Isabel Rubio

Notanee Bourassa, un ciudadano de Regina (Canadá), a menudo observa el cielo durante la madrugada para fotografiar auroras boreales. El 25 de julio de 2016 compartió por primera vez la afición con sus dos hijos pequeños. Cuando una delgada cinta púrpura comenzó a brillar, Bourassa tomó fotografías hasta que las partículas de luz desaparecieron 20 minutos después. Tras haber visto auroras boreales durante casi 30 años, sabía que esta no era como las demás.

Steve es una aurora boreal púrpura descubierta por aficionados, tal y como se explica en un estudio publicado en la revista Science Advances. En él, se describe el fenómeno como una “brillante cinta de luz púrpura que corre de este a oeste en el cielo nocturno recientemente observada por científicos ciudadanos”.

Bourassa no fue el único que se quedó asombrado al ver el fenómeno, que dura entre 20 minutos y una hora. De 2015 a 2016, ciudadanos interesados en las auroras registraron más de 30 veces estas luces misteriosas y lo compartieron en varios foros. Esto llevó a los científicos a ejecutar un proyecto llamado Aurorasaurus, financiado por la NASA y por la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF, por sus siglas en inglés). Esta iniciativa rastrea auroras boreales a través de informes y tweets enviados por los usuarios.

Lo que diferencia a Steve de otras auroras es su color y su morfología. “Las auroras se presentan a nivel global en forma ovalada, en las últimas horas del día y se ven principalmente en colores verdes, azules y rojos”, sostiene la NASA en su web. El origen de estos fenómenos se encuentra en las partículas cargadas que viajan con el viento solar. Al chocar contra los átomos y las moléculas atmosféricas, excitan a los electrones que los rodean. Como los electrones tienden a regresar a su estado normal, liberan la energía emitiendo luces de colores. “El oxígeno emite la luz verde, el hidrógeno la azul y el nitrógeno la rosácea”, explica el astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias Miquel Serra.

La cinta púrpura y varias luces verdes de Steve.
La cinta púrpura y varias luces verdes de Steve.Megan Hoffman

Pero los informes ciudadanos muestran que Steve es púrpura y tiene unas luces verdes en forma de vallas. La agencia espacial estadounidense define la aurora como “una línea con un principio y un final”. Serra afirma que para saber a qué se debe el color púrpura hay que ver a qué altura se forma y a qué elementos se está excitando. “Probablemente sea una combinación de oxígeno y nitrógeno”, apunta. Para Elizabeth MacDonald, física del Centro Espacial Goddard de la NASA y coordinadora de Aurosaurus, las auroras y Steve son “diferentes sabores de un helado”. “Ambos son creados en general de la misma manera: las partículas cargadas del Sol interactúan con las líneas del campo magnético de la Tierra”, sostiene.

Pero Steve tiene la particularidad de aparecer en latitudes bajas o en la zona subauroral. Por eso, suele verse en el sur de Canadá. “Gracias a este descubrimiento, los científicos ahora saben que hay procesos químicos desconocidos que tienen lugar en la zona subauroral que pueden conducir a esta emisión de luz”, explica la NASA. Steve, sin embargo, también se presenta en la zona auroral, por lo que existe una conexión química o física entre ambas regiones que aún ha de desentrañarse.

Los investigadores han respetado el nombre que los aficionados le dieron este fenómeno, pero han propuesto que Steve sea un acrónimo: Strong Thermal Emission Velocity Enhancement, que podría traducirse como “fuerte aumento de la velocidad de emisión térmica”. “Estoy convencido de que estos fenómenos se han dado siempre, pero la hemos descubierto ahora porque hay más gente observando y más posibilidades de dar a conocer lo que se ve”, sostiene Serra.


LEAVE A REPLY