Se conmemora en estas fechas el ciclo litúrgico de la Navidad, que comienza el 25 de diciembre con el Nacimiento y termina el 6 de enero con la Epifanía, como hechos esenciales que enmarcan los episodios de la Adoración de los pastores, la Matanza de Herodes o la Huída a Egipto. Este artículo pretende llamar la atención sobre las creaciones artíticas que son reflejo de esos hechos, pero también del eco popular que ha tenido a lo largo de los siglos el tema de la Navidad, manifestado fundamentalmente en los belenes o pesebres de figuras de madera policromada o de barro cocido.

Si bien las manifestaciones iniciales datan de los inicios de la cristiandad,  en concreto de las catacumbas de  Santa Priscila y San Sebastián, y de los sarcófagos cristianos, la costumbre de la representación del pesebre se debe a la figura de San Francisco, que allá por 1223 colocó en el convento de Greccio la escena del nacimiento con el buey y la mula. Por tanto, a España esta costumbre llegó por influencia de los conventos de franciscanos y clarisas, aunque se tienen noticias, ya en el siglo XIII, de figuras móviles posiblemente utilizadas para representaciones navideñas.

Los  artistas plásticos se han servido para este tipo de representaciones de fuentes diversas como los Evangelios de San Mateo y San Lucas, o los Evangelios Apócrifos, más ricos en información. Asimismo, de las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia, de los Autos de Navidad y los romances y cantos populares. A ellos debemos, por ejemplo, la especial iluminación del pesebre, apreciable en la Adoración de los Pastores (El Greco, Jacopo Bassano o Corrado Giaquinto), todas en el Museo del Prado, o la presencia de las comadronas, en La Adoración del Niño, de Jacques Daret, del Museo Thyssen-Bornemisza, entre otras.

Por otra parte, desde la Edad Media hasta el siglo XVIII la presencia del Belén o Pesebre en la época navideña fue una realidad en los palacios de los reyes y la nobleza, así como en catedrales y recintos conventuales.  El Betlem de Jesús, el más antiguo de España, se encuentra en la Catedral de Palma de Mallorca. Data del siglo XV y muestra paraleismos con los italianos de los siglos XV y XVI. Merece destacar, en tiempos de Felipe II, el Belén de Trapani, del Convento de las Descalzas Reales, que combina coral con plata y bronce dorado. En El Escorial se encuentra el conocido como Belén de la Infanta Isabel Clara Eugenia, obra de Gutiérrez de Torices, fraile mercedario que trabajaba en la segunda mitad del siglo XVII y primeros años del XVIII, con figuras de cera policromada que emulan la porcelana china. Hay que señalar que el Nacimiento, en tiempos de la colonización de América, fue un instrumento poderoso para la evangelización, dato importante a tener en cuenta y que ratifica su presencia en España con anterioridad a la llegada del rey Carlos III.

Las creaciones debidas a artistas se concentran en el período del Barroco, tanto en la corte como en zonas periféricas: Cataluña, Murcia, Portugal… En el ámbito cortesano destacan Luisa Roldan La Roldana, escultora de cámara de Carlos II y Felipe V; su sobrino Pedro Duque Cornejo; José Ginés y José Esteve, también escultores de cámara de Carlos IV. Ambos trabajaron en las sucesivas ampliaciones que hizo este monarca respecto al conocido como el Nacimiento del Príncipe, montado en palacio en tiempos de Carlos III, cuando llegó a España desde Nápoles. Allí, en el Palacio de Capodimonte había cuajado la costumbre anual de su colocación, que generaba una importante actividad artesana en relación con las artes aplicadas. El belén napolitano aportaba  la presencia en la escena de conjuntos de figuras populares que reflejaban de modo sincrónico un acontecimiento remoto, pues ponían en escena el ambiente de la época. Todo ello desde la óptica ilustrada propicia a dar a conocer aquellos aspectos más positivos y agradables de la vida cotidiana procedentes del trabajo, las actividades mercantiles y el ocio de las clases populares. La labor de Esteve fue continuada por Ginés, aunque la mayor parte de las piezas se ha perdido o deteriorado.

Este tipo de belenes o pesebres se acompañaban de arquitecturas neoclásicas, mayoritariamente desaparecidas. Fueron  importantes también la zona de Murcia  y de Cataluña. La primera contaba con talleres importantes de escultura religiosa, como el de Salzillo, autor del importante nacimiento que  custodia el Museo de Murcia cuyas figuras centrales son de talla en madera y las demás de barro cocido policromadas.

Fue en el siglo XIX cuando se extendió la costumbre relativa al belén entre asociaciones de culto y casas de la burguesía. Viajeros y aficionados solicitaban este tipo de figuras a los anticuarios, por lo que proliferaron las copias y los grandes conjuntos se dispersaron y pasaron al comercio de antigüedades y al coleccionismo.

Con todo, hoy podemos contemplar una serie de belenes napolitanos importantes en España. Por ejemplo, del Belén del Príncipe, en el Palacio Real, alrededor de 150 piezas restauradas en 1987,  el Belén del Museo Nacional Colegio San Gregorio, de Valladolid, considerado como uno de los mejores de nuestro país. Asimismo la Fundación March, cuenta en Palma de Mallorca,  con uno de los mejores nacimientos conservados en España, con  más de 800  figuras y cerca de 2.000 piezas diversas. O los belenes del Monasterio de la Encarnación, de José Luis Mayo, o el del Monasterio de las Descalzas Reales, de la Escuela de Olot, ambos del siglo XX.

Y, por último, me gustaría señalar dos exposiciones que hacen una revisión del tema navideño ofreciendo un nuevo planteamiento: Nacimientos del MNAD, una mirada actual, en el Museo Nacional de Artes Decorativas, custodio también de un belén napolitano, y Miradas cruzadas. Adoraciones en las colecciones del Museo Thyssen-Bornemisza.

Por MARÍA VILLALBA SALVADOR