Juan Carlos Mas Güivin

 

I. INTRODUCCIÓN 

Es importante señalar que el proceso contra Sócrates se llevó 399 A.C. y que los principales acusadores de Sócrates fueron Melito, Anito y Licón, que representan a los poetas, artistas, políticos y a los oradores, respectivamente, quienes formularon la siguiente acusación: “Sócrates es culpable de tratar de penetrar con curiosidad impía los secretos de la tierra y del cielo, de hacer de una mala una buena causa y de enseñar a otros cosas semejantes”. El filósofo Jenofonte, por su parte, señala que fue condenado a lo que a letra se describe: “Sócrates es culpable de corromper a los jóvenes, de no reconocer a los dioses del Estado y de introducir nuevas divinidades° (JENOFONTE, Apología de Sócrates al jurado, 1993).

Durante el proceso contra Sócrates se desarrolla un hecho jurídicamente relevante: Sócrates, como parte de sus estrategias de defensa, ofrece como testigos a sus propios acusadores (considerando que esta circunstancia en el proceso podría convertirlo en testigos hostiles). Un dato a considerar es que, la hostilidad del testigo no está referida a que se muestre insidioso, deshonesto o malcriado, sino a que la versión que ingresa no se corresponde con la teoría del caso de la parte que lo propuso; y, por lo tanto, favorece a los intereses de la parte contraria. Es justamente lo Sócrates buscaba con ponerlos a los principales acusadores como testigos de acusado, y aplicar sus técnicas de la mayéutica y la ironía como método de evidenciar las contradicciones de los acusadores.

En ese contexto nos preguntamos, ¿la ironía y la mayeútica son técnicas argumentativas en el contrainterrogatorio en juicio oral?. Entendiendo que la naturaleza jurídica del contrainterrogatorio está estipulado en nuestro código procesal penal, nos preguntamos si los operadores jurídicos estamos listos para litigar a partir de las fuentes históricas.

Para comprender esta investigación analizaremos las técnicas de la ironía y mayéutica utilizado por Sócrates en el proceso en su contra en la ciudad de Atenas 399 A.C., comparando sus actuaciones con el contrainterrogatorio perteneciente a nuestro modelo procesal penal.

II. LAS TÉCNICAS SOCRÁTICAS Y SU APORTE AL PROCESO PENAL 

1. La  ironía para desacreditar testigos 

En sus conversaciones filosóficas, al menos tal y como quedaron reflejadas en los Diálogos los diálogos platónicos, Sócrates sigue, en efecto, una serie de pautas precisas que configuran el llamado diálogo socrático. A menudo comienza la conversación alabando la sabiduría de su interlocutor y presentándose a sí mismo como un ignorante. Tal fingimiento es la llamada ironía socrática, que preside la primera parte del diálogo. En ella, Sócrates proponía una cuestión (por ejemplo, ¿qué es la virtud?) y elogiaba la respuesta del interlocutor, pero luego oponía con sucesivas preguntas o contraejemplos en sus reparos a las respuestas recibidas, sumiendo en la confusión a su interlocutor, que acababa reconociendo que no sabía nada sobre la cuestión.

Tal logro era un punto esencial: no puede enseñarse algo a quien ya cree saberlo. El primer paso para llegar a la sabiduría es saber que no se sabe nada; o, dicho de otro modo, tomar conciencia de nuestro desconocimiento. Una vez admitida la propia ignorancia, comenzaba la mayéutica

2. La mayéutica: el método de defensa

Al parecer, y durante buena parte de su vida, Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas, mercados, palestras y gimnasios de Atenas, donde tomaba a jóvenes aristócratas o a gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para sostener largas conversaciones, con frecuencia parecidas a largos interrogatorios. Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza: la mayéutica.

El propio Sócrates comparaba tal método con el oficio de comadrona que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.

La mayéutica propiamente dicha, por medio del diálogo, con nuevas preguntas y razonamientos, Sócrates iba conduciendo a sus interlocutores al descubrimiento (o alumbramiento) de una respuesta precisa a la cuestión planteada, de modo tan sutil que la verdad parecía surgir de su mismo interior, como un descubrimiento propio.

3. Diálogos entre las técnicas socráticas y el contrainterrogatorio

Las técnicas de la ironía y mayéutica fueron aplicadas en proceso contra Sócrates (cuestionando a Meleto) quien era el principal acusador, Sócrates llamo al estrado y a través de preguntas sugeridas y cerradas construyó su propia defensa y evidenció las carencias argumentativas de sus adversarios, al hacer notorio su desconocimiento de la acusación planteada en contra Sócrates.

Es importarte recordar que el estudio de la teoría del caso nos habla de estrategias basadas en la hipótesis que van desarrollando durante la investigación con cada elemento de convicción, sea de cargo o de descargo, filtrando durante la etapa intermedia y sustentándola en el juicio oral, para explicar por qué es que la teoría del caso es válida y cierta, sin olvidar la reglas esenciales que orden que nuestra teoría debe ser sencilla, creíble, lógica y flexible.

En el caso del contrainterrogatorio, a diferencia de interrogatorio que solo busca la información de a través de la declaración del testigo con preguntas abiertas, se busca neutralizar el interrogatorio a través de preguntas sugeridas y cerradas, que buscan impugnar, desacreditar –llámese quitar o sacar– lo dicho por el testigo, pues o fue mentira o quizás un error.

Estos actos genuinamente son los que Sócrates busca cuando confrontó a Meletos:

Sócrates… (…) ¿No es verdad que es de suma importancia para ti el que los jóvenes lleguen a ser lo mejor posible?

Meletos: Ciertamente.

Sócrates…Es pues y de una vez: explica a los jueces, aquí presente, quien es el que lo hace mejor.

Sócrates…Porque es evidente que tú lo sabes ya que dices tratarse de un asunto que te preocupa. Y además, presumes de haber descubierto al hombre que los ha corrompido, que según dices soy yo, haciéndome comparecer ante un tribunal para acusarme, vamos, pues diles de una vez quién es el que los hace mejores. Veo Meletos, que sigues callado y no sabes qué decir, no es esto vergonzoso y una prueba suficiente de que a ti jamás te han inquietado estos problemas.

SócratesPero vamos hombre, dinos de una vez quién los hace mejores o peores.

Meletos: Las leyes.

SócratesPero, si no es eso lo que te pregunto, amigo mío, sino cuál es el hombre, sea quien sea, pues se da por supuesto que las leyes ya se conocen.

Meletos: Ahí sí, Sócrates, ya lo tengo, esos son los jueces.

Sócrates… ¿He oído bien, Meletos? ¿Qué quieres decir? ¿Qué estos hombres son capaces de educar a los jóvenes y hacerlos mejores?

Meletos: Ni más ni menos.

Sócrates…Y ¿Cómo? ¿A todos o unos sí y otros no?

Meletos: Todos sin excepción.

Sócrates… ¡Por Hera!, que te expresas de maravilla, ¡Qué grande es el número de los benefactores, que según tú sirven para este menester…! Y, ¿el público aquí asistente, también hace mejores o peores a nuestros jóvenes?

Meletos: También.

Sócrates… ¿y los miembros del consejo?

Meletos: Esos también.

Sócrates…Veamos, acláreme una cosa ¿Serán entonces, Meletos, los que se reúnen en Asamblea, los asambleístas, los que corrompen a los jóvenes? O, ¿también ellos, en su totalidad lo hacen mejores?

Meletos: Es evidente que sí.

Sócrates…Parece, pues, evidente que todos los atenienses contribuyen a hacer mejores a nuestros jóvenes.

Sócrates…Bueno, todos, menos uno, que soy yo, el único que corrompe a nuestra juventud. ¿Es eso lo que quieres decir?

Meletos: Sin lugar a dudas.

Sócrates…Grave es mi desdicha, si esa es la verdad ¿Crees que sería lo mismo si se tratara de domar caballos y que todo el mundo, menos uno, sería capaz de domesticarlos y que uno solo fuera capaz de echarlos a perder? O, más bien ¿no es todo lo contrario?, ¿que uno solo es capaz de mejorarlo, o muy pocos, y que la mayoría, en cuanto los monta, pronto los envician? Sin duda, estéis de acuerdo, Anitos y tú. ¿Qué buena suerte la de los jóvenes si solo uno pudiera corromperles y el resto ayudarles a ser mejores? Pero la realidad es muy otra. Y se te va demasiado el que jamás te hayan preocupado tales cuestiones y que han motivado el que me hicieras comparecer ante este tribunal (…).

A través de este dialogo podemos analizar que Sócrates intenta desacreditar la teoría de su adversario mediante la utilización de la mayéutica, a través de preguntas sugeridas y reflexivas que realiza contra Meletos, el representante de los poetas (preguntas sugeridas: “no es verdad / porque es evidente que tú lo sabes / pero vamos hombre / Parece, pues, evidente que todos los atenienses contribuyen a hacer mejores a nuestros jóvenes).

Asimismo, Sócrates aplica la técnica de la ironía al exponer el conocimiento del Meletos para poner en evidencia el pobre conocimiento de este (¡Por Hera!, que te expresas de maravilla, ¡Qué grande es el número de los benefactores, que según tú sirven para este menester…! / Grave es mi desdicha, si esa es la verdad ¿Crees que sería lo mismo si se tratara de domar caballos y que todo el mundo, menos uno, sería capaz de domesticarlos y que uno solo fuera capaz de echarlos a perder?). En ese sentido, se puede advertir que en el proceso contra Sócrates ya se utilizaba las técnicas y claves del contrainterrogatorio que hoy aplicamos en los procesos penales desde nuestra teoría del caso.

III. CONSIDERACIONES FINALES

  • El contrainterrogatorio es el punto neurálgico de la etapa de valoración probatoria en juicio oral, porque implica estrategia inmediatas y elaboradas que contribuyan a tu teoría del caso, más si debemos considerar que la aplicación de una correcta técnica en el contrainterrogatorio busca desacreditar o llevar al testigo a un posición de desconocimiento y finalmente invalidar tu testimonio en juicio oral, entonces está acreditado que las técnicas que utilizo Sócrates (la técnica de la ironía y la mayéutica contra Meletos) son las mismas que utilizan en el contrainterrogatorio.
  • Ante la pregunta que nos plateamos al inicio ¿los operadores jurídicos estamos listos para litigar a partir de las fuentes históricas?, la respuesta es SÍ, siempre estamos listos para litigar desde las fuentes del derecho y a partir de ello establecer estrategias de litigio desde los andamiajes jurídicos y estrategias que en camino vamos aprendiendo y es mucho mejor que la historia contribuye a través de los casos emblemáticos a robustecer nuestros conocimientos y preparación académica.
  • Es posible que el análisis solo constituya un dulce aperitivo de las discusiones de fondo sobre el contrainterrogatorio y cuáles serían los límites de la aplicación de estas técnicas en los procesos penales y en qué proceso se podrían evidenciar con mayor nitidez, como aplicar las técnicas en el caso del testigo hostil, del testigo impropio o quizás en el mismo interrogatorio se podría aplicar estas técnicas, como aplicar las técnicas socráticas para presentar evidencia en el contrainterrogatorio,  entre otras acciones probatorias que se llevan a cabo en nuestro sistema jurídico penal.

BIBLIOGRAFÍA

JENOFONTE. (1993). Apología de Sócrates al jurado. Madrid: Gredos.


[*] Juan Carlos Mas Güivin es abogado, maestrante en Derecho Penal y Procesal Penal por la Universidad César Vallejo. Árbitro en Derecho por el Centro de Arbitraje CONCILIUM XXI. Profesor visitante por la Universidad Autónoma de Nuevo León México. Docente de pregrado en la experiencia curricular de Derecho Procesal Penal y Director del Taller Permanente de Derecho y Literatura. ​