José Vadillo Vila

Cuando los hijos de Manco Cápac y Mama Ocllo, los incas (siglos XIII-XVI), conquistaron los territorios de los huari o wari (siglos VII-XIII), se sorprendieron por esas terrazas escalonadas que no solo eran estéticamente bellas: los andenes, la tecnología que los ayacuchanos habían desarrollado, garantizaban el papeo, la alimentación de la población; ergo, permitían la sostenibilidad de los territorios conquistados.
Entonces, como grandes sintetizadores del universo andino, los incas enviaron a sus “orejones” para que aprendan, adopten y hagan propia la andenería. Cinco siglos más tarde, tiempos de los smartphones, el teletrabajo y el covid-19, esta tecnología agraria precolombina continúa garantizando la alimentación de millones de peruanos.
Andenes inventariados
De acuerdo con un inventario realizado en el 2012 por el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), encontramos andenes en 11 regiones del país: Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Amazonas, Puno, Huancavelica, Tacna, Cusco, Lima, Moquegua y Junín. Suman 340,719 hectáreas. De este universo, más de 259,000 continúan en uso y sirven para el cultivo de papas, quinua y hortalizas, básicamente.
Las regiones con mayor hectareaje de andenería son Cusco (59,300 ha de andenes) y de Lima (55,990 ha). La gran cantidad de estos terraplenes productivos andinos en la sierra capitalina recuerda que fueron territorios conquistados por los ascendientes de los ayacuchanos Huari. O Wari. Y los de la región Cusco, la huella inca donde se toman selfies los turistas de aquí y acullá. Y así, hay andenes en toda la sierra.
 
Metas a futuro
“Lo que buscamos es, para el futuro, recuperar las más de 80 mil hectáreas de andenería restantes”, dice Mirbel Epiquién Rivera, director de Gestión de Recursos Naturales, Riesgo y Cambio Climático.
Ayer se celebró el Día Internacional de los Suelos, y las efemérides son un pretexto para hablar del manejo de suelos que realiza esta dirección perteneciente al Programa de Desarrollo Productivo Agrario Rural (el popular Agro Rural), en las zonas medias y altas de las cuencas hidrográficas del país desde 1981.
En esta labor se han dado “picos” importantes para garantizar la alimentación de millones de peruanos y el trabajo para los hombres de campo. En el 2003, por ejemplo, se trabajaron 52,600 ha de andenes a nivel nacional.
Sin embargo, posteriormente, las intervenciones han sido más modestas, disminuyendo severamente, por cuestiones de recursos y presupuestos. A pesar de ello, Epiquién recuerda que este trabajo silencioso continúan en toda la sierra.
El 2019, Agro Rural recuperó 974 hectáreas entre andenes, terrazas y áreas de riego parcelario. Para este 2020, la meta es un poco menor a las 130 hectáreas, debido a cuestiones presupuestales.
“Pero no dejamos de hacer estas actividades”, enfatiza el funcionario. “La idea de Agro Rural es recuperar los andenes y usarlos. No tanto es la recuperación de un patrimonio en sí, nos interesa mejorar la calidad de vida de la gente que produce los alimentos. Realizamos el trabajo de reconstrucción y ofrecemos asistencia técnica para la producción en estos andenes”, agrega.
Un dato vital: la recuperación de estas terrazas, que se expandieron a lo largo del milenio de la sierra centro a la sierra sur, permiten garantizar la capacidad del suelo. Los waris y los incas las construyeron hace más de 500 años en las zonas medias de las cuencas hidrográficas para evitar la erosión de los suelos y mejorar productividad, aprovechando un clima benigno para la producción de alimentos.
Recuperación integral 
Mirbel Epiquién Rivera explica que cuando se habla de recuperación de suelos se habla de “un trabajo integral”: En algunas cuentas de la región Apurímac, por ejemplo, se ha realizado esta labor, que incluye desde la rehabilitación de andenes hasta las enmiendas orgánicas; es decir, el enriquecimiento del suelo con insumos, pasando por recuperación de terrazas, algunas áreas agropastorales y riego parcelario. “Todas esas intervenciones integrales, hacen que estos suelos se recuperen y se mejora la capacidad productiva para los siguientes años”.
En el Perú existen dos tipos de terrazas. La primera son las “terrazas de formación lenta”, caracterizadas por una pendiente suave por donde discurre el agua, y son más fáciles de construir, con base y un dique, para que el agua desaparezca por erosión. Los andenes, son el segundo tipo, pero utilizan técnicas mucho más sofisticadas: se necesita más fuerza, más gente y mayor tecnología.
¿Y por qué no construimos más andenería en toda nuestra sierra? Epiquién explica que waris e incas utilizaron miles de hombres para construirlas. En la actualidad, se necesitaría de una gran capacidad de maquinaría para transportar esos bloques de piedra. “Hoy en día no se podría. Lo único que hacemos es reconstruirlo”.
Pongamos la recuperación en cifras: reconstruir 15 hectáreas de andenes cuesta al Estado peruano alrededor de 20 mil soles. Se trabaja en ayni, con los comuneros: ellos ponen la mano de obra y Agro Rural apoya esas faenas con los gastos operativos y logísticos, como la compra de herramientas, transportes y otros.
Los andenes son una necesidad para la agricultura y el cuidado de suelos, pero solo algunas regiones con andenería se involucran. “La mayoría, no”, dice con pesar Epiquién.
Praderas altoandinas 
En las zonas altas o cabeceras de cuencas, las labores son distintas y complementarias a las de la andenería. Allá arriba, al lado de las nubes, la conservación de suelos está ligada a la reducción de la erosión de los suelos.
No hay agricultura sino una gran actividad pecuaria. Pero la producción ganados origina un sobrepastoreo, una sobreexplotación del pasto perjudicial para los suelos y repercute en la calidad y cantidad del agua, que utiliza todo el circuito de la cuenca.
Para ello, el programa del Minagri realiza la recuperación de las praderas altoandinas en la sierra central y sur (la sierra norte es más húmeda y no tiene este tipo de problemas de sequías). Con las comunidades se cercan un mínimo de 50 hectáreas con mallas ganaderas, de acuerdo con el protocolo, serán áreas donde no se podrá pastorear.
Esta actividad permite la recuperación de los pastos naturales en un promedio de tres años. El suelo empieza a cubrirse de vegetación; las lluvias se almacenan en el subsuelo y vuelven a crecer los pastos nativos y, por ende, aumenta la productividad de las áreas. Es luego de este periodo de tiempo que se abren las mallas para que sean consumidas, con buen provecho, por los ganados altoandinos.
De esta manera, también, reaparece el agua, baja por las pequeñas quebradas y aumenta el número de ojos de agua o puquios. Con ello, la cuenca tiene una mayor oferta hídrica.
“Cuando cercamos las praderas con las comunidades, también construimos ‘zanjas de infiltración’, canales que cuando llueve comienzan a infiltrar al subsuelo y son vitales para los meses de la época seca. La recuperación de suelos está muy relacionada a la calidad del líquido elemento. Son actividades que no se pueden separar”, recuerda Epiquién.
Visión integral 
El año pasado Agro Rural logró recuperar cerca de 5,795 hectáreas de pastos naturales y para este año se espera una cantidad similar. Tanto la recuperación de las praderas altoandinas como la de los andenes permiten la optimización del uso del agua y recuperación de fuente de aguas para la cuenca baja.
“Se necesita de una visión integral. Si dividimos nuestras intervenciones en agua, suelo y reforestación, no es lo mismo. La naturaleza funciona como un sistema integral; tenemos que trabajar de manera integral para brindar servicio ambientales y socioeconómicos”, opina el director de Gestión de Recursos Naturales, Riesgo y Cambio Climático.
Datos: 
-El Día Mundial del Suelo fue establecido en el 2013 por las Naciones Unidas para divulgar la importancia de la calidad de los suelos.
-Los suelos son un recurso natural finito y no renovable en una escala de tiempo humana. Vitales para la seguridad alimentaria, el buen estado de los ecosistemas y el bienestar de la humanidad.
-La pandemia del coronavirus no ha afectado la mayoría de las actividades que realizan los especialistas de Agro Rural en el cuidado de los suelos pues se trata de actividades que se realizan después de la temporada de lluvias; es decir, a partir de mayo hasta noviembre.
-Se trata de una labor colectiva en la que se involucran activamente a las comunidades.
-Los especialistas en recursos naturales de Agro Rural brindan asistencia técnica tanto a gobiernos locales y regionales, comunidades como a empresa privadas.