En tiempos de crisis e incertidumbre, crear y escalar una empresa es algo más difícil que de costumbre. Sin embargo, no es imposible. En este sentido, técnicas como el bootstrapping permiten levantar un negocio con unos recursos muy limitados, priorizando las áreas de la compañía que más importancia tienen a la hora de arrancar.

La palabra bootstrapping es un término utilizado, por regla general, en el sector de la informática, y hace referencia al sistema de inicio de cualquier ordenador. También se usa para referirse al desarrollo de entornos de programación de lo más complejos que se han desarrollado a partir de otros más simples. En el ámbito de los negocios, el concepto puede extrapolarse para definirlo como la manera de arrancar un proyecto emprendedor solo con los recursos mínimos disponibles.

En este sentido, el bootstrapping presenta varios inconvenientes, como pueden ser la limitación del crecimiento del proyecto ante la falta de inversión; la dificultad que puede surgir para acceder a algunas operaciones sin un colchón financiero; o la dependencia excesiva de las fluctuaciones del mercado que se produce cuando el margen para aguantar es tan estrecho. Sin embargo, las ventajas de esta técnica se muestran en ejemplos de empresas que han conseguido un éxito sobresaliente comenzando con una inversión mínima. Es el caso de Amazon, Airbnb o Cabify.

Por ejemplo, la ausencia de recursos fomenta de forma constante la creatividad del emprendedor, que debe buscar nuevas formas de ser productivos con tan limitados recursos. Además, no implicar a terceras partes como inversores aumenta de forma sensible la independencia del proyecto, así como reduce su endeudamiento. Por otro lado, el bootstrapping puede pasar a formar parte de la cultura interna de la empresa, incluso cuando esta se haya convertido en un modelo de éxito, optimizando los recursos en todas las fases.

Cómo aplicar el bootstrapping en tu compañía

Un flujo de caja rápido. Esta es una de las claves para triunfar aplicando el bootstrapping en tu compañía, definidas por el experto Guy Kawasaki. Acortar los plazos que pasan desde que el cliente recibe el producto o servicio hasta que se cobra permitirá acometer los pagos sin necesitar una línea de crédito u otro tipo de financiación. “Para un bootstrapper, el efectivo no solo es el rey, es la reina y el príncipe también”, reflexiona Kawasaki.

Perfeccionar después de lanzar el producto. Otra de las características del bootstrapping también tiene que ver con acortar plazos, esta vez sobre el propio producto. Según los expertos, debe lanzarse cuando se considere que puede cumplir con su función, aunque aún puedan existir algunos aspectos a mejorar. En este sentido, será el propio feedback del cliente el que defina cuáles son las carencias del producto y las mejoras más urgentes.

Los recursos humanos, en segundo plano. El bootstrapping deja un poco de lado la gestión de los recursos humanos en favor del propio producto. Al contar con unos recursos tan limitados dentro de la compañía, es necesario priorizar en otras áreas más urgentes. Sobre este tema, Kawasaki recomienda apoyarse en profesionales independientes para poder escalar el proyecto, y solo atender a la contratación de personal propio cuando el negocio comience a crecer de forma probada.

Eliminar a los intermediarios. Los intermediarios suelen hacer perder tiempo, dinero y una relación directa con el cliente final muy necesaria en el bootsrapping. Por eso, se recomienda eliminarlos por completo, algo relativamente sencillo en los negocios de carácter digital. Además, pedir la opinión del cliente y premiar su fidelidad es algo imprescindible para conseguir levantar un negocio con los recursos mínimos.