El personalísimo, complejo y contradictorio universo de Balthasar Klossowski de Rola (1908-2001), más conocido como Balthus, uno de los grandes maestros del arte del siglo XX, se halla presente en cada una de las 47 obras que conforman la gran retrospectiva del artista que, desde el 19 de febrero hasta el 26 de mayo, le dedica el Museo Thyssen, organizada junto con la Fundación Beyeler de Basilea, donde se vio antes. La última gran exposición de Balthus en España se celebró en el Museo Reina Sofía en 1996.

Concebido el recorrido de forma cronológica por sus comisarios, Raphaël Bouvier, Michiko Kono y Juan Ángel López Manzanares, la muestra reúne pinturas de todas sus etapas. Entre ellas, obras maestras como «La calle», de 1933, que visita España por vez primera, procedente del MoMA. «Fue la obra que le dio a conocer en todo el mundo. Fascinó a los surrealistas. En ella representa una escena urbana moderna, pero flota en el lienzo una sensación onírica. ¿Sueño o realidad?», explica López-Manzanares. En algunas de sus figuras se advierte ya la devoción que sentía por los primitivos italianos, en especial por Piero della Francesca. Balthus vivió unos años en Italia. Fue director de la Academia de Francia en Roma, Villa Médicis.

«La calle» (1933), de Balthus
«La calle» (1933), de Balthus – MoMA, NUEVA YORK

Frente a las vanguardias (pese a ir siempre a contracorriente, le influyen artistas como Bonnard, Derain o De Chirico), muestra mucho interés por el arte popular y el oriental. También por artistas como Caravaggio, Poussin y Courbet. López-Manzanares advierte en Balthus cierta melancolía:«No casa bien con el mundo moderno y mira al pasado. Comienza siendo un pintor rebelde (una especie de alter ego de Heathcliff en “Cumbres borrascosas”), intenta provocar y escandalizar con sus trabajos, tiene fe en cambiar el mundo, pero a partir de 1953 se aleja de él». «Lo que me sorprende de Balthus es cómo concilia ser un pintor provocativo y polémico, mientras que, si lees sus textos, parece casi un monje. En sus cartas de los años 30 se presenta como alguien rebelde, arrogante, pero permanece alejado de la sociedad, lleva una vida monástica», añade el comisario.

«Las tres hermanas» (1955), de Balthus
«Las tres hermanas» (1955), de Balthus – COLECCIÓN PATRICIA PHELPS DE CISNEROS

Erotismo e inocencia

En una sala dedicada a los retratos de los años 30 destaca «Los hermanos Blanchard», de 1937. Este lienzo fue propiedad de Picasso y hoy se halla en la colección de su museo en París. Su pasión por los gatos se ve reflejada en lienzos como «El rey de los gatos» (1935), donde se autorretrata muy seguro de sí mismo como un dandi, una especie de Lord Byron. En la siguiente sala cuelgan los cuadros más polémicos, los retratos de sus lascivas Lolitas, adolescentes que parecen salidas de «Alicia en el País de las Maravillas», donde Balthus juega con el erotismo y la inocencia. Aparecen recostadas en un sofá o un sillón, ensimismadas, ociosas, soñadoras… En algunos casos las niñas levantan sus faldas, dejando ver su ropa interior (es el caso de «Thérèse» y «Thérèse soñando», ambas del Metropolitan Museum de Nueva York), en otros posan completamente desnudas.

Balthus se defendía de las acusaciones de pedofilia diciendo que para él estas niñas eran ángeles, que andaba en busca de la infancia, de su encanto y sus secretos. El Thyssen no se ha planteado la opción de poner una cartela a la entrada de la muestra advirtiendo que «algunas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador». López-Manzanares explica que su obra ya se ha expuesto en España en otras ocasiones, así como en museos de todo el mundo. Las modelos que posaron para Balthus siempre hablaron bien de él; no tuvo, que se sepa, ninguna demanda por acoso o abuso sexual. Asimismo, considera que es un error intentar comprender una obra de arte de los años 30 según nuestros parámetros morales:«Los museos deben abrir cauces de debate, pero nunca prohibir».

«La partida de naipes» (1948-50), de Balthus
«La partida de naipes» (1948-50), de Balthus – MUSEO THYSSEN, MADRID

Un secreto bajo «La partida de naipes»

Hay algunas ausencias notables, como el maravilloso retrato de su primera esposa, Antoniette de Watterville, a medio vestir, recostada en un diván. Tampoco han prestado, por su excesivo tamaño, «Passage du Commerce-Saint-André». Y la «Lección de guitarra» no hay museo del mundo que se atreva a exhibir. Sí han viajado a Madrid, en cambio, el precioso retrato que hizo a su segunda esposa, la japonesa Setsuko, a la que retrató desnuda en los años 60 en la habitación turca de Villa Médicis. Es un préstamo del Pompidou, al igual que «La toilette de Cathy» (1933). También hay buenos ejemplos de sus paisajes y naturalezas muertas. Está previsto que la condesa Setsuko acuda el lunes a la presentación de la muestra a la prensa y, por la tarde, a la inauguración.

El Museo Thyssen cuenta en su colección con una obra de Balthus (la única del artista en colecciones españolas). Se trata de «La partida de naipes» (1948-1950). La obra ha sido recientemente restaurada. Los análisis han descubierto que la composición original era distinta a la que vemos. Balthus concibió dos figuras femeninas; después cambió una de ellas por un joven. Al final de la exposición se proyecta un vídeo con el resultado de su estudio técnico.