El Museo Thyssen reúne dibujos, maquetas y fotografías de 52 proyectos.

El Museo Thyssen acoge la primera gran retrospectiva dedicada a Rafael Moneo, premio Pritzker en 1996. Moneo fue el responsable de la primera remodelación del museo  también de la ampliación del Museo del Prado. Pero no sólo eso. Edificios que forman parte del paisaje urbano de Madrid, Palma de Mallorca, San Sebastián, Logroño o Pamplona son creaciones suyas, lo que lo convierten en un arquitecto familiar.

La exposición, de marcado carácter técnico, reúne 121 dibujos, 19 maquetas y 152 fotografías de 52 de sus proyectos, algunos tan simbólicos como el Kursaal, la renovación de la estación de Atocha o el hospital materno infantil del Gregorio Marañón, también conocido como la maternidad de O’Donnell.

A través de su mirada, el recorrido de la muestra propone un paseo por la historia de la arquitectura con espacios dedicados a las tendencias organicistas y estructuralistas de los años 50 y 60, por los discursos italianos sobre la ciudad de los años 60 y 70 y por la contribución a la disciplina de los arquitectos de la costa este americana en los años 70 y 80. A estas fases se suma la creación de lo que el Thyssen llama el ‘star system global’ en los 90.

Así como para el artista plástico el dibujo representa una herramienta fundamental en el proceso creativo, también lo es en el trabajo del arquitecto, como así demuestra la cantidad de apuntes expuestos. “Ofrecen una buena muestra del papel que el dibujo ha tenido en la práctica profesional de los arquitectos en estos últimos 55 años”, cuenta el propio Moneo en el catálogo de la exposición.

“El arquitecto español más influyente de las últimas décadas”, según Francisco González de Canales, comisario de la muestra, cree que en arquitectura “las obras hablan por sí mismas y la experiencia de un edificio no es equivalente a la contemplación de dibujos, maquetas, fotografías o incluso fragmentos a tamaño natural del mismo”.

Hasta 1968, este arquitecto navarro que celebra precisamente este año su 80 cumpleaños, desarrolló su carrera en la funcionalista Escuela de Madrid. Fue durante la década de los 60 cuando participó en el concurso para la Ópera de Madrid y cuando diseñó la ampliación de la icónica plaza de toros de Pamplona.

La historia de la arquitectura – siempre defendió la teoría frente a la construcción– y las soluciones aportadas por sus predecesores y sus contemporáneos son dos cuestiones que se manifiestan en su obra a partir de los años 70, cuando diseña el Ayuntamiento de Logroño, en el que destaca su libertad compositiva a partir de fragmentos de arquitecturas ya ensayadas.

Su estancia en Estados Unidos permitió a Moneo liberarse de los prejuicios heredados del academicismo del que procedía. Fue así como durante la década de los 80 acometió dos proyectos de envergadura: la ampliación del Banco de España y el diseño del Museo Nacional de Arte Romano en Mérida, donde alcanzó “sus cotas más altas de complejidad formal”, según explica el Thyssen.

Sus edificios optan por escalas más contundentes hasta 1990 coincidiendo con su residencia en Massachusetts, donde se puso al frente del departamento de Arquitectura de Harvard. De esa época datan la renovación de Atocha, el Kursaal o la Fundación Joan y Pilar Miró en Palma de Mallorca.

Entre sus proyectos internacionales de los 90 destacan el Museo de Arte Moderno y Arquitectura de Estocolmo, el Museo de Bellas Artes Audrey Jones Beck o la catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles.

Al Pritzker que recibió en 1996 se han sumado desde entonces otros reconocimientos como el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012. En el siglo XXI continúa diseñando edificios como el LISE para la Universidad de Harvard o el edificio de Laboratorios de la Universidad de Columbia. La exposición concluye con uno de sus proyecto todavía inconcluso, las bodegas de los descendientes de J. Palacios en Villafranca del Bierzo.


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