No hay amor entre las plantas
solo sentimientos de soledad
como cuando el sol las acaricia
y ellas sacan sus mejores sonrisas

No hay amor entre los dioses
solo compañerismo en un intento de humanidad
como aquellos días de la creación
en que cada uno creo una raza humana

No hay amor en el aire
cuando respiramos cada sentimiento
que nos lleva a humores azules
en los que luchamos con la conciencia

Cada amanecer
Cada anochecer

Terminando convertidos en una lluvia sin sentido

Solo queda el amor de nuestros corazones
que a pesar de estas líneas de división
puede superar espacios siderales
desde las más lejanas tierras del mundo
hasta la mesa de noche
escondiéndose en el reloj
minutos antes que despiertes


José Carlos Botto Cayo

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