Manuel Mayorga Espichán

El covid-19 plantea enormes retos que debemos sortear rápidamente para avanzar. La educación no está fuera de su alcance y en muy corto tiempo las universidades recurrieron a las TIC y a la educación remota “hasta que todo retorne a la normalidad”. Pero, ¿realmente vamos a regresar a esa normalidad?

Desde la perspectiva de salud pública, es casi imposible que en el corto plazo retornemos a las aulas. El campus es el escenario más propicio para un rebrote del covid-19 por la alta congregación de personas en un mismo lugar.

A diferencia del sector productivo, el servicio educativo puede brindarse a distancia. El reto es aun mayor en las carreras de salud porque parte del aprendizaje ocurre en los establecimientos de salud (EESS). En este entorno los estudiantes pueden transmitir o contraer el virus.

Entonces, ¿está todo perdido y tendremos que suspender por buen tiempo la formación de recursos humanos en salud (RHS), justo ahora que son más necesarios? Desde mi perspectiva, la historia nos está dando el privilegio de hacer una verdadera revolución en formación.

¿Qué podemos hacer?: a) virtualizar el 100% de horas de teoría y el mayor número posible de prácticas en laboratorios con el uso de softwares, videos & podcast tutoriales, simulación clínica virtual, utilizando el contexto covid-19 para la construcción de escenarios; b) reemplazar las prácticas de campo con cursos a distancia: prácticas home office cuando sea posible (psicología organizacional y educativa), tesis, desarrollo de habilidades blandas, seminarios de integración curricular e interprofesional, preparación para el examen nacional, discusión de casos clínicos, reuniones con expertos, teleconsulta y teleeducación. La clave del éxito está en la activa participación del estudiante.

¿Qué deberíamos hacer después? a) liberar los “nudos críticos” de la ley universitaria: límite de 50% en contenidos virtuales, agilizar el proceso de titulación (examen de grado), equiparar el grado de maestro por el título de especialista; b) entender que la formación de RHS es una responsabilidad compartida de las universidades y los prestadores, eliminando las contraprestaciones para la asignación de los campos; c) priorizar la investigación en salud pública, con énfasis en la transformación digital, soluciones de eHealth y telemedicina; d) innovación y transformación curricular, incorporando contenidos de eHealth; e) cuando retornemos a los EESS debemos priorizar los campos sociosanitarios y minimizar las prácticas en los campos clínicos; f) evaluar críticamente la necesidad de acortar la duración de las carreras.

Nada volverá a ser igual luego de esta pandemia y lo peor que podría ocurrir sería regresar a la “normalidad”.

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