El mundo que conocíamos no volverá a ser igual. La pandemia gestó un cambio de paradigma en la forma de diseñar los grandes conglomerados urbanos y, por ello, el concepto de smart cities ha evolucionado al de “ciudades circulares”; cambio de fondo que involucra una visión distinta en torno al futuro.

Así concebido, el diseño contribuirá con soluciones novedosas que permitan poner en el centro del diálogo la circularidad como un concepto que tenga en cuenta todos los recursos consumidos en una ciudad, y así, dirigir la atención hacia su impacto social, económico y medioambiental.

“Es a través del diseño como vamos a hacer un cambio real en la sociedad, pues, a diferencia del arte, éste busca mejorar algo o resolver un problema en específico”, sostiene Joanna Ruiz, directora de What Design Can Do, Capítulo México, junto con Ricardo Lozano, quien agrega que, desde esta disciplina, se pueden entender mejor los problemas y plantear soluciones a partir de la creatividad.

Ambos coinciden en que el énfasis debe ponerse en el espacio público, que es vital para realizar las actividades cotidianas de la población. Éste se verá modificado debido a que la emergencia sanitaria tendrá un impacto en la forma en que la gente se relacionará entre sí y con el entorno.

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Foto: MOMA PRESS

Dicha transformación se realizará de tal forma que “posibilite a las ciudades estar listas para afrontar una emergencia sanitaria, así como evolucionar hacia un modelo más sostenible”, resalta el white paper “Ciudades circulares. Las ciudades del futuro”, elaborado por la firma Enel.

Soluciones creativas

Para realmente mejorar las condiciones de vida de la población, se requiere de un trabajo interdisciplinario donde participe el diseño, pero también profesionales de otras áreas del conocimiento; todas, con el desafío compartido de resolver los asuntos de fondo.

“Como dice Bruce Mau, debemos diseñar no centrados en los usuarios, sino en la vida”, parafrasea Ricardo, para quien ese cambio de paradigma hará posible que se empiecen a impulsar políticas públicas incluyentes y proyectos que atiendan las causas y no las consecuencias de las distintas problemáticas.

Por ejemplo, es necesario entender cómo ocurre el flujo de las personas en las ciudades y, a partir de ahí, generar soluciones que faciliten este movimiento. De esa forma, podrían reducirse los tiempos de desplazamiento, el ruido, la contaminación atmosférica y hasta el consumo energético.

Una manera de lograrlo es conociendo iniciativas similares que se han impulsado en distintas partes del mundo. Por esta razón, eventos como What Design Can Do permiten dar cuenta de ello a través del diálogo con expertos, como Nacho Padilla, director creativo de Barcelona, España. “Ese título [del evento] me encanta”, asegura Joanna. “Si nosotros tuviéramos algo así en la Ciudad de México, otras cosas pasarían”.

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Foto: MOMA PRESS

Sin embargo, para proponer cambios que produzcan un impacto duradero, además de la intervención de especialistas provenientes de distintas disciplinas, una ciudad circular precisa con vehemencia una estrategia compartida entre los grandes actores del cambio en el entorno urbano: autoridades de gobierno, empresas y ciudadanos.

Es un hecho que el diseño trasciende la parte meramente estética. Por ello, se impulsa un cambio en la enseñanza impartida en las instituciones educativas, que incluya diseño sensorial y de experiencias.

Ante una nueva época del mundo, esta fuente de conocimiento se posiciona como una alternativa que impulsa un viraje hacia el concepto de circularidad. Así, antes de crear un producto o solución, se toman en cuenta los desperdicios a generar y cómo impactará su presencia en el medioambiente para, desde esa visión, transformar la sociedad.


Fuente: https://www.forbes.com.mx/forbes-life/ciudades-circulares-la-arquitectura-del-futuro/