La orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo se fundó en el siglo XII y su regla fue aprobada el año de 1209. Siglos más tarde, fruto del espíritu post-tridentino, surgió la rama reformada de la Orden, establecida en 1562.

Esta reforma se dio, en la búsqueda de vivir con mayor austeridad y perfección espiritual, retomando los valores de pobreza y sencillez de los primeros eremitas del Monte Carmelo. Así, la nueva regla, tan sólo permitía un máximo de 21 monjas de velo negro, frente a los monasterios carmelitas calzados, en los que el número podía superar fácilmente las 200 religiosas.

Desde la fundación del primer monasterio carmelita descalzo y tras la reforma de la regla carmelita por Santa Teresa, florecieron en Europa y América numerosos monasterios teresianos.

Estando la Santa en vida se erigieron, en España, 17 casas de carmelitas reformadas, a parte de otros conventos masculinos. Sin embargo, la estela de la reforma no sólo se restringió al ámbito de su orden, sino que imprimió y renovó, con su ejemplo, la vida monástica femenina en todo el orbe cristiano.

Inspirados en el espíritu renovador de Santa Teresa, se estableció en Lima, a comienzos del siglo XVII, y bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, un colegio y lugar de recogimiento para niñas pobres.

Fue así, como en 1619, previa licencia otorgada por el virrey marqués de Guadalcazar a don Domingo Gómez de Silva y a su esposa, doña Catalina María Doria, natural de Milán, que se fundó, de su peculio, un internado, desde el cual se propagó el carisma carmelita y que años más tarde.

En 1643, viendo Catalina María la posibilidad de convertir dicho recogimiento en monasterio, pasó a ser la sexta fundación de carmelitas descalzas en la América Hispana y la octava erección monástica en la ciudad de Los Reyes.

Tras elevar la demanda al Rey y remitir a las arcas reales los cien mil pesos acordados para emitir el decreto de autorización, se otorgó la licencia de fundación.

Así, una vez concedida la licencia, llegaron a fundar este monasterio de Lima tres monjas carmelitas descalzas del monasterio de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, entonces ciudad conformante del virreinato del Perú.

La fundación se realizó, con la pompa acostumbrada, el 17 de diciembre de 1643, en el mismo lugar donde Catalina María Doria y su esposo erigieron el recogimiento de niñas.

En los treinta años sucesivos, siguiendo el ejemplo impetuoso de Santa Teresa, salieron a fundar del monasterio de Lima para Quito, Chuquisaca, Huamanga y Guatemala; además de fundar un segundo monasterio en Lima, bajo el patronazgo real, intitulado de Santa Ana, y conocido popularmente como Santa Teresa.

Años más tarde, en el siglo XVIII, se fundaría en Lima, bajo la regla de las carmelitas descalzas, el monasterio de la Nazarenas, quienes fueron oficialmente incorporadas en el Carmelo, recién en la década del 70.

Actualmente, en Perú hay 11 monasterios de carmelitas descalzas, y el de Lima, 372 años después de su erección, sigue siendo ocupado por mujeres que consagran su vida en oración, a Dios y a la Iglesia.

Tienen por fecha más importante el 16 de julio, efeméride del día de 1256, en que la Virgen se le apareció en Cambridge, Inglaterra, a San Simón Stock (1165–1265), entonces Prior General de la Orden y le entregó, según la tradición, el escapulario, diciendo: “Toma, hijo querido, este escapulario; será como la divisa de mi confraternidad, y para ti y todos los carmelitas, un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de paz y de concordia”.

Fuente Monasterio de la Orden Carmelitas Descalzas de Lima.