Rafael Zavala

Hace un año, cuántos nos propusimos pasar más tiempo con la familia, estudiar algo o iniciar un nuevo hobby para luego dejarlos al primer mes. Y así, año tras año: grandes objetivos, luces de bengala que en poco tiempo terminaron como palitroques quemados.

Muchas veces la vida nos cambia el guion. Un marinero no puede navegar en línea recta para llegar a buen puerto, se tiene que adaptar a la marea y al viento, y lo mismo con la vida. Por eso, quizá más importante que una meta fija es elegir bien el camino, con quién y cómo recorrerlo. La vida es muy corta, no se trata de alcanzar un determinado lugar ni posición ni sueldo, sino de saborear cada momento y disfrutar de cada paisaje del camino.

Antes, cada fin de año me proponía cambiar el mundo; ahora, me basta con cambiarme a mí mismo. Al respecto, en su reciente libro Designing your life, Bill Burnett, director del Programa de Design Thinking de Stanford, aplica esa metodología para resolver el problema más importante de todos: la vida. Comparto mi resumen en cinco pasos.

El primero es autoconocerse. El problema no es tener debilidades, sino ignorarlas porque entonces no se sabrá en qué luchar.

Luego, definir el propósito en la vida y en qué territorios se aplicará. Para identificarlo se debe preguntar qué nos apasiona, para quién lo hacemos y por qué.

El tercer paso es ponerse en tres escenarios: identificar las ideas que tenemos para que nuestra vida sea más feliz; preguntarse qué haríamos si algún aspecto de nuestra vida fuese a desaparecer y preguntarse qué haríamos si el dinero o la imagen no fuesen ningún obstáculo. Luego, juntar nuestras ideas y escoger las diez mejores para posteriormente compartirlas con alguien que las cuestione.

El cuarto paso es crear acciones concretas para aterrizar nuestras ideas o propuestas principales; vale decir, conversar con personas que ya hacen lo que nos gustaría hacer, mirar a otros hacerlo e implementar nuestra idea por algunos días.

El último paso es ponerse objetivos diarios.

Pongámosle sal a la vida, y hagamos cosas diferentes el 2020. Vivir no es pasar 3 horas diarias viendo televisión o en redes sociales, ¿cuántos hobbies, conversaciones, salidas a caminar, lecturas y deportes caben en ese tiempo? Que no nos distraigan los problemas que siempre habrá. No dejemos que la vida pase sin que nos demos cuenta. Mañana en la mañana ya será tarde.