El retroceso económico causado por la pandemia no solo ha sido el más grande en la historia moderna del Perú, sino que ocasionó la pérdida de millones de empleos y la extinción de más de medio millón de empresas formales. En un país “emprendedor” como el Perú, compuesto en más de un 99% por MYPES, la discusión sobre el impacto de la pandemia sobre el tejido empresarial peruano y las alternativas de políticas públicas requiere de especial atención.

Pirámide atomizada

Una de las características que más resalta de la estructura empresarial peruana es su elevada concentración de micro y pequeñas empresas (MYPES). Según el Ministerio de Producción (PRODUCE), de las empresas peruanas, el 96% son microempresas, el 3.4% son pequeñas, el 0.1% son medianas y apenas el 0.4% son grandes.

Es así que las microempresas concentran el 70% de la población ocupada, proporción casi 12 veces superior a la registrada por las empresas medianas (6%). Esta es una barrera para el desarrollo del sector privado, ya que las empresas de mayor tamaño no cuentan con una sólida cadena de proveedores para el abastecimiento de insumos y la subcontratación de servicios con estándares mínimos de calidad.

Asimismo, esta situación evidencia lo poco favorable que es el clima de negocios en el país para el crecimiento de las empresas más pequeñas. La situación responde también al limitado acceso a financiamiento, la complejidad para el cumplimiento de las regulaciones tributarias y laborales, y la poca capacidad para innovar y adoptar nuevas tecnologías.

Baja productividad

La elevada participación de microempresas en el empleo y el tejido empresarial es un fenómeno que se replica en toda Latinoamérica. Lo que refleja parte de los problemas que enfrentan países como Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, para elevar su productividad a niveles similares a los de economías avanzadas. Es así que las microempresas registran niveles de productividad laboral que representan solo el 5.2% de los alcanzados por las grandes empresas.

Impacto desigual

Además, la pandemia causó la desaparición del 25% de las empresas formales en el país, pasando de 2.4 millones en 2019 a 1.8 millones en 2020. Esto se dio a causa de las medidas de confinamiento que llevaron al cierre de millones de empresas en la región afectando la oferta, y la caída en los ingresos de los hogares que, afectó la demanda. El mayor impacto cayó sobre las empresas más pequeñas. Según datos de PRODUCE, cerraron el 25.7% de las microempresas, el 10.3% de las pequeñas, 6.4% de las medianas y el 8.4% de las grandes. En 2020, de las 600 mil empresas peruanas que dejaron de operar, casi el 99% fueron MYPES.

Sectores más afectados

Las regiones con mayor reducción en el número de empresas formales fueron Tumbes y Piura, mientras que las menos afectadas fueron Puno y Amazonas. La emergencia sanitaria significó un retroceso económico nunca antes visto en la historia de nuestro país.

Los sectores más afectados fueron cuya naturaleza de negocio requería de alta interacción social. Como Hoteles y Restaurantes, Comercio y Transporte. Todos vinculados a la actividad turística. También se vio perjudicado el sector manufacturero, puesto que las medidas restrictivas afectaron las ventas locales. Mientras que la contracción de la demanda global afectó las ventas internacionales.

Medidas insuficientes

La respuesta de políticas públicas frente al impacto de la pandemia tuvo dos componentes: el sanitario y el económico. El primero comenzó muy temprano con duras medidas de confinamiento que no evitaron que el Perú sea uno de los países con mayor número de muertes per cápita en el mundo.

Por otro lado, en el segundo se implementó un Plan Económico con un costo estimado de 127 mil millones de soles, equivalentes al 17% del PBI, siendo uno de los paquetes de alivio más agresivos de la región. Sin embargo, esto tampoco evitó que el país se a uno de los países cuya economía se redujo más en 2020.

La pandemia como oportunidad

El lento proceso de digitalización de los últimos años sufrió un abrupto salto con el inicio de la pandemia. Debido a la cuarentena implementada, quedó al descubierto el escaso nivel de uso de la tecnología, principalmente entre las MIPYME.

Para aprovechar el potencial de la apuesta por la digitalización es necesario atacar el problema de la informalidad a través de la reducción de los costos de la formalización, al mismo tiempo que se simplifican los trámites burocráticos, y se promueven programas de desarrollo y financiamiento. Se debe apostar por incrementar la competitividad y productividad de las empresas para incentivar su desarrollo y crecimiento.