reformas borbónicas. Así, por ejemplo, advierte de la necesidad de regular el comercio atlántico. Por ello, como anota Cheesman, Lecuanda ofrece cálculos con los cuales poder cuantificar el consumo local, lo que les permitiría a los comerciantes peninsulares graduar sus envíos de acuerdo con la demanda y la capacidad de pago de los habitantes del virreinato. Él mismo, un oficial de la aduana, cuestiona la existencia de las aduanas interiores, que considera obstáculos a la circulación de mercancías y al desarrollo de la agricultura. El escaso desarrollo de esta última es también una preocupación del autor ilustrado. Propone como uno de los remedios la instrucción del

indio. Le interesa, asimismo, alentar la producción minera; de allí su propuesta de destinar la mano de obra masculina de los obrajes a las minas. Y es partidario de incentivar el comercio de una mayor cantidad de recursos naturales. Por ello, ofrece en su obra un catálogo de ellos y señala sus propiedades.

Una preocupación central en el pensamiento de Lecuanda es el restablecimiento de la prosperidad de Lima. Las causas de su decadencia, señala, serían la actividad comercial del puerto de Arica, que compite con la del Callao; el establecimiento de las intendencias; la fundación de la audiencia del Cusco; la creación del virreinato del Río de la Plata y la abolición de los repartos y corregimientos. La pobreza, advierte Lecuanda, trae consigo el despoblamiento, que, sea dicho de paso, es uno de los temas de la agenda ilustrada.

Lecuanda a lo largo de su texto se ocupa de la condición del indio. Denuncia su maltrato y explotación. Escribe que en los obrajes, <<cárceles disimuladas>>, el indio llega rara vez a salir de ellos, <<allí es víctima de la ajena voluntad y del rigor, sin que los jueces temporales lo remedien, bien porque lo ignoran o disimulan. Al indio le falta, estando encerrado, el aliento para la queja, y considerándose deudor, sabe que ha de continuar arrastrando sus cadenas>> (p. 614). Estas reflexiones no están motivadas por razones humanitarias, sino eminentemente económicas: la mano de obra indígena es esencial para el funcionamiento de la economía colonial. En este caso, como en la necesidad del empleo productivo de la mano de obra de las mujeres, es manifiesto otro tópico de la literatura ilustrada: el de la utilidad pública.

Asimismo, a lo largo de la Ydea succinta, su autor emplea términos tales como ‘patria’, ‘nación’, ‘utilidad’, ‘luces’, ‘ocio’, ‘felicidad’, ‘política’, ‘civilización’.. ¿Cuál era el significado de ellos? ¿Es posible entender el pensamiento de los hombres del siglo XVIII sin atender al lenguaje empleado en sus escritos? Aquí solo formulo estas interrogantes. Este libro de Roxanne Cheesman es una valiosa contribución a la historia colonial, ya que abre nuevas perspectivas de estudio sobre el pensamiento económico en las postrimerías del dominio colonial, al tiempo que invita a analizar con mayor detenimiento y de manera integral la obra de Lecuanda.

Pedro M. Guibovich Pérez


Fuente: Cheesman, Roxanne, 2011. El Perú de Lequanda. Economía y comercio a fines del siglo XVIII. Lima: Instituto de Estudios Peruanos y Fundación M. J. Bustamante de la Fuente, 717 pp., ilust.