«Mi padre era sastre. Le gustaba mucho el arte», cuenta diciendo que, nada más por como vestía, uno se daba cuenta de que era un artista. Su madre tocaba el piano. Y María Carme creció siendo consciente de la importancia del arte en la vida. Ha editado dos libros poéticos, Da Capo al Sentiment y Darrere el teló, y es miembro del Col·lectiu d’Escriptors de Tarragona. Vive entre estos dos mundos artísticos, el de los versos y el de la música. A menudo le invitan a presentar libros recitando y cantando o tocando música. Es licenciada en Filosofía y Ciencias en la Universidad de Barcelona, ha estudiado en el Conservatorio Superior de Música del Liceo en Barcelona y es Doctora en Historia e Historia del Arte en la URV. «La música es mi vida», confiesa, y añade que le encanta la docencia porque es «comunicativa», le gusta «transmitir la experiencia». Su ímpetu e inquietud le han llevado a recorrer varios caminos en el mundo del arte. «Toco muchas teclas», sonríe. Es feliz «poniendo arte en todas partes». Y realmente es polifacética: desde dar clases de guitarra y tocar ella misma diez horas diarias, hasta dirigir un año y medio el coro tarraconense Aleluya, donde ha cantado muchos años. También pasó dos años en el coro Ciutat de Tarragona; hace conciertos, recitales… Es mezzosoprano y realiza conciertos como solista en diferentes teatros y salas de reconocido prestigio. Aparte, ha escrito artículos y crítica musical.

Esta mujer, apasionada por la música, relata sus experiencias con el cariño que vive mientras dedica su vida al arte; un amplio abanico de actividades de las cuales habla ilusionada, con mucha pasión. Está contenta de haber sabido volcar este amor hacia la música en su hijo, que ahora con 19 años estudia en el Conservatorio de Tarragona. Por eso no le resulta difícil transmitir el amor hacia la música en el instituto, desarrollando un programa didáctico con el cual ayuda a los alumnos, con referencias a las artes plásticas. «El arte importa a los alumnos», dice, añadiendo que siempre les dice que se tienen que poner en la piel del músico y del compositor para interpretar mejor. «A veces canto yo o hago tocar a los alumnos algún instrumento», relata encantada de que haya jóvenes que viven el arte. Pero no les presiona. «Les saco la paja y les dejo el grano».

«Yo empecé con la guitarra, porque mis padres no me podían comprar otro instrumento», recuerda refiriéndose a los momentos difíciles que vive el arte actualmente. Cuenta que los alumnos también se pueden ayudar entre ellos dando clases, y pone el ejemplo de su hijo, que lo hace tocando varios instrumentos.

Está a favor de los músicos callejeros, creyendo que las multas no solucionan nada; en vez de ello, considera que sería mejor regular esta actividad, sea concretándolo con algún horario y lugares, o de otra forma. De hecho, cuenta divertida que «de jovencita tocaba en la catedral. Nos lo pasábamos bien con las amigas viendo que impresionábamos a los turistas».

«La música tiene que despertar. Tenemos que ser comprensivos con el arte y respetar al músico», dice recordando a un cantante catalán ya muerto a quien en los últimos años de su vida le dejaban cantar en el metro en Barcelona. Para él aquello era tan importante y bello. Igual que para los espectadores que pasaban casualmente a su lado…

Rossi Vas


Fuente: http://www.diaridetarragona.com/tarragona/88182/tenemos-que-ser-mas-comprensivos-con-el-arte-

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