Desde la llegada del coronavirus, los más de 45 000 dentistas del Perú se vieron afectados. Por la cercanía a las cavidades buconasales y oculares, el riesgo de contagio es alto. Ante ello, y la demanda de una serie de requisitos de bioseguridad, muchos odontólogos han tenido que buscar alternativas para generar ingresos.

En Trujillo (región La Libertad), tres dentistas debieron emprender para hacer frente a una realidad adversa.

Marco

“Siempre estuve abierto a vender cualquier cosa”, dice Marco, odontólogo de 26 años, con poco tiempo de haber egresado de la universidad y que vio una oportunidad de negocio en la venta de paltas. Su voz reflejaba cierta inseguridad que fue delatada por el tono y ritmo espaciado con que contaba la peripecia como si reparara en sus palabras, aunque en instantes cayera en cuenta de que sí se trataba de una forma de paliar la realidad.

Optó por emprender aprovechando su relación cercana con una tía dueña de chacras en Virú. A diferencia de su postura inicial, Marco se despabiló e hizo gala de un conocimiento inhabitual al momento de explicar el tipo de palta que expendía por Whatsapp, Facebook e Instagram.

“Estaba todo el día en mi casa. Ya me dolía la cabeza. Así que pensé porque tengo que pagar auto, cochera y otras cosas”, recuerda.

Víctor

Lo mismo ocurre con Víctor (42), odontólogo con más de 16 años de ejercicio profesional, que decidió ofrecer pollos al cilindro con el aplomo y la responsabilidad que demanda la crianza de tres menores de 1, 4 y 10 años, a raíz de la segunda prórroga de la cuarentena comunicada el 8 de abril.

Tras un resuello contenido producto de la preocupación del día a día, sobre todo, por tratarse de un trabajador independiente, sin estabilidad laboral, Víctor relata que vio en la culinaria la posibilidad de afrontar su crisis y la de su familia.

“Al estar imposibilitados de atender y tener tres hijos estábamos en la obligación de trabajar de alguna manera”, narra, a la vez que revela que su esposa, administradora, hoy se dedica a la venta de mascarillas y otros implementos de protección.

Arianne

Arianne, por su parte, otra joven odontóloga y madre de dos niñas de 3 y 7 años, quien comparte la profesión con su esposo, afirma que su empresa de catering formada en 2017 le ha servido de mucho para afrontar la pandemia.

Algo más optimista, pero sensata, reconoce que la coyuntura no ha sido benevolente con ninguna de sus dos actividades predilectas. Sin embargo, poco a poco fue tomando mano de ello para hallar soluciones y respuestas a un público cada vez más temeroso.

“Todos vamos a buscar la manera de sobrevivir con la odontología, en cierta parte, y con algún otro negocio que empecemos a formar”, advierte de cara a un futuro casi incierto para sus colegas.

Otros

Así se fueron develando otros oficios –de emergencia– relacionados con la venta de equipos de protección personal, redes de mercadeo, reventa de unidades dentales y otros accesorios, etc.