Es inocultable la decepción que causaron las cifras de crecimiento económico del año pasado en el país. Con un frente externo relativamente calmo –la excepción quizá fueron los ensayos de guerra comercial entre EE.UU. y China–, que el PBI haya logrado expandirse tan solo 2,2% fue una derrota económica y política para el actual gobierno.Aunque el mea culpa de parte de las autoridades haya sido exiguo, algunas señales en los últimos días apuntan a que la administración está tomando en serio el asunto para este año. Los números de expansión de la inversión pública de enero y febrero son altos: 53% mayores que el mismo período durante el 2019. Los tres niveles de gobierno contribuyeron con la expansión. El miércoles, la titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), María 10Antonieta Alva, advirtió que, en el contexto de las repercusiones económicas que traería el nuevo coronavirus, el Perú tenía espacio fiscal suficiente para acelerar la inversión pública y reducir los impactos de la enfermedad.

Como hemos mencionado en estas páginas, sin embargo, el eje de la reactivación económica pasa menos por un programa adicional de gasto público y más por retomar los esfuerzos para promover la inversión y gasto privado. En esa línea, el gobierno indicó el jueves que estaba haciendo seguimiento a nueve proyectos en Lima por US$496 millones entre este y el próximo año. Se trata de centros comerciales, oficinas y otros proyectos inmobiliarios que serían puestos en marcha con el apoyo coordinado del MEF, los alcaldes distritales y el sector empresarial. La expectativa es que, con el apoyo explícito del Gobierno Central, se reduzca el peso de las trabas burocráticas a nivel municipal que retrasan por años inversiones relevantes en diferentes sectores.

A saber, no es la primera vez que se anuncian nuevos paquetes de inversión pública y seguimientos especiales de inversión privada que, llegado el momento, se quedan cortos en la ejecución. Diagnósticos, planes y promesas de años atrás se empolvan en los anaqueles de los ministerios. Si su ejecución además resulta condicional a la aprobación política –o desaprobación– que traerían, como ha sido en algunas ocasiones recientes, los resultados obtenidos hasta la fecha son esperables.

En cualquier caso, no obstante, es positivo que el gobierno muestre iniciativa y preocupación por el resultado económico del año. A estas alturas, no se trata solo de inversión, empleo e ingresos, sino también de la última oportunidad política que tiene la administración del presidente Martín Vizcarra para dejar un legado económico aceptable. Con una campaña electoral que empezará a calentar hacia la segunda mitad del año, en realidad es poco el tiempo de atención y reflectores que le queda al gobierno para mejorar la imagen de poca competencia que se ha labrado en varios campos.

A finales de marzo el MEF presentará sus estimados oficiales de crecimiento para el 2020. Estos deberían dibujarse sobre una estrategia ambiciosa y a la vez realista de lo que se puede lograr con un contexto internacional difícil, hoy marcado por el virus desatado en China. Immanuel Kant decía que no hay nada que pueda considerarse bueno sin restricción, a no ser tan solo una buena voluntad. En algunos mensajes recientes, el equipo económico del gobierno parece estar cargado de buena voluntad, y en el campo ético ello podrá ser suficiente. Pero para tener políticas públicas efectivas y una herencia política de la cual estar orgulloso se necesita mucho más que eso.