Una crónica de Fernando Vivas

Hay una condición sin la cual no se disolvía nada: el archivamiento del proyecto de adelanto de elecciones. ¿Quiénes, por qué y cómo tomaron esa decisión el jueves 26 de setiembre? Con el paso de los días, atando cabos y oyendo fuentes de primera, les presento atisbos de la verdad.

—El apuro táctico—

El lunes 30 de setiembre se cumplía el ultimátum que puso Vizcarra al Congreso para que respondiera a su proyecto de adelanto. Conociendo sus antecedentes drásticos, era predecible que hiciese algo bullanguero.

¿Qué podía hacer, por ejemplo? Indagué en fuentes palaciegas y entre los ‘escenarios barajados’ –es el modismo de la indefinición– estaba presentar una cuestión de confianza (CdC) sobre el proyecto de adelanto. Aunque varios constitucionalistas plantearon objeciones a ese afán, era un arma no descartada. La oposición también barajó que esa podía ser un arma oficialista y eso permite entender por qué la Comisión de Constitución, de clara mayoría y radicalidad opositora, archivara el proyecto y, además, impidiera que su debate se trasladara al pleno.

Rosa Bartra, con quien conversé brevemente, me subrayó que a la comisión no le correspondía derivar su debate a un pleno, sino a la Junta de Portavoces. Bueno, pues, a última hora las bancadas pro adelanto se lo pidieron por escrito a Olaechea, tal como me lo confirma Marisa Glave. No les hicieron caso ni en eso ni en postergar la elección de miembros del TC prevista para el 30 de setiembre. ¡Todos los ‘deadlines’ confluyeron en el lunes más demencial del milenio!

Había pues una consideración táctica para apurarlo todo que me la explicó una fuente cercana a Olaechea: si el debate pasaba al pleno, Del Solar hubiera podido aparecerse intempestivamente y bramar: “Hago CdC por este proyecto de adelanto”. Archivándolo en comisión se conjuraba ese riesgo.

El lunes 30, igual irrumpió en el pleno pero fue por el otro tema ligado al apuro, el del TC. Pero, ojo, si bien el entorno de Vizcarra barajaba más de una CdC; también estaban pendientes de un posible pacto. Más adelante se los cuento.

–¿Y Keiko?–

Rosa Bartra me dice que Keiko Fujimori no participó en la decisión de archivar. Esto es creíble por una razón fundamental: el miércoles 25, cuando se filtraba a la prensa el predictamen que mandaría el adelanto al agujero negro de la historia, la abogada Giulliana Loza se batía en el TC tratando de anular su prisión preventiva. Una fuente cercana a los Fujimori me contó que les cayó muy mal a la familia de Keiko y a Loza enterarse del propósito de archivar. La fuente también me contó que Keiko está renuente a involucrarse en las decisiones últimas del partido y bancada. Su situación penal es una razón más que poderosa para alejarse de los dilemas de FP.

Si no fue Keiko, ¿hubo en los días u horas previas una reunión de bancada donde se debatiera el tema del archivo del proyecto? Era semana de representación y la mayoría naranja estaba en sus regiones. Rosa Bartra evitó responderme si se reunió con fujimoristas que coincidían con su modo de ver las cosas y me aseguró que no estuvo en ninguna reunión formal que acordara algo distinto a lo que finalmente hizo. Cuando le pregunté por los trascendidos sobre el acuerdo que Salvador del Solar venía conversando con Luis Galarreta, los minimizó.

Tendré que contradecir a Bartra. Fuentes fujimoristas y del Gobierno me han contado que las conversaciones estaban más avanzadas de lo que narré hace unos días (“Disueltos pero no revueltos”, 10/10/2019) y que el archivamiento tenía entre sus móviles frustrar este acuerdo. Sí, señores, la línea dura de Fuerza Popular ayudó a abortar lo que la línea moderada, esta vez protagonizada por Galarreta, quería lograr.

—Guerra y desarme—

No fue una, fueron tres reuniones de Del Solar y Galarreta en casa de Luis Iberico, en las que se discutió una alternativa al adelanto. Según mis fuentes, primero conciliaron para que el proyecto no fuera aprobado en un referéndum, sino en dos legislaturas rápidas; para incluir la bicameralidad y se habló de la agenda económica. Sin embargo, Galarreta tropezó con la negativa de Vizcarra para mover la fecha de adelanto a julio del 2020.

En una siguiente reunión, Del Solar dijo que el presidente estaba de acuerdo en acercar las elecciones a fines del 2020 para que la asunción de mando coincidiera con el calendario burocrático del 2021. También se habló –vaya ironía– de una reforma para limitar las cuestiones de confianza y la vacancia al presidente, a modo de desarme de las bombas nucleares de ambos poderes del Estado.

Que Vizcarra estaba al tanto del diálogo me lo ha confirmado una fuente de su entorno. Más de un fujimorista me ha contado que Galarreta socializó lo que conversaba con Del Solar entre sus correligionarios más cercanos. También lo hizo, sin mucho detalle, con Olaechea, quien, si se hacía el pacto, sería uno de los protagonistas. El domingo dio un paso más: convocó a los voceros, los anteriores y los vigentes, para contarles todo. Entre otros, estaban Carlos Tubino, Luz Salgado y Milagros Salazar, quien fue la única que objetó radicalmente la idea de un pacto con quienes se habían insultado tanto.

Olaechea estuvo huidizo al diálogo con Galarreta y se puede presumir que estaba cerca de la línea dura de FP. Galarreta se reunió por última vez con Del Solar, en casa de la madre de este, para finiquitar la forma en que podría anunciarse el acuerdo. Al día siguiente, la portada de “Expreso” decía: “Se cocina una componenda” y exponía el aspecto impopular del acuerdo, la posibilidad de revivir la reelección a través del Senado. Salvador Heresi, en la misma edición, declaraba contra el pacto. El antivizcarrismo de Heresi y la radicalidad de conservadores como Julio Rosas en la bancada de Olaechea coincidieron con el ala dura de FP.

Cuando acabó la sesión del 26 y los fujimoristas celebraban, un congresista no naranja oyó a Luz Salgado decir: “No canten victoria”. Tenía razón. No perdieron la mayoría, ¡perdieron el Congreso! El desenlace confirma la excentricidad de FP: liderazgo de Keiko en suspenso y un ala moderada desairada por un ala dura de conservadores y personalidades con un modo peculiar de entender la democracia interna.

Hacen todo lo que les permita el cargo en el que los pone el grupo, sin que tengan que aprobar las decisiones que empujarán todo al borde del abismo. Bartra, Salazar, Becerril, Cecilia Chacón, Ángel Neyra, entre otros duros, tendrán que confrontarse con Galarreta y los moderados en el próximo capítulo de FP.