Directora general de la feria Art Lima 2013 y abogada de la Universidad de Lima, Rochi del Castillo también es la directora del magacín De Boca en Boca, que se concentra en el arte, la decoración, la arquitectura y ramas afines; y la gerente de márketing de Tendencias, un espacio de encuentro entre el público y los proveedores de acabados de diseño y arquitectura. Ella asegura que es gracias a su formación en las ciencias políticas que ha podido ponerle orden a todos los proyectos en los que está involucrada.

Estudiaste Derecho, y también tienes pasión por el arte.
Este interés, en buena medida, se debe a mi familia. Además, recordemos el contexto: pertenezco a una generación que creció en la época del terrorismo, en la que no podías visitar una galería o museo, y los viajes de promoción eran prohibidos por los padres. En esa coyuntura, mis recuerdos de experiencias artísticas están relacionados con retratos familiares, piezas prehispánicas o coloniales, y obras que veía en mi casa. Eran tiempos en los que había pocas posibilidades de presenciar muestras de arte contemporáneo.

Uno de los proyectos en los que intervienes y que está vinculado al arte se llama Tendencias.
Es un punto de encuentro entre el público, los proveedores y los importadores de marcas que antes no tenían mucha exposición en el mercado. Por ejemplo, un representante de una marca exclusiva o un súper productor de muebles de Villa El Salvador. Por esta razón, creamos un centro comercial en el que se ubican, por ejemplo, importadores de acabados de arquitectura, diseño y decoración. Para poner en marcha Tendencias, tocamos puertas, cerramos tratos y brindamos a los representantes servicios de atención y de márketing.

Luego tenemos De Boca en Boca, una publicación de distribución gratuita. ¿Cómo se gesta esta iniciativa?
A veces alguien me pregunta: “¿Cómo me contacto con un importador de mármol?”. Ante la necesidad del público por contar con información acerca de los proveedores, nació De Boca en Boca, a fin de cubrir un vacío de datos a través de una publicación de textos de gran nivel, pero fáciles y agradables de leer sobre el mundo del arte, la cultura, la arquitectura, etcétera. Lo que busco es que los lectores se enamoren de este magacín, ya sea por su contenido o por su concepción gráfica.

Asimismo, eres la directora general de Art Lima. ¿En qué se diferencia esta feria de tus otras actividades?
Tendencias y De Boca en Boca surgieron por una iniciativa personal. En cambio, Art Lima —que en este 2013 tuvo su edición inaugural— es un proyecto de carácter comercial que involucra al Perú entero. Se trata de la primera feria internacional de arte del país, que representa a la nación y establece relaciones a un nivel global con curadores, galeristas, agentes, consejeros y gremios artísticos del extranjero. Con Art Lima, el Perú entró a las grandes ligas de las plataformas artísticas, como ya lo han hecho Argentina, Chile, Colombia y diversos países de Europa.

¿Qué carencias en el mercado percibías antes de la aparición de Art Lima?
La feria se crea porque para muchos artistas ya no es suficiente exponer en el medio local cada dos o tres años. Además, si bien varios de ellos se lucen individualmente, lo cierto es que carecen de accesos a una red internacional de contactos o de agentes que se dedican a descubrir talentos y a apostar por la compraventa de sus obras. Por ello surgió Art Lima, para que el arte en el Perú esté en el boca a boca de todo el mundo. En este rubro, los extranjeros solían decir: “Veamos qué pueden ofrecer los peruanos”. Ahora ya vieron de qué somos capaces.

¿Cuánto tiempo y qué etapas se requirieron para darle forma a Art Lima?
La elaboración de su concepto tomó aproximadamente un año, mientras que se necesitaron cerca de dos años para concretar la feria a través del recojo de informaciones, de los viajes al exterior, de las entrevistas a los organizadores de eventos afines, de la comprensión de su know how y de la observación de los backstages. Por otra parte, había que coordinar la logística de producción, márketing y difusión, pues era imprescindible resaltar las cualidades de Lima como una capital con salida al mar, programar Art Lima en una época cálida, vender los encantos de la ciudad para seducir a los invitados, combinar los atractivos contemporáneos con los tradicionales, entre otras tareas.

¿Qué resultados alcanzaron con esta primera edición de Art Lima?
La feria recibió más de 14.000 visitantes, más de 300 artistas de 16 países y 39 galerías. Además, se lograron excelentes ventas. Estamos contentos.

Antes de dedicarte a la gestión del arte, estudiaste Derecho. ¿A qué se debió esta opción?
Vengo de una familia trujillana en la que el Derecho es parte de su vida. Mi abuelo, José Gabriel del Castillo, fue presidente de la Corte Superior de La Libertad y vocal supremo en Lima. Mi padre, también José Gabriel, es un abogado penalista destacado. Y mi hermano, del mismo nombre, siguió esta disciplina al igual que ellos. Mi papá siempre me decía que esta carrera, más allá de su ejercicio, le da conceptos, ideas y una estructura a la vida. Así es que, en medio de una familia que respeta profundamente las ceremonias, las formas, las tradiciones y los valores, escogí estudiar una ciencia con la que me sentía cómoda y que encajara con la educación que recibí en mi casa y en el Colegio Británico.

¿De qué modo tu formación en Derecho te ayuda a cumplir satisfactoriamente tus funciones actuales?
Sobre este punto, debo resaltar que pocas veces me proyecté en ejercer el Derecho en un tribunal. Sabía que existen otros ámbitos en los que se puede poner en práctica esta disciplina, como el campo empresarial. Además, todas las carreras requieren de firmas de contratos y de revisión de esquemas. En ese sentido, creo que gracias al Derecho es que he podido darle un orden a lo que estoy haciendo ahora.

¿También elegiste estudiar en la Universidad de Lima por influencia familiar?
En parte. Tenía de cerca la experiencia de mi hermano mayor, quien seguía Derecho en la de Lima. Por ello, sabía que la educación en ciencias políticas en nuestra alma máter era realmente personalizada. Los alumnos no eran un código. Los profesores —todos ellos de un alto nivel— se relacionaban con los estudiantes de una manera amable, cálida y cercana.