Preparar este discurso ha sido una de las tareas más gratas de mi labor en la Universidad. No por lo sencilla – que no lo es, dada la importancia de la contribución intelectual del profesor Shane Hunt – , sino por la ocasión de manifestar públicamente mi aprecio y admiración por la persona que hoy honramos. En este sentido, me siento un privilegiado entre todos ustedes y columbro que este privilegio, con el que me ha favorecido don Waldo Mendoza, se debe a mi especialización en la historia economica dentro del Departamento (una disciplina practicada de forma ejemplar por nuestro homenajeado) y porque en el momento vengo fungiendo de editor de un libro del profesor Hunt, del que más adelante hablaré.

El profesor Shane Hunt nació en los años treinta, en los Estados Unidos. No era, sin duda, la época ni el lugar donde un economista habría elegido nacer, porque eran los años duros de la Depresión, a los que sucederían luego los tiempos de sobresaltos de la Segunda Guerra Mundial y, cuando parecía que los tiempos malos habían terminado, aguardaba todavía la guadaña del macartismo con su caza de brujas del pensamiento disidente. Posiblemente para despistar a los espías fue que Shane estudió primero una carrera técnica: la Geología. En el año 1954 obtuvo su primer diploma en la Universidad de Miami en esta especialidad, enrumbándose después a los estudios de Economía, en la Universidad de Yale, donde obtuvo su maestría en 1958 y el doctorado en 1963.

Fue en su alma máter que inició su carrera como investigador y profesor, hasta que en 1966 obtuvo una plaza como profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, donde permaneció hasta 1974. En este año se mudó a la Universidad de Boston, donde trabajó hasta su jubilación como Profesor Emérito veintiún años más tarde. Fueron en total treinta y dos años dedicados a la docencia universitaria, que a muchos de los que estamos aquí nos convendría racionalizar como el trabajo más grato del mundo, pero sabemos que no siempre es realidad tanta belleza. Su reseña como docente no quedaría completa si no añadiese que, en el año 1989, la Universidad del Pacífico tuvo el acierto de contratarlo como profesor durante un semestre y fue por esa misma época que Shane, movido por su cariño a esta Universidad Católica, compartió el dictado de un curso de Historia Económica en la Facultad de Ciencias Sociales, con la recordada profesora Christine Hünefeldt.

Una parte muy importante de la vida académica y personal del profesor Hunt tiene que ver con América Latina. En 1969 desembarcó en el Callao un joven y espigado profesor norteamericano traído por una beca de la Fundación Ford para sumarse al equipo docente del programa de extensión del Banco Central de Reserva del Perú. En ese momento, cuarenta años atrás, no había prácticamente economistas en el Perú y menos quienes pudiesen enseñarla de una manera rigurosa. Hace un par de años, con ocasión del treinta aniversario de la revista Economía, el profesor Hunt recordaba ese mundo sin economistas que era el Perú de inicios del gobierno militar. Ubicado a finales de los años sesenta pudo ser así testigo del nacimiento de los estudios de economía en el Perú y, más que testigo, actor. Ya para 1964 había producido un estudio para el Banco Central de Reserva sobre la agricultura peruana entre 1944 y 1962, que vino a ser su primer trabajo sobre el país. A este le siguieron otros sobre la balanza de pagos, las estadísticas del comercio exterior y el crecimiento económico del Perú, producidos todos ellos en los años sesenta.

En la década siguiente, la prédica tercermundista y la política de nacionalismo económico del gobierno de Velasco Alvarado hicieron volver los ojos de muchos observadores internacionales hacia el Perú. Esta república andina, tradicional y pintoresca, que durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría se había comportado siempre como un chico dócil de las grandes naciones de Occidente, de pronto se volvía chucara y osadamente procedía a expulsar empresas estadounidenses que, como en el caso de la International Petroleum Company, la Cerro de Pasco Corporation o la Grace, tenían más de medio siglo en la vida nacional. El nuevo régimen hablaba, además, de participación plena, de desarrollo autocent rado y revolución. Entre quienes salieron a explicar con mejor información y sensibilidad intelectual y política lo que venía pasando estaba Shane Hunt. Con una serenidad y agudeza que el tiempo deja aquilatar mejor, comunicaba en artículos, producidos entre 1971 y 1975, las nuevas reglas de juego que el gobierno militar ponía en marcha en materia de inversión extranjera y distribución de las ganancias, así como la racionalidad económica y la justificación histórica que las acompañaba.

En los años ochenta, el profesor Hunt continuó envuelto en temas latinoamericanos, visitando en calidad de consultor de organismos, como la Organización de Estados Americanos y el Banco Mundial, los países de Ecuador, Bolivia y Venezuela, sobre cuyas economías realizó diversos informes. Entre los años 1993 y 1995 dirigió un gran proyecto para el análisis de las políticas de desarrollo en el Perú con la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos.

Más recientemente Shane ha sido un actor fundamental en la consolidación del Consorcio de Investigación Económica (rebautizado después como Consorcio de Investigación Económica y Social), creado en el Perú bajo los auspicios del Centro Internacional para la Investigación del Desarrollo (IDRC) hacia finales de los años ochenta. El Consorcio ha sido una pieza importante en la producción de investigación económica en el Perú y en elevar la calidad de sus resultados. Shane Hunt ha sido un gran animador de este proyecto, ya sea realizando labores de arbitraje de los proyectos presentados a los diferentes concursos realizados por la entidad, ya sea evaluando el conjunto de los programas llevados adelante por ella. Más que en las aulas fue mediante esta labor en el Consorcio que podríamos decir que él ha sido un importante formador de los economistas peruanos.

La revista Economía, del Departamento del mismo nombre de esta Universidad, ha sido otra de las empresas beneficiadas por el trabajo del profesor Hunt. En uno de sus primeros números colaboró con la reseña de un libro de Daniel Schydlowsky y en otro publicó su artículo sobre salarios reales en la primera mitad del siglo veinte. Desde hace dos años, Shane forma parte del Consejo Consultivo Internacional de la revista y de su cuerpo de evaluadores.

Reseñada su labor como profesor y como animador de instituciones de investigación y docencia económicas, paso a referirme ahora a su contribución como editor y como autor. Sin duda es uno de los autores más citados en los trabajos que rastrean la evolución en el largo plazo de la economía peruana, pero no es tarea fácil desde el Perú poder consultar sus obras. Si algún reproche podría hacerle este mediodía es el poco empeño que ha puesto en difundir sus textos. Como sabemos, el valor intelectual de una obra y el empeño (o la suerte) de su autor en difundirla tienen asociaciones aveces un tanto extrañas. En el caso de Shane se trata de una correlación francamente invertida, de modo que para dar con sus trabajos hay que bucear como los buscadores de perlas, entre libros colectivos, revistas de corto tiraje y parca distribución, o documentos de trabajo que nunca se ofrecen en librerías y rara vez en bibliotecas. Conseguir hace unos cinco años un ejemplar de Price and Quantum of Peruvian Exports, publicado en 1973 como Documento de Trabajo del Woodrow Wilson Center, y que no existía en las bibliotecas de nuestra Universidad y aparentemente en ninguna del país, exigió a Griselda Rubio comunicarse con su colega de la Universidad de Princeton para poder obtener una copia.

Tres libros lo tienen como autor o coautor: La promoción de las exportaciones no tradicionales en el Perú (con Daniel Schydlowsky y Jaime Mezzera); Latin American Economies: Growth and the Export Sector, 1830-1930 (con el historiador argentino Roberto Cortés Conde), que es quizás el más notable de los tres; y El problema del empleo en el Perú (escrito en solitario). Sus artículos publicados suman varias decenas. Los más accesibles son aquellos que forman parte de libros organizados por prominentes economistas como Gustav Ranis, Luigi Einaudi, Stanley Stein, el ya mencionado Cortés Conde y, entre los peruanos, Alejandro Toledo y Efraín Gonzales de Olarte. Los títulos de algunos de estos artículos pueden darnos una idea de los intereses del profesor Hunt:

«Estimación de los precios y volúmenes de las exportaciones peruanas, 1830-1962»

«Distribución, crecimiento y desempeño del gobierno en el Perú»

«Principales corrientes en la historiografía económica sobre América Latina»

«Una evaluación de la inversión extranjera directa en América Latina»

«La inversión extranjera directa: nuevas reglas para un viejo juego»

«La economía de las haciendas y plantaciones en América Latina

«Evolución de los salarios reales en el Perú, 1900-1940»

«Guano y crecimiento en el Perú del siglo XIX»

«Ahorro e inversión en la economía peruana»

«Perú: la actual situación económica en la perspectiva de largo plazo»

Como se habrá advertido por dichos títulos, los trabajos del profesor Hunt han incidido en un examen del desempeño de la economía peruana en un amplio marco histórico, que de ordinario ha abarcado todo el período independiente. El profesor Hunt no demoró mucho en captar lo que algunos antropólogos han llamado la «densidad histórica» de este país. Difícil entender su especialización primario-exportadora, las características de su mercado laboral, la orientación de la política de sus gobiernos o su estructura fiscal, sin comprender cómo es que se habían formado los rasgos fundamentales de la economía nacional y de sus actores.

En un país con una adecuada división del trabajo intelectual, el economista que advierte esta necesidad recurrirá a los trabajos de los historiadores, pero en los años sesenta o setenta, cuando el profesor Hunt arrancaba sus investigaciones, la historia económica en el Perú apenas si existía. Los libros de Emilio Romero, Carlos Camprubí, Guillermo Lohmann y Manuel Moreyra Paz-Soldán trazaban la cronología básica o reconstruían procesos específicos, como la minería colonial de Huancavelica o la aparición fugaz de los bancos de la era del guano; pero no proveían una interpretación de las decisiones políticas adoptadas ni reconstruían las cifras que pudieran dibujar las tendencias de los procesos más importantes. Las cifras del producto bruto interno estaban disponibles solamente desde 1950 en adelante y las de la recaudación fiscal, el gasto público o el comercio exterior podían encontrarse solo desde el año 1898 en adelante, y simplemente en sus agregados más gruesos. Siendo este país una nación de economía organizada en torno a la exportación, nuestras estadísticas de exportación no profundizaban sino en unos tres cuartos de siglo.

Cualquier investigador sensato se hubiera desalentado y mirado hacia otro país donde la cultura local fuese más sensible hacia los esfuerzos de uno y se pudiese encontrar los materiales necesarios para nuestras elaboraciones. Pero no este hombre. Diose así a la tarea hercúlea de reconstruir por sí mismo las estadísticas básicas que permitiesen descubrir la trayectoria de la economía peruana desde la Independencia. Felizmente encontró algunos colegas, como Pablo Macera y Heraclio Bonilla, que comprendieron el valor de su búsqueda y lo apoyaron en sus indagaciones. Fue así que nacieron los artículos «Price and Quantum of Peruvian Exports, 1830-1962», «Guano y crecimiento en el Perú» y «Evolución de los salarios reales en el Perú, 1900-1940», que cubren un siglo de historia peruana. El solo quería entender la economía peruana, no era historiador ni se había propuesto escribir sobre el pasado, pero las circunstancias lo convirtieron en el Indiana Jones de nuestra historiografía.

Su búsqueda ha sido siempre meticulosa, confrontando las diferentes fuentes y examinando el sentido de lo que se está midiendo, antes de establecer la validez de una cifra. Cuando uno topa con un número dado por el profesor Hunt puede usarlo con entera confianza, me decía hace unos días el colega Jan David Gelles. Confianza que se comprueba cuando se advierte que no solamente economistas sino también historiadores usan las cuentas reconstruidas por Shane Hunt. Elaboradas hace más de treinta años, ellas siguen resistiendo la prueba del tiempo. Con modestia, el profesor Hunt se sorprendía hace poco de que todavía se siguieran usando sus cálculos, que él consideró solo como un primer esfuerzo. ¿Es que no había revisiones, nuevos estimados? Bochornosamente debemos reconocer que no los hay. Es una tarea que intimida, cuando uno ve sus pies de página, aunque sin duda deberá ser acometida por las nuevas generaciones.

Sus trabajos de historia económica permitieron identificar los grandes ciclos de exportación de la economía peruana del período republicano: el ciclo del guano y el salitre; el de la posguerra con Chile, que no tenía un producto bandera como el ciclo anterior, sino muchos productos que se alternaban en el liderazgo; y el de los años cincuenta, cuando hizo su aparición la harina de pescado. «Guano y crecimiento» – traducido prontamente al castellano en la revista HISLA, gracias al interés de Heraclio Bonilla y Christine Hünelfedt – permitió a Shane dilucidar la leyenda del Perú del guano, que Jorge B as adre había bautizado con la frase de «la prosperidad falaz». ¿La prosperidad fue falsa porque era solamente un espejismo o porque fue desperdiciada?

Shane Hunt estableció que el dinero del guano llegó a las manos del Estado en una proporción no desdeñable. El «valor de retorno» de la exportación del guano era alto, a pesar de que apenas se pagaban salarios para su extracción y de que las compras internas eran mínimas, gracias a que, bajo la figura del estanco impuesta por el gobierno, el guano era del Estado, de modo que la mayor parte del precio de venta (no menos de un 60%, señala Shane) volvía al Perú. La prosperidad del gobierno fue entonces real y no una mera ilusión, de modo que el paso siguiente era preguntarse cómo gastó el Estado guanero su riqueza. Recurriendo al método contrafáctico, el profesor Hunt confrontó los presupuestos oficiales de los años iniciales y maduros de la era del guano, asumiendo que la diferencia entre el tipo de gasto entre ambos podía ser achacada al efecto guano. Construyó así uno de los cuadros más citados e ilustrativos de nuestro pasado económico.

Dicho cuadro resume la política de gasto perfectamente regresiva de nuestros gobiernos, ya anticipada en su artículo sobre «Distribución, crecimiento y comportamiento económico del gobierno en el Perú», publicada dentro del libro de Gustav Ranis. La parte menor la recibieron los campesinos indígenas, a quienes el premio del guano fue perdonarles el tributo que pagaban desde tiempos coloniales, lo que podríamos llamar la clase mestiza o emergente recibió el premio de los empleos públicos, mientras que la oligarquía cobró a manos llenas, con buenos títulos o sin ellos. Puesto que el gobierno de la nación estaba en sus manos, o en la de caudillos que gobernaban en su nombre, tal vez el resultado no deba sorprendernos, pero esta vez venía con la objetividad de las cifras y del razonamiento del economista.

El espíritu rentista de la elite económica peruana fue al final la peor herencia de la era del guano y resulta, de acuerdo con Hunt, el daño colateral más pernicioso aunque más difícil de demostrar que dejan tras de sí las economías primario-exportadoras. Salvo los bienes que da la naturaleza, todo es ilusión para dicho espíritu, de modo que el desarrollo económico se reduce a encontrar un comprador para ellos y la competencia entre las personas a una disputa por el acceso a los recursos, que termina siendo más política que económica.

Estudioso del crecimiento económico, Shane Hunt ha sido también el introductor de los modelos de crecimiento basados en las experiencias históricas, como los de Arthur Lewis y Albert Hirschman. La clara diferenciación regional entre costa y sierra, que gruesamente parecía corresponder a las regiones de comercio y autosubsistencia de Lewis, así como el papel prominente de la exportación de materias primas en la configuración del proceso económico peruano, hacían del Perú un escenario propicio para la aplicación de dichos modelos. En ambos la esperanza es que el crecimiento del sector exportador o de comercio termine absorbiendo y dinamizando al sector de subsistencia, unificando en un solo mercado a la población; pero, según observa Hunt, esto es lo que nunca terminó de suceder en ninguna de nuestras bonanzas exportadoras. Cuando mucho, el sector exportador absorbió solo una cuota de trabajadores baratos del sector de subsistencia, mientras que la desilusión entre los pobres de que el resultado fuera solamente ese alimentó las tensiones políticas, sin conducir todavía a una gran reforma redistributiva, salvo en la ocasión del gobierno militar.

Quisiera terminar mi presentación con la buena noticia de que para las nuevas generaciones será más sencillo conocer los trabajos de nuestro homenajeado. Gracias al apoyo del Banco Central de Reserva y a la participación del Instituto de Estudios Peruanos, en el lapso de algunos meses podremos tener reunidos en un solo volumen, en el cada vez más universal idioma castellano, sus artículos sobre el Perú, incluyendo dos referidos al conjunto de América Latina. Se trata de diez artículos, cinco de los cuales han sido traducidos especialmente para esta edición. Entre ellos figurarán un balance actualizado de la historiografía económica en el Perú; la trilogía histórica sobre el cálculo de las exportaciones a lo largo del ciclo 1830-1962, la experiencia de crecimiento durante la era del guano y la evolución de los salarios reales durante la primera mitad del siglo veinte; los dos ensayos sobre el papel de la inversión extranjera directa, antes y después del gobierno militar; los artículos sobre la política fiscal como elemento redistributivo y una revisión de la bonanza exportadora iniciada en los años noventa, a la luz de la experiencia de las bonanzas previas.

El volumen se completará con el trabajo sobre el modelo de haciendas y plantaciones en la historia latinoamericana con un balance sobre los progresos de América Latina frente a América del Norte a lo largo del siglo veinte. El resultado es uno de los mejores libros sobre la historia económica del Perú, desde la Independencia hasta el final del siglo veinte.

Aún no le hemos puesto título, porque creemos en la teoría de que las ideas, como las flores, brotan mejor en el borde del barranco. Así que ya se nos ocurrirá la frase luminosa y certera cuando llegue el momento bendito de entregar el libro a la imprenta.

Reconocer la excelencia del trabajo académico y premiarlo, aunque sea solo ceremonialmente, es una parte importante de la vida universitaria. Me alegro mucho de que esta distinción haya recaído en un profesor con tantos merecimientos y de cuya obra, como dije al inicio y pueden dar fe mis alumnos, soy un admirador obstinado. iFelicitaciones, Shane! y ya conversaremos sobre el título.

Footnote

* Discurso pronunciado el 1 1 de noviembre de 2009, en ocasión del nombramiento de Shane Hunt como Profesor Honorario de la Pontificia Universidad Católica del Peni.