Liliane Santos

El alumno tuvo que implementar mejoras a sus productos antes de ser aceptado por su universidad como comerciante. Hoy, cuenta incluso con un aplicativo móvil para la toma de pedidos.

Ángel Altamirano, más conocido en la Universidad de Lima como ‘el chico de los panes’, inició su emprendimiento en el 2016, cuando era cachimbo. “A mi mamá la habían despedido, nos quedamos sin principal sustento económico, no tenía para matricularme el próximo ciclo, así que decidí ponerme a trabajar y ganar dinero. Fue por eso que pensé en vender panes con pollo”, cuenta.

El joven de 23 años contó a Vía Alterna que empezó vendiendo diez panes con pollo a S/ 2.50 cada uno. Los ofrecía por todo el campus e iba a cada salón a repartirlos. No fue fácil. Ángel sabía que debía diferenciarse del resto de estudiantes que vendían el mismo producto para generar un mayor ingreso: “mis panes no eran distintos a los demás, tenían papitas, mayonesa, pollo y el pan era de yema, lo básico”.

Un año después de haber mantenido los mismos ingredientes, decidió reinventar su producto. Llevó el curso de Fundamentos de Marketing, en donde aprendió el valor de crear una marca. Así, en el 2017, nació ‘El chico de los panes’. “Mandé a hacer un logo, lo acompañé con promociones, imágenes atractivas, le di un valor agregado a mis panes, aprendí a diferenciarme, todos esos conceptos que aprendí los apliqué directamente a lo que yo consideraba mi pequeña empresa”, confiesa el joven emprendedor.

La marca fue creciendo y la cantidad de compradores también. Al día, Ángel vendía 240 panes con pollo. “Tenía que ser ‘caleta’, mis ventas aumentaban y eso hacía mucha bulla, tanto que la universidad se dio cuenta y no aceptaron que venda dentro del campus, así que me fui a vender afuera, en la avenida Manuel Olguín, como ambulante”.

Su empatía con los clientes lo llevó a tener éxito afuera. Tanto que, en una hora, llegó a vender 280 panes con pollo en su primer día como ambulante. Así estuvo un año, pero quería formalizar su negocio y vender sus productos dentro de la universidad, por lo que decidió enviar una carta de petición como estudiante.

Esta fue rechazada, pero el joven emprendedor no se dio por vencido y envió una más. La Universidad de Lima no la aceptó y, a raíz de ello — con la ayuda de su compañero Nicolás Morán, estudiante de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de Lima — decidió desarrollar una aplicación móvil para su marca.

“Mandé mi tercera carta a la universidad, diciéndoles que quería formalizar como una idea innovadora, con la app que había implementado para la venta de mis productos. Quise ser reconocido como un servicio delivery dentro de mi casa de estudios, pero me volvieron a rechazar, me dijeron que debía ser totalmente formal y tener mis papeles en regla”, explicó a Vía Alterna.

Antes de enviar la cuarta carta, Ángel recibió el apoyo de André, un alumno de Ingeniería Industrial de su universidad quien, después de llegar a ciertos acuerdos, se volvió su socio. Entre los dos invirtieron 20 mil soles para mejorar el negocio. Con ello se renovó el logo, se compraron carritos de venta que forman parte del ahora stand, sacaron todas las licencias necesarias, innovaron la aplicación móvil, mejoraron los procesos de producción, la salubridad de los productos y compraron mejores implementos. “Con todos estos cambios que hicimos, decidimos enviar la última carta a la universidad, luego de mucho tiempo y esfuerzo, aceptaron nuestra venta dentro del campus”, mencionó.

Ángel Altamirano está convencido del éxito de sus panes con pollo como una marca posicionada entre los estudiantes de la Universidad de Lima. “El chico de los panes es el primer concesionario formal hecho por un mismo alumno. No sé si va a haber otro emprendedor de ese calibre, ojalá lo hubiera, para demostrar qué tan innovadores y emprendedores somos, las universidades deberían considerar más las ideas de sus alumnos”, afirmó.