Hasta que se trasladó a París en 1949 a la edad de 24 años, Fernando de Szyszlo nunca había visto un Rembrandt o un Van Gogh. “Fue un shock descubrir el mundo moderno”, dice. Pero al crecer en Lima, de Szyszlo –hijo de un geógrafo polaco y sobrino de un escritor peruano– se maravilló de la riqueza de textiles y cerámica precolombina del Perú, “el único arte original que estaba a nuestro alcance”.

En París, él descubrió el cubismo, el surrealismo (“me identificaba con los textos surrealistas, no las pinturas”) y la abstracción. De Szyszlo forjó amistades con otros artistas latinoamericanos, incluyendo Rufino Tamayo de México y Jesús Soto de Venezuela (quien más o menos inventó el arte cinético), y escritores como Octavio Paz. Algunos de sus amigos se quedaron en la capital francesa. Pero de Szyszlo regresó a Lima.

Los latinoamericanos “eran los parientes pobres [de arte], aceptados en el banquete, pero solo en una mesa auxiliar. Si quería cambiar eso tenía que estar aquí”, dijo el artista desde su casa modernista de concreto en un tranquilo barrio de Lima, que contiene su estudio y está construida alrededor de un patio lleno de palmeras y sus esculturas.

(Texto: Gestión)


 

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