En su monólogo, Hamlet se cuestiona, ante la disyuntiva de ser o no ser, si es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y, oponiéndose a ella, encontrar el fin.

Edwin Aldana

Secretario Técnico de la Comisión de Protección al Consumidor N° 2 del Indecopi

Como funcionario de la administración pública siempre me preguntan si vale la pena reclamar por un producto o servicio por el cual se ha pagado y no se está conforme. Quizá se piensa que el valor del bien o servicio no compensa la inversión de recursos para obtener la satisfacción de los intereses, o para qué reclamar si no harán caso, o sencillamente no hay tiempo.

Parafraseando la famosa cita bíblica: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta” (Mateo 7:7), si no estoy satisfecho con lo que recibo por lo que he pagado, por qué no pedir que se solucione esta incomodidad, por qué aceptar sufrir los golpes y flechas de la injusta fortuna, como decía Hamlet. Tengo derechos y debo hacerlos valer.

Sopesar la inversión de tiempo y dinero para reclamar y recibir lo que espero contra los resultados que podría obtener es un punto importante por considerar. Por eso, contamos con herramientas que agilizan la solución a los problemas que día a día podemos tener como consumidores. Una de estas, en constante evolución, es la que nos otorga el Libro de Reclamaciones. Es el arma para oponernos a la indeseada adversidad.

El Libro de Reclamaciones nos permite dejar evidencia en el lugar de los hechos sobre la inconformidad por el bien o servicio recibido, genera la gran oportunidad de plasmar en ese momento qué ha generado mi malestar –aunque lo pueda hacer también de manera posterior, pero muchas veces la oportunidad es gravitante– y obtener una respuesta o explicación de parte del proveedor sobre el porqué de los hechos.

Así que, estimado consumidor, no sufra los golpes ni reciba flechas de la injusta fortuna, tome su Libro de Reclamaciones y opóngase a aquello que le afecta en su compra, y usted, proveedor, aproveche esta oportunidad para darle una solución a su cliente, la ley le da esa posibilidad.


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